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Entro en el dormitorio tras una ducha fresca y sacudo la cabeza al ver a Minho tumbado boca arriba en medio de la cama, vestido sólo con un bóxer blanco ajustado y dejando clara la expresión que no le hace gracia que salga. Me siento delante del espejo de cuerpo entero y empiezo a secarme el pelo. Nos hemos pasado todo el día trasladando la montaña de ropa y accesorios al piso de arriba.

Ahora tengo mi propio lado en el inmenso armario vestidor, y también tenía a un hombre muy feliz, hasta que he empezado a prepararme para mi noche de fiesta con Felix. El buen humor no le ha durado mucho, pero Lisa y Jisoo van a salir con nosotros también, y tengo muchas cosas que contarle a Felix, así que estoy deseando que llegue la hora, y Minho va a tener que aprender a compartirme.

Termino de secarme el pelo y oigo un montón de resoplidos y bufidos provenientes de la cama. Se está comportando como un niño, así que no hago caso y me dirijo al cuarto de baño para peinarme y aplicarme un poco de base al rostro. Cuando me estoy aplicando gel al pelo y peinándolo dándole un poco de volumen salvaje a mis mechones, entra como si tal cosa y se tumba sobre el diván dejando escapar un dramático suspiro. Reclina con descaro su cuerpo definido y cruza los brazos por detrás de la cabeza, lo que acentúa todavía más los magníficos músculos de su cuerpo. Intento hacer como que no está, pero ver cómo se pasea con un bóxer blanco ajustado es algo difícil de ignorar. Lo está haciendo a propósito.

Salgo corriendo del baño para ponerme un bóxer y vestirme. Eso podría llevarme un tiempo, sobre todo bajo la mirada crítica de Minho, pero todavía no he llegado a mi recién asignado cajón de la ropa interior cuando me agarra y me tira sobre la cama, quitándome la toalla de la cintura. Debería haberlo imaginado; va a placarme para marcarme y no me dejará salir hasta que su esencia esté por todo mi cuerpo. Ya ha hecho esto antes. Me pone de rodillas con las piernas separadas y me agarra de la cintura.

—No te vas a correr —gruñe. Acerca los dedos a mi entrada y empieza a moverlos para prepararme.

La repentina invasión me obliga a hundir la cara en la ropa de cama para amortiguar el grito. Va a dejarme al borde del orgasmo otra vez, lo sé.

—Esto es para mi propio beneficio, no para el tuyo —asegura entre dientes.

Empieza a trazar círculos alrededor de mi entrada y yo gimo de desolación contra la cama. Esto es una auténtica tortura. Sabe perfectamente lo que se hace. Mi cuerpo entero se tensa ante su tacto.

—Relájate, Jisung. No quiero hacerte daño. —Me mete los dedos y, por acto reflejo, mis músculos se tensan para evitar su invasión.

Lanzo un grito

—¡Relájate! —gruñe, y yo espero que mi cuerpo lo obedezca, pero no lo hace. Se resiste ante el hecho inevitable de que Minho parará antes de que estalle. No quiero salir esta noche con una presión insoportable entre las piernas. Quiero estar saciado y relajado, y él puede hacer que lo esté. 

Me quejo.

—Maldita sea, Hannie—dice con exasperación—. Deja de resistirte.

—Vas a dejarme a medias, ¿verdad? No vas a dejar que acabe —jadeo, desesperado.

—Eso pretendo, bebé. —Me da una palmada en el trasero—. ¡Relájate!

—¡No puedo! —Una oleada de dolor se extiende por mi cuerpo a causa del rápido manotazo. Él grita de frustración ante mi inconformidad y acerca la mano a mi pene masturbándome y masajeando el glande con los dedos.

—¡Ahhhhh!

Me relajo al instante. El tacto de su mano hace estallar todos mis sentidos y me obliga a echarme hacia adelante. Me ahogo en una oleada de inmenso placer y empiezo a acercarme a un intenso clímax a toda velocidad. Minho continua masturbándome a un ritmo lento pero fuerte, sé que lo hace a propósito por eso intento retener su mano, pero lo aparta antes que pueda hacer algo.

ManiacDonde viven las historias. Descúbrelo ahora