⋆。˚ ✦ 🐉 ✦ ˚。⋆༻──── 𝐏𝐔𝐑𝐄 𝐁𝐋𝐎𝐎𝐃
Visenya Targaryen era lo que todo hombre quería; hermosa, fuerte, valiente e inteligente. Tenía un carácter muy especial, pero por esa razón llamaba totalmente la atención de Daemon Targaryen, quien apesar de...
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Derrepente, un cuervo negro aterrizó en una ventana abierta, interrumpiendo la tensa atmósfera. Aly, la hermana menor, se estremeció al ver al ave negra y sintió un escalofrío recorrer su espalda. Sus premoniciones no habían sido en vano; algo terrible había sucedido. Ese día la sangre había caído sobre los rojos marcando el comienzo de los sucesos siguientes. El cuervo llevaba un mensaje escrito en tinta roja. Megara, la mayor de las hermanas, se adelantó y tomó la carta temblorosa en sus manos. Al leerla en silencio, su expresión se tornó sombría y compartió las noticias con los demás presentes. El segundo Relish había muerto por una deuda la cual fue cobrada en contra de la princesa bastarda.
— Lo siento— Susurro la menor de los hermanos hacia Reid quien no comprendió las palabras en ese momento, hasta que Megara leyó la carta.
— Azriel Relish fue asesinado, el dorado se ha encontrado con el rojo y pide justicia— informó Megara con voz entrecortada, Daemon de inmediato se levantó. Su rostro se endureció y su mandíbula se apretó con fuerza.
— Tu madre no puede saberlo— murmuró, arrugando el papel en su mano — no ahora. Sin embargo, Jaskier, un leal sirviente y confidente de la princesa, había escuchado la noticia. Guardar silencio hasta que el parto terminara sería una tarea difícil, especialmente considerando la reacción que Visenya tendría al enterarse. Jaskier estaba atrapado en un dilema moral: cumplir con su deber de mantener el secreto o informar a la princesa sobre la tragedia que acababa de ocurrir. Mientras tanto, en la habitación contigua, la situación empeoraba. Una de las parteras ingresó al salón principal, con las manos ensangrentadas y un rostro pálido. Sus ojos transmitían el miedo y la angustia que albergaba su corazón.
—Mi príncipe, la princesa no está bien —anunció la partera, limpiándose las manos con un paño manchado de rojo—. El parto se ha complicado.
Las palabras resonaron en el aire, y Daemon sintió cómo su corazón se aceleraba aún más. Sin pensar en las formalidades, sin importarle romper las reglas, se precipitó hacia la habitación donde Visenya luchaba contra el dolor.
Cuando entró en la habitación, fue abrumado por una sensación de déjà vu. Por un momento, vio a su difunta cuñada, Aemma, y la imagen lo hizo estremecer. Sin embargo, la voz débil de Visenya lo llamó de vuelta a la realidad.