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Aemond solía sobrevolar el bosque en la isla de Rocadragón, le gustaba, Megara se lo había enseñado

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Aemond solía sobrevolar el bosque en la isla de Rocadragón, le gustaba, Megara se lo había enseñado. Sabía el aprecio que la platinada le tenía al bosque, era su lugar sagrado.

Volaba bastante bajo, le gustaba que la brisa y la copa de los árboles le hicieran cosquillas a Vermitor. A cierta distancia, veía a Megara correr hacia el bosque, parecía angelada, su cabello se movía con el viento y su vestido era sostenido por sus manos para facilitar el rápido avance. Al principio sonrió creyendo que estaba escapando luego de hacer alguna travesura, pero a medida que se acercaba, notaba su rostro lleno de lágrimas y un cuchillo en la mano. La llamó por su nombre a gritos, pero no logró oírlo, se adentró en la espesura verde.

No dudo un solo segundo en hacer descender a Vermitor para adentrarse en el bosque, siguiendo el camino de la joven.

Cuando pudo dar con ella, se aterró ante lo que vio. Se encontraba frente a un gran árbol, lleno de velas derretidas y un humo espeso en el aire que parecía ocultar alguna figura negra que no alcanzaba a distinguir. Corrió tan rápido como pudo, por miedo a que tal persona le hiciera daño, pero al llegar a ella no vio a nadie más que la joven, con el rostro sangrante.

—¡Megara! — Gritó lanzándose al suelo junto a ella. La acercó a él, notando como la sangre brotaba de su herida; los recuerdos de la noche que él perdió su ojo vinieron a su mente. Aterrado por lo que pudiera sucederle, la cargó en brazos y corrió tan rápido como sus piernas le permitieron, debía llegar al castillo.

Aemond nunca había sentido miedo pero ahora tenía ese horrible sentimiento, miedo genuino de perder a Megara.

—¿Qué mierda? — Exclamó Maekar al verlo, con rapidez fue hacia él para saber que estaba sucediendo con su hermana. Visenya fue llamada por Rowan, quien enseguida salió en auxilio de su hija.

—¡Daemon! — El hombre fue hacia donde había escuchado la voz de su esposa, la tranquilidad desapareció de su cuerpo al ver a su pequeña sangrando. De inmediato se la quitó de los brazos para llevarla hacia su habitación. Los maestres acudieron de inmediato para poder atender a la princesa guerrera.

𝐏𝐔𝐑𝐄 𝐁𝐋𝐎𝐎𝐃 ⋆ 𝐃𝐀𝐄𝐌𝐎𝐍 𝐓𝐀𝐑𝐆𝐀𝐑𝐘𝐄𝐍Donde viven las historias. Descúbrelo ahora