Me acurruqué en la cama esa friolenta noche dos días después de haber escapado de las garras de Seung. El recuerdo todavía me estremecía el cuerpo. Esa voz profunda y malvada. Sus órdenes..., vivo o muerto... Esa frase tan simple me acompañaba a cada lugar. Lo escuchaba a él, susurrándomelo contra el oído. Me aterraba además la realidad de cuán estúpido fui al escoger marido. Por supuesto, nadie podría nunca advertir que Seunghyun se convertiría en el diablo, pero definitivamente debí ver más allá de su apuesto rostro.
Por haber sido descuidado durante un largo período de cortejo es que me encontraba en la más atemorizante situación. Estaba siendo perseguido por mi propio esposo quien me quería asesinar por haber elegido un bando diferente en esa guerra estúpida. Había llegado al departamento de Chanyeol en un desesperado intento por sobrevivir. El lugar era agradable, aunque no dejaba de sentirme como un intruso. Finalmente, no tenía muchas opciones de a dónde ir. Tampoco lo pensé mucho cuando pedí ayuda.
A pesar de que me hubiese gustado hablar con Chanyeol antes, no pude hacerlo. Jongin me dijo que por una pelea lo llevaron a una celda de aislamiento y saldría hoy. Al parecer, mi cuñado encontró como único entretenimiento en ese frío lugar el usar a sus compañeros como pera de boxeo. Lo merecieran o no, me aprensionaba la posibilidad de que él terminara terriblemente herido. Esa idea, efímera, me estrujaba el corazón y me dejaba sin aliento.
Yo quería asegurarme que estaba bien, secretamente, y también hablarle de lo que había conseguido. Por eso esperaba con mi teléfono en la mano que contestara mi videollamada.
—¿Pastelito?
—Hola, Chanyeol —saludé y exhalé un suspiro sin querer. Él lucía algo desaliñado, pero muy apuesto. Su cabello revuelto y un leve rastro de incipiente barba. Lo que veía detrás de él, muy a duras penas dada la escaza luz, era una pared descuidada, algunos hierros que presumí eran de la cama, y garabatos sobre el concreto. Él era lo más atractivo de esa vista. Bueno, lo era de cualquier vista.
—¡Gott*! Mira lo que te hizo ese imbécil —jadeó y yo noté entonces que no había cubierto mis viejas heridas. El moretón en mi mejilla era pequeño, pero todavía visible—. Lo mataré cuando lo vea.
—No digas eso. Ya pasó; no duele.
Él chasqueó la lengua, no convencido con mi argumento.
En realidad, sí, yo tampoco quería dejarlo así. Aunque estuviera mal, ¡quería venganza! Quería que se arrepintiera de haberme tocado, de haberme usado...
—¿Cómo has estado? Espero que mi departamento sea de tu agrado.
—Es acogedor —mencioné y me acomodé sobre su cama.
—Espera, ¿estás en mi recámara? —cuestionó con una sonrisa amplia y risueña.
—Pues, sí...
¿Acaso había más recámaras?
—Cariño, hay una habitación de huéspedes. ¿Jongin no te lo dijo?
No, ¡carajo, claro que no lo hizo!, aunque francamente tampoco pregunté. Solo asumí que podía quedarme en su cuarto (y que era el único), tal que no esperé indicaciones de Jongin y en cuanto llegamos me metí a bañarme y luego caí dormido sobre sus sábanas. El aroma de su colonia flotando en la habitación me ayudó a dormir porque lo sentí conmigo, como si estuviera estrechándome entre sus brazos sobre la cama.
Ahora, sabiendo que probablemente estaba siendo un atrevido, me avergonzó mucho mi actuar. Quise esconderme, pero solo conseguiría cubrirme más en sus sábanas con olor a madera.
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SIN SALIDA (Chanbaek)
Fiksi PenggemarChanyeol es cuñado de Baekhyun, y su amor prohibido. Y Baekhyun es el sueño húmedo de Chanyeol. Pero entre ellos se interpuso Park Seunghyun y una traición que empujó a Chanyeol a la cárcel por un crimen que no cometió. Baekhyun se propuso ponerlo...
