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ARCO DEL INOCENTE CULPABLE
El Fin de una casi guerra civil

No querría comenzar una guerra civil, menos cuando la hoz entre hechiceros aún era vigente en el mundo pero ese sacrificio injustificado era simplemente innecesario

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No querría comenzar una guerra civil, menos cuando la hoz entre hechiceros aún era vigente en el mundo pero ese sacrificio injustificado era simplemente innecesario. Jamás debió juntar con sus problemas a la gente que ama, debió de prevenir que esto nunca acabaría bien. Solo en un cuento de hadas. Quería dormir, le dolía todo su cuerpo pero tenía tanta energía. Los dos bandos estuvieron tranquilos después de la muerte de Kenzo, dios, tanto le molestaba eso.

La luz de la luna traspasaba a su habitación, haciéndole ver que aún vivía y viviría. En esos momentos de miseria, para ella la luna brillaba tanto como el sol lo hacía que la obligó a abrir los ojos.

Unos golpes a su ventana empezó a escuchar de repente, mezclados con susurros de una persona que ya bien conocía y no estaba de humor para lidiar con. Igualmente lo dejó pasar, no sabía porque odín embargo eso era lo que sus instintos le decían que tenía que hacer. Si algo aprendió estos veintiún años fue que, al hablar sus instintos ella debía callar.

—¿Qué quieres?

—Venir a verte, enserio quiero contarte la verdad de todo esto. Lo juro que será por un bien mayor y no sufrirá daños, solo entrégame a Itadori.

—Dejémos lo de Itadori, ¿Realmente tuvisteis que hacer eso?—dijo.—Empecé a pensar que podía confiar en ti.

Él se quedó callado, bajo la atenta mirada de ella. Hacia tiempo que dejó de confiar en la gente, solo dos personas eran las excepciones. Tenía cuidado hasta enfrente de ellos, nunca se sabía pero jamás confió en Satoru completamente. No solo por su antigua rivalidad o por cualquier cosa que hiciera que le pusiera de los nervios. En el tiempo que bajó la guardia fue al perder a todo familiar que tuviera y él la cuidó en ese tiempo. Solo en ese entonces fue vulnerable a él.

—Déjalo, pasado es pasado. No cometeré el mismo error una vez más.

—¿Qué error? Tenemos algo único.—tomó sus manos y las acercó a él.—Seiko, confía en tus instintos y no en tus demonios.

—Mis demonios me acogieron todos estos años, no tú.

—Espera un momento.—hizo una pausa.—Yo fui quien vino aquí a consolarte, a ayudarte en tus momentos de lamentos por haber tú misma terminado contigo tu familia. No quienes llamas demonios pero te puedo ayudar ahora, solo dame a Itadori y todo se solucionará.

—Satoru, ¿cuántas veces deberé de repetirlo? Sobre mi cadaver lo entregaré.

—Seiko, yo te ayudaré con todo pero suelta ya a Itadori. Te ayudaré a olvidar todo...—le susurró en su oído.

—Satoru...

—Tú tranquila, todo se solucionará a su debido tiempo.

Lo único que sabía que al cabo de unas horas estaban ellos dos desnudos en su cama, no recordaba como pasó esto. Solo que pasó y ahí se quedó, aunque no le mintió porque sí que le hizo olvidar todo realmente. No se sintió bien, con las cosas que estaban pasando. Con la inestabilidad que estaba sufriendo actualmente el mundo de hechicería, se estaba regocijando por dentro. ¿Coger con su enemigo al cual rechazó incontable de veces en su propia habitación? Dios, algo que su ego definitivamente no hubiese permitido si hubiera sido el líder en esto.

—¿Estás despierta aún Seiko?

—Si, no he podido dormir.—dijo ella.—Tengo una sensación de que algo malo va a pasar esta noche, creo que son solo cosas mías.

—Tienes que relajarte más, especialmente en estos momentos.

—No puedo.

—Te has relajado esta noche, olvidado de todas tus penas y eso de vez en cuando siempre viene bien aunque seas tú.—la miró.—Eres igual de hermosa que me imaginé.

—¿Imaginarme? No digas que pensaste en mi desnuda.—rió ella.—Serás idiota.

Le dio un golpe y se levantó de la cama. Cogiendo la camisa de él, abrochándose algunos botones y luego estirándose un poco. Sabía que él la estaba mirando fijamente cada cosa, cada paso que daba, imaginándose lo que sea que se le ocurriera a su sucia mente realmente. No le importaba lo que hiciera, aunque sí disfrutaba de jugar con la gente así. Y con él más porque era su primera vez con él. Caminaba lento, notaba como sus piernas temblaban a veces con la brisa del viento que entraba por su ventanal.

—¿A dónde vas Seiko?

—Voy a darme una ducha, y no puedes ducharte conmigo. Ya has hecho bastante.

—No me hagas sufrir de esta manera.

—Eso es lo que me divierte.—dijo ella antes de cerrar la puerta que daba al baño.

|•••|

No pudo conciliar el sueño, no desde hace días. Estaba vivo pero no viviendo como dios mandaba, había gente que había muerto por su culpa y la que se estaba partiendo la espalda para que su esperanza de vida fuera más larga aunque no eterna.

¿Cuántas horas, minutos habían pasado desde que estaba mirando el techo? Desde que se dio cuenta de que la vida en realidad no valía tanto cuando era a costa del sufrimiento de otros que nunca quiso. En el final, no entendía porqué las cosas pasaban porque pasaban. Agradecía mucho a las persona que estuvieron a su lado en todo momento y no dudaron de él, como Seiko o Kenzo con el poco tiempo que lo conoció. Tal vez Gojo pero no lo sabía, solo que le estaba haciendo un gran favor porque no iba a vivir cuando la de otros estaba en riesgo. Preferiría morir.

Se levantó de su habitación y se fue, salió a la entrada del Templo. Mirándolo como si fuera una Tierra lejana, como su hogar desde hace años. El único lugar en el que sintió protegido.

Había mucho viento que golpeaba contra él, pero eso ya no importaba. El coche de color negro impoluto ya lo estaba esperando en la entrada, se acercó a él y abrió la puerta. Antes de entrar, suspiró y contempló por última vez ese lugar.

—Muchas gracias Juzoku sensei, es mi turno de resolver este asunto.—hizo una pausa.— A usted también Gojo sensei.

— A usted también Gojo sensei

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𝐈𝐍𝐒𝐀𝐍𝐄 ✅Donde viven las historias. Descúbrelo ahora