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Clan Zenin

Se habían dado cuenta de su presencia, aquellos que una vez vio estaban en lo más bajo de la pirámide de poder ya estaban escalando cada uno poco a poco y haciendo un nombre de ellos

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Se habían dado cuenta de su presencia, aquellos que una vez vio estaban en lo más bajo de la pirámide de poder ya estaban escalando cada uno poco a poco y haciendo un nombre de ellos. Parecían francamente sorprendidos de verla, bajo estas circunstancias estas cosas eran diferentes. La última vez que se vieron fue en el juicio que terminó bastante mal de lo que cabe, esa pelea entre ella y Satoru se llevó la vida de tres hechiceros de segundo grado, a uno de primer grado (Kenzo) y a Itadori. Pocos si le decías a ella que fue la que terminó y empezó el incidente Juzoku que ahora contaban a la nueva generación.

—Nobara, Megumi, veo que aún seguís.

—Después de lo que pasó con Itadori, entrenamos mucho más.—comentó Nobara.—Lo sentimos mucho lo que pasó.

—Las disculpas no son necesarias, no fue vuestra culpa.

—Si que fue mi culpa, Sukuna trató de matarme y lo que pasó después simplemente fue muy rápido. Debí de decirle algo a Gojo sensei, sino tal vez Itadori hubiera estado entre nosotros ahora y usted no se habría ido.

—Megumi, no digas que has estado pensando eso desde que pasó.—la culpa con la que cargaba ese niño, no sabía cómo Gojo no se daba cuenta o era un tonto.— No te culpes, nunca fue culpa ni tuya ni la de Nobara ni de ninguno que no fuéramos Gojo o yo. Nosotros ya teníamos asuntos sin resolver desde hacía tiempo.

Se despidió de sus antiguos alumnos tras esa pequeña conversación, veía como se habían unido a más. Era divertido ver como eran mejores amigos sin sentir nada el uno por el otro, se preguntaba si ella y él hubieran podido ser así de algunas manera sabes.

Entró a uno de las edificios del campus de la escuela de jujutsu, gran espacio y como esperaba el director que nunca se retiró seguía ahí cosiendo peluches. Esa era su técnica maldita, colores vibrantes con ese hombre no le pegan. Estaba en silencio, concentrado en terminar uno de esos osos de lana. Una costumbre suya era que no hablaba con absolutamente nadie hasta terminar lo que fuera que estuviera haciendo. Especialmente una de sus obras maestras.

—Es de color rojo, inusual que lo uses.

—Ciertamente es apropiado para este día ya que tú no sueles andar por aquí.

—Así es, solo vengo a darle un visita para decirle que yo y Yuta hemos llegado sanamente. Se que te encanta que venga a verte, me soportas más que a Satoru.

—Eso es verdad, pero me alegra verte.

—A ti también, le diré a Yuta que pase por aquí cuando tenga tiempo.—dijo ella.—¿Como han ido las cosas con Suguru?

—Bien, será transferido de Kioto hasta aquí y después será llevado al Templo.—habló.—Es de tu tipo, de los que te gustan.

—Me imagino si las sacerdotisas de Hanemori no han podido con él.—hizo una broma ella.—Hasta luego.

—Si, hasta luego.

La estaba esperando como dijo en su vehículo antes de venir, era un buen hombre que poca gente comprendía aunque eso no le quitaba lo machista y misógino que era. Su actitud hacia las personas en general era mala, en especial con las mujeres ya que solía pensar que solo cumplían con la función de amas de casa y ya está. Eso cambió con una sola excepción, Seiko, ella lo cambió ya sea para bien o mal.

—Tu casa es igual a cómo la recordaba.—comentó al entrar.—También lúgubre.

—Cómo la tuya, no te digo, ¿no?

—No te equivocas tampoco.

La acompañó hacia la habitación para invitados, habían vistas al patio interior que en efecto era bastante hermoso de vista. Lo único en realidad en esta casa de hombres, él le pidio a una de sus sirvientes que les prepararán un té y algunos aperitivos. Si sabía para qué la había traído, quería luchar contra ella y hoy se dio el momento.

—Muchas gracias.

—Tus favoritos.—refiriéndose a los dangos tricolores.—Me he acordado.

—No me esperaba menos de ti Naoya, eres el líder del Clan Zenin no por nada.—dijo.— Los tres logramos ser líderes de nuestros clanes aunque unos de una forma más bonita que otra.

— El Clan Kami no corrió tanta suerte.

—Qué pena, dime Naoya, ¿has ablandado ese corazón de hielo tuyo?

El Clan Zenin es conocido por ser parte junto con el Clan Gojo y el Clan Juzoku ahora de los Tres Grandes Clanes de la historia de toda la hechicería. Anteriormente el Clan Kumo también formaba pero a raíz de recientes eventos, los cabezas de los otros tres Clanes (Seiko, Satoru y Naoya) decidieron echarlos del grupo. Ya que ya no tenían ni el mismo poder ni influencia en el mundo de los chamanes que antes, no cumplían los requisitos o estándares del grupo de élite.

El hombre conocido por odiar mujeres básicamente, había aflojado sus creencias y siendo un poco más permisivo. Tan permisivo que dejó su yo del pasado en donde pertenecía y creó una nueva personalidad que conservaba la esencia pero era él.

—He oído lo que le pasó a tu sobrina Maki, con tu padre y por eso lo derrocaste. Nunca imaginé que defendieras a la mujer que odiaste hasta con tu alma un día sabes.

—La gente cambia, como tú lo hiciste.—cambió de tema.— Tu antiguo yo no hubiera dudado en hacer desaparecer a Satoru o cualquier que se interpusiera en su camino de un objetivo. Tampoco era capaz de sentir emociones, ni digamos el amor.

—Cállate idiota, si quieres tener esta conversación trae Sake pero del bueno.

Era obvio que lo que comenzó como intención de una reunión entre viejos amigos terminó con dos lideres de dos importantes borrachos y ambos semidesnudos en el suelo mientras el alcohol les empezaba a hacer efecto, ¿cuándo perdió la conexión con él? Ella se sentía realmente bien cuando él estaba al rededor, no conocía el porqué.

Lo miró a su lado también tumbado después de tener un concurso de quién podía aguantar tomando alcohol y como los dos eran dos personas que detestaban perder, nunca aceptaron la derrota y cayeron dormidos en el suelo de aquella habitación.

Lo miró a su lado también tumbado después de tener un concurso de quién podía aguantar tomando alcohol y como los dos eran dos personas que detestaban perder, nunca aceptaron la derrota y cayeron dormidos en el suelo de aquella habitación

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