❝ La joven líder del magnífico clan Juzoku, Seiko Juzoku, quién ha visto todos los horrores de la humanidad y era la que cargaba con ellos estos días.Tenía tan solo 15 años cuando ese incidente que ocurrió acabó con la vida de su familia y casi de l...
ARCO DEL INOCENTE CULPABLE Este es mi adiós, volveré
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Cuando terminó de ducharse y cuidarse un poco, se miró al espejo. Su cuerpo sin una cicatriz visible, excepto una en su espalda que fue causada durante la batalla entre ella y su padre. Graciosamente, él siempre dijo que terminaría con el joven heredero y hechicero del Clan Gojo. En la antigüedad, su clan y el mío hubieron muchas alianzas que fueron un éxito. Aunque luego se dio cuenta que era una mala influencia, o eso era lo que le solía decir. Tomó la camisa blanca y se la puso otra vez como su única pieza de ropa a parte de su lencería.
Salió del baño un poco desconcertada sin motivo, lo vio a lo lejos en el balcón apoyado en la barandilla de piedra que había. Caminó hasta él, poniéndose a su lado. Vio como un coche negro de aspecto dudoso irse a toda prisa.
—¿Qué fue eso?
—¿De qué hablas Seiko? Tu mente ya está jugando contigo.—dijo cambiando el tema de conversación.—Te estás volviendo loca.
—No, no, no yo vi un coche irse.
—Tranquilízate Seiko, tranquila porque no ha pasado nada. Todo está bien, es solo tu ansiedad que acaba de entrar sabes.
—¿Dónde está Itadori? Satoru...no digas que solo viniste para distraerme, todo lo de antes era una ¡maldita mentira!—dijo furiosa, sentía como la rabia se acumulaba poco a poco pero rápidamente.— Eres un idiota, esto...esto no te lo perdonaré nunca. Ni aunque me vengas llorando de rodillas me volverás a ver.
—Eso no es así, te lo has tomado todo mal. Déjame explicártelo.
—¿El que? Que has dado a Itadori como a un cerdo que lo van a llevar a matar, es tío después de todo lo que te conté. Y que fue la última vez que confiaré en ti porque pensé que eras buenas persona pero hoy, esta noche me has demostrado lo contrario.
—Seiko, no digas eso,no...
—Puedes dormir esta noche aquí, mañana de iras en cuanto salga el sol.
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A la mañana siguiente, como le ordenó ya no estaba en su habitación. Y también la muerte de aquel niño fue inminente, sus últimas palabras fueron estas: "Muchas gracias Seiko, fuiste como una hermana para mí". Consiguió aceptar su muerte por el momento, aunque nadie le avisó de su fallecimiento porque era más que evidente además de que ella colapsó en el suelo. Tenían un vínculo mucho más profundo del cual alguien imaginaría, sus sangres eran unas, y sus almas también. No le gustaría quedarse aquí mucho más tiempo, decidió aceptar la opción que se ofreció de ser una hechicera en el extranjero. Ya que en Japón era la gran sede de hechiceros en el mundo realmente.
—Ya me he decidido, lo siento por dejarte con toda esta carga Rin.—dijo ella.—Gracias por todo, si vez a Kiro dile hola de mi parte.
—¿Te irás para siempre?
—No lo sé, no tengo ninguna razón para quedarme aquí en estos momentos. Solo recuerdos dolorosos y traiciones que nunca podría olvidar sabes, tú te sabes mover por mi casa. Solo no toques su altar y estará bien, asegúrate de que mis chicos estén bien y...
—No te preocupes, yo me encargaré.
—Bueno, no sabes cuánto te lo agradezco pero tengo que hacer una última despedida y visita antes de irme. Nos vemos.
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Las hojas de los arboles caían al suelo, dando paso a la época de otoño. Curiosamente también como si supieran que una larga batalla que parecieron años había llegado a su fin, y como uno de los pájaros volaría de su nido a explorar el mundo. No había mucha gente, ya que el lugar estaba frente a un cementerio lleno de tumbas de hechiceros que murieron en el pasado. Algunos de ellos muy prolíficos. La mujer de cabellos rojos estaba parada frente a las tumbas de su familia, de los que una vez vivieron en su lugar. La de su padre era la que más destacaba para ella, no sabía el porqué. Solo que sí. Trajo algunas flores para cada uno de ellos, iba a irse pero no los abandonaría a ellos.
—¿Qué cojones haces aquí?—se dio la vuelta para verlo a él.—Vete.
—Me han dicho que te vas a ir por un tiempo indefinido, has estado todo el día despidiéndote de todos y reviviendo las memorias.—dijo.—Necesito hablar contigo.
—No hay nada de lo que hablar, porque no existes para mí.
—Seiko, no me digas eso...somos amigos.
—Los amigos no se aprovechan de otro mientras están en su punto más débil además de traicionar la confianza que tanto le costó construir.
Dijo para callarlo, era la última persona que quería ver en estos momentos.
Se sentía como una tonta pensando que pudo confiar en él, dentro de ella siempre quiso encontrar una razón por más pequeña que fuese para poder confiar en él porque no podía negar el indudable cariño que le cogió a ese hombre. Desde amigos a mejores amigo hasta amores, no sabía cómo todo se fue así de rápido. Se conocían desde pequeños, tuvieron una conexión al instante por lo similares que eran ellos dos. Ambos eran monstruosamente poderosos, tenían técnicas y habilidades que ningún otro hechicero vio en su vida.
—No hace falta que digas nada, lo sé todo pero igualmente duele, ¿sabes?
—Seiko, no necesitas irte. Este es tu hogar.
—No lo es, lo que necesito es un descanso de todo el mundo.—dijo ella medio sonriendo.—No te quedes esperándome, he visto en cómo Utahime te mira. Pobre chica, sus ojos que se iluminan al verte. Deberías darle una oportunidad chico.
—Bien sabes que no puedo hacerle eso, ilusionarla.
—Se te da muy bien.
Se acercó a él y le dio un abrazo, un largo abrazo que él aceptó y estuvieron así por un rato.El uno junto al otro, unidos, disfrutando de su propia compañía en silencio mientras imaginaban que eran los únicos que estaban en ese lugar. Pero las almas de miles de muertos presenciaban ese amor que estaba muy asustado, de tener que entregar todo a una persona que era humana. Sus hermanos y padre estaban ahí también, los vio sonreír y ella lo hizo también.
—Prometo que no será ni ultimo adiós, nos veremos de nuevo algún día.
—Esperaré hasta ese día ansiosamente.
—Adiós Satoru...
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