Capítulo 32:

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—¡Todos, favor de guardar silencio inmediatamente! —gritó Aron fuertemente para callar a la multitud —. ¡Se les pidió mantener la calma, no me hagan gritar nuevamente!

Marily asintió hacia Aron, quien era el padre de Adam, para agradecer lo que acabada de hacer.

—Entiendo que se sientan angustiados, que sientan preocupación, pero por favor, lo que diremos ya se ha discutido antes, esto no es nada improvisado o algo de imprevisto —confesó Ailyn. Dar un poco de seguridad al pueblo era lo primordial, por lo que decir un poco de verdad no haría nada de mal a la situación —. Espero que dejen que la Señorita Marily siga comentándole sobre el tema.

La gente por muy poca que sea, sintieron un poco se seguridad ante las palabras de Ailyn. Saber que por lo menos ya la situación se había discutido de ante mano, los tranquilizaban un poco.

A pesar de eso, nada seguía impidiendo que sintieran preocupación.

—La amenaza que nos acecha se trata de un grupo de bandidos que andan saqueando y destruyendo los pueblos. Lamentablemente, un pueblo casi vecino nuestro, cayó completamente ante sus fechorías. Actualmente tenemos a una sola sobreviviente de ese dicho pueblo que nos acompaña en este momento —dijo Marily mientras señalaba de buena manera a Sara. Sara solo respondió con un saludo inclinándose un poco hacia la gente—. Ella, junto a su hija, lograron escapar a salvo y llegar aquí hace unos días para avisarnos.

La multitud empezó a observar a Sara, algunos con rostros tristes, otros con rostros sintiendo pena y pocos con rostro de miedo. Tenían miedo de pasar por una situación similar a la de ella.

—Estoy segura que se preguntarán porque razón no se vió por ningún lugar durante estos días. Bueno, la razón era porque tenía miedo de que hubiera un infiltrado en el pueblo y pudiera reconocerla, y aunque no llegara a reconocerla, aún así podría alertar a los otros bandidos sobre un cambio en la población y eso podría acelerar los planes de esos dichos bandidos saqueadores —comento Marily dando a entender la situación en la que se había encontrado Sara al llegar al pueblo—. Pero, antes de que se alarmen y empiecen a desconfiar el uno del otro, comprobamos de forma segura y con un método muy meticuloso que no había ningún infiltrado en nuestro pueblo, así que no hay necesidad de desconfiar de nadie y sentir más intranquilidad de la que tienen.

La gente sin duda ya estaban empezando a pensar mal de sus compañeros.

Tener un traidor entre ellos era sinónimo de auto destrucción y un final desastroso para ellos mismos. Un traidor infiltrado podría drenar información interna del pueblo y hacerle las cosas más fáciles a los bandidos que querían atacarlos.

Nada cambiaba igual si no había traidor. La gente ya se sentía muy intranquila y muy angustiada por la situación. Un pueblo ya había caído ante sus saqueos, nada quitaba que otros pueblos también hayan caído ante ellos.

¿Que los hacia diferentes de otros pueblos? Todos vivían y pasaban por la misma situación. Ningún pueblo que se encontraba en las líneas de la frontera de un condado mantenía el apoyo del conde, de ningún vizconde o incluso de un simple varón.

Esos gobiernos simplemente los dejaban abandonados a su suerte. No daban apoyo, no brindaban atención y tampoco daban ningúna pizca de seguridad de forma hipócrita para aparentar un buen servicio a sus ampliar tierras.

Pensar en todo eso, y que la supuesta amenaza de los bandidos los acechara, detonó toda inconformidad que sentían en su interior.

—¡cómo puede decir que nos mantengamos tranquilos, señora! ¡Nuestro pueblo no tiene ningún tipo de apoyo del gobierno, estamos igual de condenados como los otros pueblos!

La Unión De Los ReinosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora