Capítulo 38:

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El grito alertó inmediatamente a Albert, quien se encontraba dandole una fuerte patada a Sorco en el abdomen. Sorco por la repentina patada retrocedió unos cuantos pasos mientras intentaba recuperar algo del aliento perdido.

Albert giró su cabeza en dirección a Susan y buscando cerca de ella, pudo divisar a un Light que estaba ayudando a levantar a Adam quien se había caído del susto.

El primer pensamiento que se le cruzó por la mente a Albert fue, si Light estaba allí ¿dónde estaba su mujer?

Después de procesarlo, se acordó del refugio y que lo más probable es que ella estuviera segura junto a Sara y su hija. Ahora la cuestión estaba en ¿por que demonios estaba su hijo en una batalla como esta donde todo podría ocurrir en un mínimo descuido?

Sin pensarlo dos veces, Albert ignoró a Sorco y decidió correr hacia Light. Sorco como era de esperarse, no pasó por desapercibido la acción de su contrincante y fue directo a bloquearlo.

Albert al ver cómo Sorco lo había alcanzado rápidamente, se enojó e intento quitarlo de su camino con una peligrosa estocada dirigida al pecho. Sorco no era ningún novato sin experiencia, por lo que, con sus dos espadas cortas, bloqueó el golpe y le sonrió a Albert.

—Oye amigo, te veo algo nervioso ¿Todo bien? —el tono con el cual Sorco le habló a Albert claramente tenía una pizca de burla—. Odio cuando mi enemigo se distrae en plena lucha.

—Guarda silencio, y no me vuelvas a decir amigo, bastardo —respondió Albert enojado.

—Jojoh... Cuánta agresividad, ¡eso me gusta!

Mientras Sorco sonreía maliciosamente, empujó con sus espadas cortas a Albert y de forma rápida inclinó la parte superior de su cuerpo hacia abajo mientras daba un giro con su pierna izquierda levantada hacia arriba.

La patada que Sorco le intentó propinas a Albert, iba impulsada con suma velocidad y fuerza. Albert apenas y pudo esquivarlo por poco, y en ese momento que inclinó la parte superior de su cuerpo hacia atrás, notó como en el talón de Sorco, sobresalía una pequeña punta afilada.

—Mierda -exclamó Albert de inmediato mientras retrocedía.

—No te dejaré correr tan fácilmente —le dijo Sorco a Albert.

••••

Light ya había levantado a Adam, Susan por otro lado, con una voz llena de preocupación, llamó a Light nuevamente.

—¡Light, ven aquí rápido!

Light sentía que su Abuela Susan no se sentía alegre por su llegada. Eso era algo de esperarse. Light caminó rápidamente junto a Adam hacia donde se encontraba Susan, mientras los otros guardias se estaban encargando del grupito de bandidos que habían atacado.

—Respóndeme ya, ¿Que haces aquí? —pregunto Susan en un tono que resaltaba lo molesta que estaba.

—Se que está mal que haya venido, abuela Susan, pero... Mi cuerpo me gritaba que tenía que venir si o si, algo en mi pecho me hacía inquietar hasta que no pude aguantar más.

Light se acercó hacia Susan y le explicó un poco. El pobre estaba frente a su abuela con la cabeza hacia abajo, su mano derecha estaba sosteniendo con fuerza su espada. Él en serio sabía lo mal que sería aparecer en una situación dónde la vida corre peligro, pero, tampoco podía ocultar ni evitar ese sentimiento de impotencia y urgencia de querer luchar.

—Mi niño... Entiendo que te sientas frustrado, y muy posiblemente ese sentimiento que tuviste fue algo que cualquier niño amante de la lucha sentiría —Susan sabía que regañarlo fuertemente ya no serviría de nada, por lo que con una voz suave, le siguió diciendo—. Lo que acabas de hacer se llama imprudencia. No conocer la magnitud del peligro y lanzarse con la idea de poder con todo es una acción que solo llevará a la muerte.

La Unión De Los ReinosDonde viven las historias. Descúbrelo ahora