t w e n t y t w o

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El sol brillaba con intensidad sobre el dojo Miyagi-Do. El sonido de las hojas meciéndose con el viento calmaba a pesar del bullicio interno que se sentía en todos. Era el primer día de entrenamiento para la selección del Sekai Taikai, y el ambiente estaba cargado de energía. Cada uno de los estudiantes sabía lo que estaba en juego: solo siete de nosotros seríamos elegidos para representar el dojo en el torneo de artes marciales más importante del mundo. 

Estaba en el patio trasero junto a Robby. Mi hermano estaba concentrado, lanzando golpes al aire con una técnica impecable, pero yo no podía evitar sentirme nerviosa de ver a cierto moreno.

Aunque ya éramos pareja, el hecho de entrenar junto a Miguel me hacía sentir una presión extra, como si quisiera demostrar que estaba a su altura. 

—¿Lista? —preguntó Robby, girándose hacia mí con una sonrisa confiada. 

—Tan lista como puedo estar —respondí, tratando de igualar su seguridad. 

Miguel llegó en ese momento, su sonrisa fácil haciendo que mi corazón se acelerara. Llevaba el gi blanco de Miyagi-Do y lucía tranquilo, como siempre. 

—¿Nerviosa? —preguntó mientras se colocaba a mi lado, rozando suavemente mi mano con la suya. 

—Un poco, pero estoy bien. Esto es solo el inicio, ¿no? —respondí, tratando de sonar relajada. 

—Claro, pero recuerda que no se trata solo de ganar. Es sobre demostrar lo que hemos aprendido y lo que significan estos valores para nosotros —dijo con una calidez que siempre lograba calmarme. 

Robby, notando nuestra conversación, rodó los ojos con burla.

—Ya, Miguel. No necesitas dar discursos motivacionales. Ella ya es buena por sí sola. 

—No lo dudo —respondió Miguel con una sonrisa segura, y ambos compartieron una mirada amistosa. 

El entrenamiento comenzó con Daniel y Johnny liderando a los grupos. Sam y Hawk estaban al frente, mostrando algunas de las combinaciones que se utilizarían en los combates. Miyagi-Do y Eagle Fang se habían fusionado perfectamente, pero el Sekai Taikai sería el reto definitivo para demostrar nuestra unidad. 

Johnny, como siempre, no podía evitar sus comentarios directos y brutales. 

—¡Vamos! ¡Muévanse! ¡El Sekai Taikai no es para cobardes! ¿Quieren perder contra unos niños de Japón, España, Brasil? ¡Pues entrenen como si su vida dependiera de ello! 

—Gracias por la motivación, Johnny —respondió Daniel, cruzando los brazos—. También recuerden que esto no se trata solo de fuerza, sino de equilibrio, estrategia y control. 

Mientras practicaba con Miguel, no podía evitar perderme en mis pensamientos. Todos hablaban de lo que significaría ganar el Sekai Taikai, pero mi mente estaba en otra parte. Con las aplicaciones universitarias encima y la presión de tomar decisiones sobre mi futuro, no podía evitar sentirme abrumada. 

Miguel notó mi distracción y detuvo el ejercicio. 

—¿Estás bien? —preguntó, colocando su mano en mi hombro. 

—Sí, lo siento. Me distraje por un momento. 

—¿Por qué no tomamos un descanso? —sugirió. 

Asentí, agradecida por la oportunidad de respirar. 

Nos sentamos en el porche, observando a los demás entrenar. La risa de Hawk y Demetri llegó hasta nosotros mientras competían para ver quién podía hacer más flexiones. Miguel me miró con esa mezcla de preocupación y ternura que siempre tenía cuando sabía que algo me pasaba. 

—¿Quieres hablar de lo que sea que te está molestando? —preguntó finalmente. 

Suspiré, dudando si debía soltar lo que llevaba días rondando mi cabeza. 

—Es sobre la universidad —admití, jugando con los cordones de mi gi—. Todos hablan de lo emocionados que están, de las becas y las oportunidades... Pero yo no sé si quiero hacerlo ahora. 

Miguel me miró con sorpresa. 

—¿Quieres tomarte un tiempo? 

—Tal vez. Siento que todo está pasando tan rápido. Entre el Sekai Taikai, el bebé de mi papá y Carmen, y todo lo demás, no estoy segura de estar lista para añadir la universidad a esa lista. 

Miguel asintió lentamente, como si estuviera procesando lo que le acababa de decir. 

—Es una decisión importante. Nadie debería presionarte para que lo hagas si no estás segura. 

—¿Tú ya tienes claro lo que quieres estudiar? —pregunté, tratando de desviar la atención. 

—Quiero estudiar fisioterapia deportiva, pero eso no significa que sea fácil. También tengo dudas y miedos. Es normal, ¿sabes? —dijo, tomando mi mano—. Pero lo que decidas, estaré aquí para apoyarte. 

Le sonreí, agradecida por su apoyo incondicional. 

La cena esa noche fue en casa de Carmen. La familia estaba reunida alrededor de la mesa, disfrutando de un festín que Carmen había preparado. Rosa, como siempre, ofrecía consejos de vida entre bocado y bocado, mientras Johnny intentaba que todos probaran su nueva receta de chili. 

—¿Y cómo va el entrenamiento para el Sekai Taikai? —preguntó Carmen, sirviendo un poco más de arroz en mi plato. 

—Intenso, pero emocionante —respondí, mirando a Miguel, quien asintió. 

—Eso es bueno. Tienen que dar lo mejor de ustedes. Este torneo no es cualquier cosa —dijo Johnny, con su tono habitual de orgullo—. Y tú, Miguel, estás en la lista de los mejores. Sé que tienes lo necesario para llegar lejos. 

—Gracias, sensei. Haré mi mejor esfuerzo —respondió Miguel, siempre modesto. 

—¿Y tú, ________? —preguntó Rosa—. ¿Ya sabes qué vas a hacer después del torneo? 

La pregunta me tomó por sorpresa, y sentí cómo todas las miradas se posaban en mí. 

—Todavía estoy pensando en eso —admití, evitando los ojos de mi papá. 

—No hay prisa —dijo Carmen, interviniendo—. Cada quien tiene su tiempo, y está bien si necesitas el tuyo. 

Agradecí su apoyo con una sonrisa tímida. Johnny, sorprendentemente, no hizo ningún comentario, pero noté que Miguel me observaba con atención, como si tratara de asegurarse de que estaba bien. 

Esa noche, después de que todos se fueron a casa, Miguel y yo nos quedamos en el porche. Amábamos esos momentos tranquilos después de un día largo, cuando podíamos simplemente disfrutar de la compañía del otro. 

—He estado pensando en lo que dijiste antes —dijo Miguel, rompiendo el silencio. 

—¿Sobre la universidad? —pregunté, y él asintió. 

—Creo que lo más importante es que hagas lo que te haga feliz. El Sekai Taikai es una gran oportunidad, pero también sé que tienes tus propios sueños y metas. Solo quiero que sepas que te apoyaré, sin importar lo que decidas. 

Lo miré, sintiéndome afortunada de tener a alguien como él a mi lado. 

—Gracias, Miguel. Eso significa mucho para mí. 

Él sonrió, entrelazando nuestros dedos. 

—Siempre estaré aquí, ¿sabes? Eres parte de mi vida ahora, y quiero que sigamos creciendo juntos, sin importar hacia dónde vayamos. 

En ese momento, bajo el cielo estrellado, sentí que todo estaría bien. La incertidumbre estaba ahí, pero con Miguel a mi lado, sabía que podía enfrentar lo que fuera. 

Who? // Miguel Díaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora