t w e n t y f i v e

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El avión había aterrizado hace unas horas, y la emoción por estar en Barcelona se sentía en cada miembro del equipo

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El avión había aterrizado hace unas horas, y la emoción por estar en Barcelona se sentía en cada miembro del equipo. El Sekai Taikai era el sueño de todo karateka, y ahora estábamos aquí, representando a Miyagi-Do, listos para mostrarle al mundo de qué estábamos hechos.

Miguel y yo caminábamos tomados de la mano por los pasillos del estadio principal, donde se celebraría la ceremonia de bienvenida. Había equipos de todo el mundo: uniformes variados, estilos diversos y culturas que se mezclaban en un ambiente de sana competencia.

Robby, Sam y Hawk caminaban delante de nosotros, conversando animadamente. Por un momento, todo se sintió perfecto.

Pero cuando vimos entrar al equipo de Japón, liderado por Cobra Kai, la atmósfera cambió.

El equipo de Cobra Kai entró al recinto con una sincronización impecable, vistiendo nuevos uniformes que mezclaban el negro con detalles dorados. A la cabeza del grupo estaba una figura que reconocimos al instante: Tory. Esta llevaba un distintivo que la marcaba como capitana femenil.

Un murmullo de sorpresa recorrió a nuestro grupo. Nadie podía creer lo que veía, pero el impacto fue especialmente fuerte para Robby.

Se detuvo en seco, con los ojos fijos en Tory, que evitó mirarlo al principio. Pero finalmente, cuando nuestros ojos se cruzaron, noté algo más allá de la frialdad en su rostro: había dolor en su mirada.

Daniel fue el primero en recuperar la compostura, aunque su rostro reflejaba preocupación. Johnny, por otro lado, soltó un resoplido. 

—¿Qué hace Tory con ellos? —preguntó Sam, claramente confundida y molesta. 

Miguel me miró, buscando alguna respuesta, pero yo estaba igual de perdida. Tory había estado con nosotros desde hace tiempo. Incluso después de las tensiones del pasado, se había convertido en una parte importante del equipo. Ahora verla al frente de Cobra Kai, junto a Kreese y la sensei Kim, dolía más de lo que quería admitir. 

Robby avanzó un paso hacia ella. 

—¿Tory? ¿Qué estás haciendo aquí? 

Ella finalmente lo miró, su expresión dura y desafiante. 

—Estoy compitiendo. Igual que ustedes. 

—¿Con Cobra Kai? —preguntó Robby, incrédulo. 

Tory cruzó los brazos, manteniendo su postura firme. 

—No todos tienen el lujo de elegir, Robby. Algunos de nosotros tenemos que tomar decisiones difíciles. 

Robby parecía a punto de responder, pero aquel asiatico intervino, poniéndose al lado de Tory como un escudo. 

—Ella no tiene que explicarse. Estamos aquí para competir, igual que ustedes. 

El intercambio terminó cuando los organizadores llamaron a los equipos a alinearse para la ceremonia. Pero el daño estaba hecho. Todos en nuestro grupo sentíamos el peso de lo que acabábamos de presenciar. 

La ceremonia de bienvenida fue impresionante. Hubo discursos motivadores, exhibiciones culturales y una presentación de los equipos participantes. Pero, aunque intenté concentrarme, mi mente seguía volviendo a Tory. Había sido más que mi cuñada; la consideraba una amiga cercana. Saber que estaba con Cobra Kai, liderada por Kreese y la sensei Kim, me preocupaba profundamente. 

Después de la ceremonia, los organizadores nos llevaron a un tour de bienvenida por Barcelona. Nuestra primera parada fue un acuario que, según nos dijeron, era uno de los más grandes de Europa. Era difícil mantenerse en el espíritu del paseo después de lo que había pasado, pero traté de concentrarme en disfrutar el momento. 

Caminábamos por túneles de cristal, rodeados de agua y criaturas marinas de todas las formas y colores. Amaba el mar y su tranquilidad, así que este lugar me daba un poco de paz. Miguel estaba a mi lado, sosteniendo mi mano mientras señalaba un grupo de tiburones que pasaban por encima de nosotros. 

—Mira, parecen listos para competir también, ¿no crees? —dijo, tratando de aligerar el ambiente. 

Sonreí, agradecida por su intento. 

—Sí, pero no creo que usen gi. 

Nos reímos juntos, y por un momento, todo lo demás desapareció. 

El grupo de Cobra Kai también estaba en el acuario, aunque mantenían su distancia. Pero no pude evitar notar que Tory nos observaba de vez en cuando, especialmente cuando sus ojos se posaban en Robby. Había algo en su expresión que me decía que no estaba completamente feliz con su decisión, pero no sabía cómo acercarme a ella sin empeorar las cosas. 

—¿Estás bien? —me preguntó Miguel, notando mi silencio. 

—Sí, solo... no puedo dejar de pensar en Tory. 

Miguel asintió, entendiendo. 

—Todos estamos preocupados por ella. Pero creo que necesita tiempo. 

—¿Y si no es tiempo lo que necesita? ¿Y si se está metiendo en algo peor? 

Miguel no respondió de inmediato. Ambos sabíamos que la influencia de Kreese no era buena para nadie, pero Tory era fuerte. Quería creer que encontraría su camino de vuelta, aunque ahora parecía más lejos que nunca. 

El tour continuó, y aunque traté de disfrutarlo, la presencia de Tory seguía pesando en el ambiente. Robby estaba particularmente callado, y aunque Miguel y yo tratábamos de animarlo, era evidente que la situación lo afectaba profundamente. 

Al final del día, cuando regresamos al hotel, nos reunimos todos en una de las habitaciones para hablar sobre lo ocurrido. Johnny y Daniel estaban tratando de encontrar una estrategia para lidiar con la presencia de Cobra Kai en el torneo, mientras Sam y Hawk discutían cómo mantenerse enfocados. 

Robby estaba sentado en un rincón, claramente agotado emocionalmente. Me acerqué a él y me senté a su lado. 

—¿Quieres hablar de esto? 

Él suspiró, pasando una mano por su cabello. 

—No sé qué decir. Pensé que Tory y yo estábamos bien, pero ahora no sé si realmente la conocía. 

Puse una mano en su brazo, tratando de ofrecerle algo de consuelo. 

—Ella está pasando por mucho. Tal vez no esté tomando las mejores decisiones, pero creo que todavía se preocupa por ti. 

Robby me miró, sus ojos llenos de dudas. 

—¿Y si ya no? 

No supe qué responder. Todo lo que podía hacer era estar ahí para él, igual que él siempre había estado para mí. 

Esa noche, mientras Miguel y yo estábamos en nuestra habitación, finalmente me permití soltar lo que sentía. 

—Esto es más difícil de lo que pensé. 

Miguel me abrazó, sosteniéndome con fuerza. 

—Lo sé. Pero estamos juntos en esto, ¿verdad? 

Asentí, enterrando mi rostro en su pecho. 

—Sí, juntos. Siempre. 

Aunque el camino por delante parecía más complicado que nunca, sabía que mientras estuviéramos juntos, podíamos superar cualquier desafío.

Who? // Miguel Díaz Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora