Capítulo II - Noticias inesperadas

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Hola mis lectores :3

Por fin pude publicar el este capítulo, está muy interesante. No se lo pueden perder. No les digo más porque sería spoiler.

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La mañana del día siguiente, Rosa, la madre de Emiliano, preparaba un delicioso desayuno, unos huevos fritos con tocino, una jarra con leche para tomarlo en familia y unos panes tostados. Ya eran las 6:30 a.m. y Emiliano aun no aparecía en el comedor, eso le pareció demasiado raro, porque por lo general su hijo la ayudaba a preparar la mesa.


Dejó el desayuno listo, dos tazas con sus respectivos platos con huevo y tocino, y en el centro una canasta con los panes. Luego, se dirigió al cuarto de su pequeño, abrió la puerta y en la cama se notaba la presencia de Emiliano en cama tapado por completo con sus sábanas. Se sentó al borde de esta y acarició a su hijo por encima de las colchas. Levantó el cobertor y lo único que encontró fueron las almohadas acomodadas como si Emiliano aun estuviese ahí. Rosa se sorprendió al ver la escena y se molestó un poco pensando que su hijo le había jugado una mala broma. Volteó la mirada al escritorio y observó una hoja con unos apuntes. Lo leyó, dejo caer el papel muy asustada y salió del cuarto con mucha prisa.


- ¡Emiliano!, ¡Emiliano! - gritó con desesperación – Emiliano, ¿Dónde estás? Hijo respóndeme. ¡Emiliano!


Entró a todos los cuartos, pero no lo encontró. Salió por la ventana, miro de un lado a otro una y otra vez, pero su hijo no aparecía. La única opción era que se había escapado en la madrugada, pensaba ella. Se cambió de muda, dejó su pijama tirada en su cama y se colocó unos jean y un polo simple, se dirigió a la puerta de entrada, tocó la manija y se abrió sola. Era Felipe, el padre de Emiliano, quien llegaba de un extenso viaje de trabajo. Ingresó a su casa y Rosa le contó lo ocurrido. Felipe trató de tranquilizarla pero todo fue en vano, Rosa estaba muy preocupada.


- Cálmate Rosa, debe haber una explicación para lo que está ocurriendo – dijo Felipe – tienes que tranquilizarte para poder actuar con la cabeza fría. No creo que Emiliano nos haga eso. Él es un chico tranquilo y amable. No sería capaz de dejarnos e irse. Además, a dónde se iría.

- Lo sé, pero no está en la casa y tampoco lo veo afuera – dijo angustiada – además, es muy temprano para que vaya al colegio. ¿Dónde podrá estar?

- No lo sé pero ya lo encontraremos – dijo Felipe abrazando a Rosa – ahora solo nos queda llamar a la policía.

- Está bien.


Ambos padres se pararon. Se dirigieron al teléfono y de pronto escuchan algunos pasos que vienen de afuera y unos ladridos. Miraron hacia la puerta y esta se abrió. Era Emiliano quien llegaba con su perro Snoop.


- ¡Emiliano, hijo! – dijo Rosa casi llorando – ¿Dónde estabas? Nos tenías preocupados. Un poco más y llamábamos a la policía - Rosa se acercó a Emiliano y le dio un fuerte abrazo, uno que solo las madres nos pueden dar.

- Hay mamá, que exagerada. Solo fui a pasear con Snoop al parque de la vuelta – dijo Emiliano cerrando la puerta. Agudizó la mirada y se dio con la grata sorpresa de que su padre había regresado después de un año de viaje – ¡Papá! – corrió hacia él y lo abrazó con todas sus fuerzas. Botó unas lágrimas y se limpió – te extrañé mucho papá, ¿Cómo te fue en tu viaje?

- Hola hijo, yo también te extrañé – lo besó en la cabeza y se sentaron en el sofá – el trabajo está bien Emil, no te preocupes por eso – dijo con la mirada esquiva como si fuese una mentira pero Emiliano no le tomo importancia – cuéntame tú cómo te va en el colegio. Espero que todo bien.

- Sí padre, todo me va muy bien. Sigo mejorando y además, estoy invicto. No desaprobé cursos y los profesores me felicitan por mejorar mis notas.


Mientras ellos conversaban, Rosa calentaba el desayuno que estaba en la mesa y preparaba más para el recién llegado. Snoop, por su parte, jugaba con su pelota, no dejaba de correr por toda la casa.


Terminaron el desayuno y la hora había avanzado. Entonces los padres de Emiliano decidieron pasar el día los tres juntos y que Emiliano faltara al colegio ese día. Él no estaba de acuerdo con esa idea, pues hoy iba a dar ese paso tan importante. Y a pesar de insistir por más de media hora, no consiguió que cambiaran de decisión.


Luego de unas horas, para suerte de Emiliano, retornaron a casa. Eran cerca de las cinco de la tarde. Entonces pensó que sería esta su oportunidad para dar ese gran paso. Pidió permiso para salir y regresar un poco tarde. Fue a su cuarto, busco el papel que había escrito la noche anterior, pero no lo encontraba. Se preocupó de que su mamá lo haya botado o peor aún leído. Sintió una pequeña brisa en su cuello y entonces pensó que se habría caído con el aire que entraba por la ventana. Buscó debajo de su escritorio y se alegró de ver su carta. Salió con mucha prisa y caminó con dirección a la casa de Julieta.


Al llegar al parque en donde se vieron por última vez observó que un grupo de personas estaba reunida afuera de la casa de su aún amada. Corrió lo más rápido posible hasta llegar a la casa. Tuvo que empujar a las personas para poder atravesar el tumulto de gente. Al fin, logró pasar hasta la puerta, tocó el timbre y salió a la puerta el padre de Julieta, Don Lucho.


- Buenas tardes, ¿Se encontrará Julieta? - preguntó Emiliano con prudencia – necesito hablar con ella con urgencia.

- Buenas tardes, muchacho – respondió Don Lucho – Julieta no se encuentra con nosotros. Está fuera de nuestro alcance, y jamás regresará.

- No me diga eso por favor, señor – insistió Emiliano – dígame donde la puedo encontrar. Solo necesito la dirección. O llámela y dígale que soy Emiliano.

- ¡No insistas! – exclamó casi llorando – retírate por favor. Tengo que atender a la visita.


Fue lo último que dijo el señor antes de cerrar la puerta. Emiliano baja las escaleras que desciende de la puerta hacia la acera. Él no comprendía porque Don Lucho no le dijo donde se encontraba Julieta. Mientras llega a la acera, gira la cabeza para ver si vienen carros. A lo lejos se acerca un auto negro con arreglos florares, los que se suelen ver cuando muere una persona. Emiliano, curioso, espera a que el carro esté más cerca. El vehículo se estaciona adelante de la casa. Un muchacho sale del automóvil y baja un arreglo. El joven tropieza y se cae una tarjeta. Emiliano la recoge y la lee. Se cae de rodillas y empieza a llorar.


En la tarjeta decía "Lamentamos tu descenso Julieta. Ahora estarás en un mejor lugar. Nunca te olvidaremos".



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D: No puedo creerlo. ¿Por quéeeeee? Y ahora que será de Emiliano y pobre Julieta. Tenemos que darle fuerzas a nuestro amigo. Sigan leyendo :D

Si el amor no dolieraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora