Capítulo XXVII - Aroma de dos mujeres

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Hola mis queridos lectores :3

Estoy de vuelta al fin. Han sido unos meses duros, pero ya cuento con muchas horas libres para seguir con mi proyecto y para darles un motivo para seguir leyendo esta obra.

Sin más, les dejo un nuevo capítulo con un final inesperado, como siempre.

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¡BAAMM!

Un sonido inconfundible se escuchó detrás del hermano mayor, quien del susto dio un brinco y giró de inmediato. La puerta del baño se abrió, Emiliano salió igual de asustado y buscó con la mirada a su hermano.

- ¿Qué pasó aquí? ¿fuiste tú, diego? - se acercó con cuidado de no pisar los vidrios rotos en el suelo.
- No sé como pasó, yo solo dejé la galleta y la gase...osa - dijo comprendiendo la situación.

La botella estaba al borde de la mesa. Con la prisa y el susto de no ver a su hermano en su cama, solo atinó a dejar las cosas sobre la mesa sin darse cuenta que la bebida se caería y empujaría el florero.

- Quédate ahí hermano, no quiero que te lastimes y luego me regañen por no cuidarte bien.
- El hecho de que recién haya despertado no me hace un estúp... Auch.
- Te lo dije, era más que obvio que estando delcalzo te lastimarías - se acercaba a él con cuidado de no pisar los grandes pedazos de vidrio.
- En mi defensa aún no me traen mis pertenencias, y fue tu culpa.
- Ven, sube a mi espalda - dijo el mayor.
- Ya no soy un niño, hermano - trató de dar un paso, pero casi resbala con el agua derramada del florero. - pensándolo mejor, sería como un castigo para ti soportar mi peso.

Colocó sus manos sobre los hombros de su hermano y se impulsó con el pie sano para subirse a su espalda. La última vez que hizo eso fue cuando tenía 11 años, el día que Diego le contó que se iría de viaje a Cuba para estudiar medicina.

- Listo, ahora dame tu pie para ver que tan grave es la herida - cogió el botiquín del baño y sacó de él gasa, alcohol, esparadrapo y algodón para tratar la herida.
- Con cuidaaado - exigió el menor, su mirada estaba fija en su pie - gracias hermano - dijo cuando el interno colocó la venda sobre la herida.
- Ahora duerme y mejora pronto, no me gustaría pasar navidad en una habitación de hospital - avanzó hacia la mesa y cogió la bebida y la galleta, se dirigió a la puerta y se detuvo - mañana le diré a mamá que al menos te traiga ropa interior - dijo en tono burlón.

Emiliano se ruborizó por el comentario de su hermano y antes que pudiese objetar la puerta ya estaba cerrada. "Esta me la pagas Diego" dijo entre dientes.

***

La habitación amaneció aseada y luminosa, el servicio de mantenimiento había limpiado el desastre de ayer y ordenado el cuarto muy temprano. La madre de Emiliano esperaba fuera con ropa limpia y algunos dulces para su hijo.

- Buen día señora Rosa - apareció la doctora detrás de la madre. - Qué hace por acá, en qué la puedo ayudar.
- Solo vine a traerle esto a mi hijo - mostró la la mochila donde llevaba las pertenencias de su hijo - quería entregarselas yo misma, pero mi esposo me llamó hace unos minutos y tengo que regresar a casa.
- En ese caso yo podría ayudarla - dijo con una sonrisa dibujada en el rostro.
- Si no fuera mucha molestia, quería dejarsela a mi hijo mayor pero no lo encuentro por ni una lado.
- No se preocupe, yo se lo daré en cuanto despierte - recibió la mochila y se despidió de Rosa - por cierto, Emiliano solo permanecerá 4 días más y luego le daremos de alta.
- Muchas gracias - los ojos de la madre reflejaban felicidad y agradecimiento profundo, dio media vuelta y tomó el ascensor

Si el amor no dolieraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora