Capítulo XXIII - El revividor

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Hola mis queridos lectores :3

Han sido dos semanas muy largas y pesadas. Me intoxiqué al día siguiente de actualizar, y no escribí nada durante una semana.

Así que en toda esta segunda semana he puesto mi empeño en escribir y darles este nuevo capítulo. Espero que les guste.

Es un título algo extraño, pero si hacen memoria lo mencioné en el capítulo XVIII y acá les traigo la explicación.

Sin más os dejo leer en paz.

Pd: la imagen hace referencia a como debería ser una parte de la historia.

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*Inicio Flashback*

- ¿Te encuentras bien? - el dueño de la daga se acercaba más a mí acortando nuestra distancia y yo solo atinaba a retroceder hasta topar con el tronco donde había impactado su arma blanca.
-Aléjate de mí o... - lancé un grito y vi que otra daga rozó mi cuerpo, está vez por encima de mi cabeza impactando en el mismo tronco.

Alcé la mirada y vi que el arma había atravesado exactamente por la mitad a una manzana muy roja, la más roja que había visto en mi vida. Al parecer esta se cayó con el golpe que me di con el árbol cuando retrocedía. Entonces mi mirada se desvió a la primera daga, me asusté al ver dos colmillos llenos de veneno tan cerca a mí.

No le podían pertenecer mas que a una víbora silvestre. Su boca había quedado completamente abierta pegada al frondoso árbol. El cuchillo había dado exactamente por detrás de su cabeza, dejándola inmovilizada y con su cuerpo colgando hasta tocar el suelo cubierto de hojas.

¿Cómo era posible todo esto? ¿este tipo tenía mucha puntería o se estaba preparando para asecinarme? Yo creo que ambos.

Nuevamente se acercaba más a mí y esta vez no pude hacer nada. Singularmente, su figura era familiar, era pequeño y con una gorra inclinada para la derecha.

¡Claro! Este es el mismo chico del bus.

Llevaba la misma ropa sucia y unos guantes negros de cuero que usan los motociclistas, con las yemas de los dedos al aire.

Entonces no fue un sueño, realmente lo vi y ahora está frente a mí. ¿Qué hago? ¿A dónde voy?

Cogí el arma con la manzana, cayéndose esta entre las hojas muertas, y lo amenacé apuntándole con el arma. Bufó ante mi nerviosa acción y no dejó de acercase más a mi hasta llegar a estar a media metro de distancia.

- Te dije que te alejaras - grité nuevamente nervioso y alterándome mucho. Estiré mi brazo con la daga con la intención de herirlo pero fallé.
- ¡Hey! - se sorprendió, su voz fina de gatito me dio un poco de risa. Su tamaño y su voz congeniaban dando un aspecto de un niño de doce o trece, pero su rostro y personalidad reflejaban una edad de diecisiete o dieciocho -. Ten cuidado con eso, no quiero morir a mis dieciséis - hizo un movimiento que en un cerrar y abrir de ojos tenía ambas dagas en sus manos. Me quedé con la boca abierta al ver esa maniobra, luego pude ver como unos hilos muy finos se enredaban en sus dedos y muñecas y terminaban en el mango del cuchillo, sólo era un truco barato.
- ¿Quién eres y por qué me lanzas esas cosas? - gruñí y lo encaré.
- Antes que nada, se dice gracias por salvarme la vida - señaló la serpiente con la daga de la mano derecha.
- Gracias - solté para no perder los modales.
- De nada - se dio vuelta dándome la espalda y guardó sus armas -. Mi nombre es Vlad...
-Su nombre es Vladimir y no debería estar acá - Antonio apareció por detrás y trató de capturar al muchacho con arapos, con suerte este pudo escapar y esconderse en la profundidad del bosque -. Creí que tenías prisa en ir a las piscinas - me miró muy serio y entendí en mensaje.

Si el amor no dolieraDonde viven las historias. Descúbrelo ahora