•DEBO DECIRTE ALGO•

387 71 57
                                    

Momentos antes

Mentiría si dijera que Rusia no extrañaba la frialdad que había en la cueva que fue su hogar durante mucho tiempo, extrañaba el frío más que nada, y le encantaba como se veía el bosque en invierno, siempre fue su estación favorita. Pero volver a la casa de su niñez, dónde vivió los primeros años de su vida era duro y a la vez la nostalgia le carcomía, quería ese lugar pero a la vez quería alejarse por tantos recuerdos que le traía, recuerdos que le atormentaron durante mucho tiempo y ya había olvidado.

Suspiró siguiendo caminando sin rumbo, pateó una roca y pegó contra un árbol. Rusia solamente se quedó parado, ahí contemplando su existir y como si aquel tronco viejo le fuera a responder a cualquier duda que le hiciera.

-¿Interesarme en alguien más? Si claro - pensó en alto molesto, quería a su hermana pero la conversación que tuvieron hoy lo altero, él amaba a México, así era y será.

El enterarse que perdió a su padre fue un gloe que le dolió, pero el golpe más duro que recibió fue saber que aquella serpiente escurridiza y carismática que conoció y cambio su mundo había muerto, que no lo vería y que no solo lo perdió a él, si no a la posibilidad de tener una familia.

Entonces llegó a la segunda fase del duelo. Ira. Un enorme enojo se apoderó de él, en estos momentos odiaba al mundo por haberle arrebatado lo que más quiso y lo que por un momento creyó que podía tener, pero también se odiaba a él mismo, por no haber podido protegerlo, por haber demostrado que no era capaz de nada y dejar que le arrebatarán lo que deseaba.

Sus brazos se volvieron peludos y enormes garras de oso salieron, miraba con odia a aquel árbol, como si tuviera la culpa de lo que le pasaba. Se abalanzó sobre el y con sus garras destrozó el tronco con cientos de rasguños, las astilas incluso se incrustaron en su piel pero no le importaba.

Sus ojos empezaron a derramar lágrimas a mares, aún miraba con enojo pero su vista se iba haciendo borrosa conforme más llanto salía, se quejaba en voz baja y decía incoherencias, solamente destrozando la corteza del árbol y desquitando su enojo.

Llego un momento en que ya no pudo y los rasguños iban disminuyendo, sus piernas flaquearon y se dejo caer con los puños aún en el árbol pegándole levemente, toda la ira de hace un rato fue remplazada con dolor y tristeza. Sentía morir en esos momentos.

Pero era tiempo de aceptarlo.

Bielorrus tenía razón, debía de continuar así le pareciera o no, México no estaba y no importaba si bebía hasta la última botella, o si destrozaba todo un bosque o quemaba el mundo entero, se fue. Aún con una mínima esperanza en su corazón miró hacía arriba, viendo el daño que causo que incluso el árbol parecía estar a punto de caerse.

Suspiró regulando su respiración y volvió a recargar su frente, de a poco disminuyendo las lágrimas.

- Wow - una vocesilla a sus espaldas le sorprendió, volteó a mirar alterado atrás y notó al polaco, quién se asusto y levanto ambas manos - p-perdón, no quería asustarte -

Rusia suspiro pesadamente, no odiaba al menor pero era a quién menos hubiera querido ver. Se levantó con calma y limpió su rostro para que el otro no lo viera así, entonces volteó a mirarlo con la seriedad que le caracterizaba.

-¿Desde hace cuánto está ahí?- el polaco sonrió nervioso.

- S-solo poco tiempo, ¡Juro que no ví mucho!- se apresuró a decir - solo estaba de paso cuando escuché como... destrozaba un árbol - Polonia miró detrás de Rusia viendo al pobre árbol casi talado.

-¿Escuchaste que alguien destrozaba algo y decidiste acercarte?- preguntó con ironía, Polonia asintió con una sonrisa nerviosa, pues ahora que lo veía así no tenía sentido correr al peligro - Ya no importa, ya me iba -

•|El oso y La serpiente|• RusmexDonde viven las historias. Descúbrelo ahora