8 | El día que conocí a Anne Weathon

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Regresando al día en que conocí a Anne Weathon, fueron en realidad varias veces las que fuimos de visita a su casa.

Anne era la mejor amiga de Damon, aunque a Virginia le molestaba que alguien lo mencionara porque decía que ella era su mejor amiga. De hecho, creo que no le caía bien, aunque a Virginia no le cae bien casi nadie.

Su sonrisa parecía fingida cuando íbamos a casa de ella, porque era celosa con Damon, aunque controlaba sus celos porque era consciente de que podía convertirse en algo tóxico. Si Damon y ella discutían por ese tema, yo nunca me enteraba.

Lo que sé es que no se la notaba cómoda en casa de Anne y que, muy en el fondo de su ser, tenía la leve preocupación de que Damon se hubiese enamorado en el pasado de Anne.

Pero Damon no miraba a nadie como miraba a Virginia, ni se reía con nadie más que con ella. Yo le había visto mirarla de reojo en la cocina muchas veces, mientras ella se quejaba de cualquier tema, y él parecía desconectar porque solo la seguía con la mirada de un lado a otro. Y luego la tomaba del brazo y la abrazaba. No era algo que yo hubiese visto antes.

De cualquier modo, Anne era mi persona favorita en el mundo.

Vivía en Burford, tenía dos hijos y trabajaba en una escuela de niños con necesidades especiales. Se parecía a la señorita Hughes, porque incluso tenía los ojos del color del cristal y el cabello oscuro; Anne, en cambio, tenía una sonrisa más bonita y el rostro más redondeado.

Colaboraba con iglesias, mezquitas y centros religiosos para repartir comida en la calle una vez a la semana, donaba ropa a la caridad y participaba en todas las asociaciones que contaran con actividades de voluntariado. Había viajado con un grupo voluntario a Somalia y a Tanzania, y tenía otro viaje provisto a India al año siguiente. Toda su vida giraba en torno a hacer cosas por los demás y enseñarles a sus hijos a tener compasión.

Era el tipo de persona que podría pertenecer a la realeza sin saberlo. Si algún día nos enterábamos de que era la princesa perdida de un país nórdico, no me sorprendería. Encajaba en las historias de fantasía y caballeros que me gustaba leer: era amable, trabajadora y compasiva, rara vez pensaba en ella misma primero y había logrado todo lo que tenía gracias a su duro esfuerzo. Sería perfecta para casarse con un príncipe.

Tal vez por eso no le caía bien a Virginia, porque ella no tenía ese perfil.

De todas formas, el punto es que Damon quería que Colton y yo fuésemos amigos de los hijos de Anne. Pero sus hijos no habían aprendido nada de ella.

Eran dos malcriados, siendo honestos.

Su hijo Adam tenía seis años y la interrumpía todo el tiempo mientras ella hablaba, no recogía sus cosas y no le hacía caso en nada de lo que Anne le pedía u ordenaba. Siempre estaba enojado y reclamándole cosas a su madre. Tenía los ojos castaños, y el cabello rubio le rozaba las pestañas.

Su existencia me causaba ansiedad, pero había tanta diferencia de edad entre Colton y él que se libró de hacerse amigo de ese demonio. Aunque fuera un niño, jamás había visto uno más egoísta e intolerante.

Le gritaba a su hermana cuando se enojaba, tiraba cosas al suelo y nadie le regañaba, ni siquiera Anne.

Yo miraba de reojo a Virginia, que tenía las mismas ganas que yo de incrustarle los nudillos en la boca a la criatura, pero se controlaba.

A Damon, en cambio, nada lo desquiciaba.

Adam podría interrumpir la conversación durante toda la comida, gritar en el pasillo o levantarse mil veces de la mesa, arrastrar la silla y estampar juguetes contra el suelo, y él no se inmutaría.

𝐋𝐨𝐬 𝐝í𝐚𝐬 𝐝𝐞 𝐀𝐧𝐣𝐚Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora