Cómo dos piezas que encajan a la perfección

39 2 0
                                    

Muchas veces el no ser correspondido puede llegar a lastimarnos, sin embargo no podemos forzar a las personas a enamorarse de nosotros. Yo mejor que nadie lo sabía.

— ¿Entonces te irás?

— Nop. No me gustan las fiestas. La única razón por la que vine aquí es por ti.

— Pues no debiste.

— No te he visto por el hospital últimamente y no me has querido recibir.

— No me he sentido bien.

— ¿Por eso me evitas?

— Prácticamente estaba evitando cometer una tontería, pero ya que estás aquí pues la hice.

— Sinceramente creí que estabas enamorada de Anna.

— ¿Por qué creíste eso?

— Pues porque tú me lo dijiste.

— Vaya. Pues que distraída eres Lucia Mondragón.

— ¿Distraída?

— Era obvio que estaba mintiendo.

Me miró con los ojos entrecerrados.

— ¿Por qué yo?

— No lo sé. Creo que me gusta la mala vida.

Golpeó mi hombro y yo comencé a reír.

— De verdad no entiendo que fue lo que me hizo enamorarme de ti. _ ella trato de decirme algo pero rápidamente la detuve_ Si Lucia. Estoy enamorada de ti.

Jamás imaginé que tendría el valor de admitir que me había enamorado de una mujer en voz alta. Hace años eso para mí era imposible, casi prohibido. Pero he de admitir que se sentía bien, sentía que aquella carga que llevaba conmigo desde hace dos semanas había desaparecido.

Ella permaneció en silencio, sin embargo jamás apartó su mirada de mi.

— ¿Recuerdas el día que nos conocimos?

Su voz me hizo mirarla, no dije nada, solo asentí a lo que dijo.

— Tú charlabas con Anna y yo solo te observaba desde lejos. Cuando te vi pensé en acercarme a ti y tratar de entablar una plática contigo pero soy pésima en eso. Seguramente diría algún comentario fuera de lugar y eso te molestaría.

— Tal vez lo haría.

Mi mirada se poso en sus ojos y solo pude pensar en lo lindos que eran.

Había pasado quizás un par de meses desde que la conocí, desde que mi vida dio un giro inesperado, desde que comencé a creer que estar enamorada de una mujer no era tan malo como creía.

— Lo sé. _compartimos una sonrisa y después continuo hablando_ El primer día que hablamos es prueba de ello.

— Que irritante eres aveces.

y eso fue lo que te enamoró de mi.

— No te creas tan importante. Estar enamorada de ti solo es un pequeño gusto culposo que me di.

Me miró mal.

Vuélveme a mirar así y no respondo.

— Pues déjame decirte que desde que me conociste tus gustos empezaron a mejorar.

— Egocéntrica.

— Hija de mami.

Esta vez fue mi turno de mirarla mal. Aunque aquello solo la hizo reír.

Antes de ella.Donde viven las historias. Descúbrelo ahora