Pasaron tres días desde la tragedia, muchos de los presentes no lo recordaban, otros apenas le tomaron importancia, pero los miembros de la Tokyo Manji seguían llorando su pérdida, uno de ellos era Chifuyu.
El chico visitó la tumba del pelinegro, se sentó frente a esta y durante unos segundos se quedó ahí inmóvil, mirando el suelo.
—Baji-san, felicidades—al fin habló.
De una bolsa de plástico blanca sacó los fideos favoritos de ambos, junto a la comida, saco un pequeño paquete.
—No te lo pude dar—explicó comenzando a desenvolver el pequeño paquete—me hubiera gustado ver tu cara al recibir el regalo—volvió a dejar frente a la tumba el regalo, era un manga de peleas que el mayor llevaba tiempo buscando.
❜🔪. . . . . . . . . . . . . . . . . . 卍❜
La tarde pasó, el rubio le contaba sobre esos tres días que pasaron, como fue su funeral y como Takemichi lo intentaba animar, aunque ese chico también estaba mal. También le dijo como Mikey y Draken volvieron a admitir a Kazutora en la pandilla.
—Baji-san, aún no puedo perdonar a Kazutora, tampoco a ti. Baji-san, pensé que era tu mejor amigo, pero me equivoqué, nunca morirías por mi tal y como hiciste con Kazutora. Y no puedo perdonar a Kazutora por lo que te hizo, aún así, cuidaré de él como tú lo hacías y te vendré a visitar siempre que pueda. Adiós Baji-san.
El rubio se levantó con lágrimas que recorrían sus mejillas y arrastrando los pies salió del lugar. Seguía sin entender porque se provocó aquella herida mortal, o porque el del tatuaje apuñaló a la persona que siempre le ayudó, simplemente no podía entenderlos.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.