Baji volvería después de un viaje de negocios, por ello Chifuyu y Kazutora le cocinarían. Seguían paso paso la receta, era carne, no creían que les pudiera salir mal.
—Toca esperar—dijo el mayor rodeando la cintura ajena. —¿Pusiste bien la temperatura? —Sí—respondió dando besos en el cuello del rubio. —Kazu... —Lo tengo controlado —¿A mi o la carne?—se quejó mirando al contrario. —Ambos
Volvió a responder esta vez besando al chico quien lo devolvió. El del tatuaje agarró la mano del menor y lo llevó al salón, lo tumbó para luego ponerse encima.
No iba a hacer nada, sabía que el de ojos verdes estaría pensando más en la comida que en los besos de él, pero eso no evitaba que fuera a molestarlo.
—Chifuyu~ —¿Mmh? —Tienes algo en la cara —¿El qué? —Esto
Kazutora beso al chico que el otro correspondió, para molestarlo, el de la peca metió lentamente sus manos por la camiseta del menor, quién soltó un pequeño jadeo.
—¿Tanto te gusto Chifu? —Tus manos...están frías... —¿Enserio? —Sí... —¿No se te erizo la piel por el contacto? —No... —Oh, lo siento
Sonriendo las sacó y besó la frente ajena, el rubio intentaba salir pero el teñido era más rápido y sujeto la cintura, Chifuyu miraba con pucheros al de arriba, pero este solo se dispuso a besar el cuello ajeno.
—K-Kazu...la carne... —La carne está bien —Mentira...
Riendo, Kazutora miró al chico que lo miraba con pucheros y las mejillas notablemente rosadas. Iba a besarlo, pero el ruido de la puerta sonó y asustados se miraron. De forma rápida se levantaron y fueron a recibir al recién llegado.
El rubio era más rápido y abrazo al moreno que comenzó a reír y darle un pequeño beso al de mechas.
—Baji-san, Kazu es terrible —¿Sí? ¿Qué hizo ahora? —Me besó el cuello —¿Sólo eso? —Sí
Los dos chicos mayores comenzaron a reír mientras que el otro los miraba con el ceño fruncido.
—¿Estáis cocinando algo? Huele a quedando
Kazutora y Chifuyu se miraron y corrieron a la cocina, del horno salía humo negro y con cuidado lo apagaron sacando la bandeja en la que se suponía que estaba la carne, pero solo eran unos trozos de carne casi negros.
Al menor le caían lágrimas por la frustración de estropear la sorpresa y a Kazutora se le aguaron los ojos por la culpa que sentía por no hacer caso al chico.
Baji entró a la cocina y con delicadeza pasó cada mano en la cabeza de cada uno y los acercó a sus hombros.
—¿Era para mí?—ambos asintieron a la vez—Que lindos —Se quemó...—dijo sollozando Chifuyu. —No pasa nada —Pero... —Subid a vestiros, os invitaré a comer
Sonriendo limpio y beso la frente de ambos chicos los cuales se miraban aún con pucheros en sus rostros, de todos modos, los dos subieron lentamente las escaleras cabizbajo.
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.