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—Sigo sin entender, ¿por qué vinimos a un partido de hockey? —se quejó Ezra, sentado a mi lado en las galerías, lo más lejos posible de la pista, para fines prácticos

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—Sigo sin entender, ¿por qué vinimos a un partido de hockey? —se quejó Ezra, sentado a mi lado en las galerías, lo más lejos posible de la pista, para fines prácticos.

Roxy no pudo venir, aunque me hizo la misma pregunta. No pude responderle directamente, ni yo estaba clara que quería conseguir con esto, pero la bombilla sobre mi cabeza seguía titilando, queriendo prenderse, demostrando que una idea se estaba formando, una que no tenía cuerpo, aún.

—No lo sé todavía —respondí, exactamente lo mismo que le dije a Roxy.

Ezra suspiró y se dejó caer sobre el respaldo del asiento, cruzándose de brazos. El movimiento tuvo que generarle dolor, porque la mueca y el quejido involuntario, más cercano a un jadeo, me recordó sus golpes en el esternón.

De mi bolsa saqué una pomada y se la extendí.

—¿Y esto?

—Ayudará para los hematomas y el dolor. Lo compré para mi ojo y me sobró un montón, te servirá más a ti que a mí.

—Está nuevo, Danny —dijo, recalcando lo obvio, descifrando la mentira. Me encogí de hombros y seguí con la mirada fija en la pista, aunque sabía la expresión que debía de tener mi amigo, los labios fruncidos y las cejas oscuras juntas. Hacía esa expresión muy seguido.

Lo escuché bufar.

—¿Quieres una bebida?

—Claro.

—Bien, ya vuelvo. Guarda los asientos.

Ezra se levantó y con pasos torpes se hizo un espacio entre el tumulto de personas. Sonreí a medias, esa era su forma de agradecer la pomada y lo dejaría pasar.

Las sillas de la pista se comenzaban a llenar y las personas se organizaban para sentarse en comunidad, dejando libres los pasillos. Lo que significaba que el partido estaría próximo a empezar. Lo que me daba un poco de emoción en la boca del estómago, llenándome de expectación; deseaba que la bombilla se prendiera por completo y la idea se formara. Nunca creí que nuestro proyecto por fin tuviera un tema y que se relacionaría con algún deporte, menos el hockey.

A lo lejos vi a los competidores locales con el gran husky (animal representativo de la universidad) en el pecho, no podía verles el rostro desde la distancia y por los cascos.

Pensé en @Rhett, supuestamente él jugaría hoy. No volví hablar con él, como prometí, pero tampoco le dije a Daphne lo que pasó, no porque no quisiera, sino porque está tan ocupada practicando con Asher en sus tiempos libres que casi ni le he visto, lo que todavía me deja nerviosa.

¿Cómo reaccionaría? ¿Lo dejaría pasar? ¿Se enojaría? Esperaba que no.

Por otro lado, una parte de mí, no sabía cuán fuerte era, buscaba el número 24 en la espalda de su pechera. Tuve que acomodar mis anteojos, esperando notarlo.

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