Cuando Jack Tucker, se presenta en la puerta de Danny Solis por una confusión, ella sabe que toda su vida cambiará para siempre, en especial después de que pasan la noche más inusual de todas. Creyó que no se volverían a ver, como no lo habían hecho...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
La casa de Duncan era sin duda muy hogareña, no esperaba algo como eso de él. Había unas cantidades de fotos de él sonriendo, con una niña en brazos, jugando, con su esposa entre ellos, también había fotografías de perros y una buena cantidad de trofeos en los estantes.
Jack estaba a mi lado, tomando de mi mano al entrar. La sorpresa de Duncan al vernos fue suficiente hasta que cayó en nuestras manos y sonrió orgulloso, después nos dejó entrar y ofreció café.
No se lo iba a negar, Jack tampoco lo hizo y quedamos todos sentados en su sala de estar, a un lado de la estufa apagada y una buena cantidad de leña.
—¿Qué los trae aquí? ¿No es suficiente con verme todos los días, Tuck? —se burló.
—No es por mí, es por ella, solo soy un humilde chofer —respondió Jack, alzando las manos con inocencia.
—¿Y con los choferes también se toman de la mano y corren apenas se enteran de que tienen problemas? —inquirió.
Se me coloraron las mejillas y eso fue suficiente respuesta, soltó una carcajada limpia. A Jack no pareció afectarle en nada sus palabras, porque solo sonrió abiertamente, ya asumido, probablemente.
—Eso pensé. Ya díganme, ¿qué hacen aquí?
—En realidad, eso es mi culpa, necesito información de algo, alguien... De Martin.
El nombre le transformó el rostro.
—¿Qué sucede con él?
—Usted me advirtió de él, mucho antes de que algo pasara. Usted lo conoce de antes, dígame, ¿qué pasó para que me quisiera advertir de Martin?
Él suspiró.
Jack se quedó callado a mi lado, acariciándome la mano con su pulgar.
—Lo conocí en secundaria, fuimos amigos, muy buenos, él era muy inteligente, siempre leyendo, pasando en los laboratorios y un día lo defendí de unos bravucones. Pasamos todos juntos, la graduación, los bailes escolares, salidas a terreno, fiestas, las materias y finalmente nos decidimos por una universidad, Yale. Todo se rompió después de eso. Me volví parte del equipo de hockey —miró de reojo los trofeos y yo también lo hice, un montón de ellos con mucha historia debía suponer, las fotografías con Duncan joven y su equipo al lado hicieron sonreír a Jack, tal vez se veía en él. Duncan casi suelta una sonrisa nostálgica, más no llegó aparecer —, me fue bien. Martin empezó a caer, no lograba pasar las materias, estudiaba y no daba abasto. Hasta que finalmente cayó hondo. Un día, Martin llegó con un borrador que impresionó a todos los maestros, pasó con honores y yo estaba muy feliz por él, hasta que me di cuenta de que le había robado ese informe a su compañero de laboratorio, tomando los créditos y dejándolo a él en el olvido.
—¿Su compañero no dijo nada? —pregunté.
Las similitudes de la historia me dejaban con el aire estancado en los pulmones.