CAPITULO 6

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Narra Maxi

Ya había pasado como una hora desde que terminó el concierto, y debo admitir que fue toda una locura. Pero una locura muy linda. La energía del público, el sonido de miles de voces cantando nuestras letras, la complicidad en el escenario con Agus y los invitados… todo se había fundido en una mezcla eléctrica que todavía resonaba en mi cuerpo. Tanto, que todavía no encontraba las palabras para describir lo increíblemente emocionante que había sido.

Agus me había dicho que se quedaría conversando un rato con Emilia, despidiéndose y charlando, mientras que yo me retiraría al camarín para cambiarme y relajarme un momento. Necesitaba ese silencio relativo, ese espacio para bajar las revoluciones.

Después de cambiarme la ropa sudada del escenario por un buzo cómodo y una gorra, decidí salir a ver qué estaban haciendo los demás. El backstage era un laberinto de pasillos, pero el rumor de risas y música me guió hasta una sala amplia donde ya se había armado una pequeña reunión post-show.

Ahí estaban. Esteban, Nico y Facu de Migrantes, y los hermanos Mau y Ricky, todos repartidos en los sillones bajos, relajados, con una botella de vino sobre la mesa baja y el ambiente cargado de esa satisfacción cansada que deja un buen show.

—¡Hasta que por fin llegás, che! ¿Dónde andabas vos? —preguntó Esteban, alzando la vista hacia mí con una sonrisa y un gesto interrogativo.

—¿Dónde más? En el camerino —respondió Mau desde el sofá, sin apartar los ojos de su teléfono, como dando por sentada la respuesta.

—¿Y querés una copa? —preguntó Facu, inclinándose para descorchar otra botella con un pop satisfactorio.

Meneé la cabeza con una sonrisa.

—Síí… creo que esta vez yo paso. Tengo que manejar.

—Bueno, tú te lo pierdes —dijo Ricky, alzando su copa en un brindis informal hacia los demás.

La charla fluía tranquila, repasando anécdotas del concierto, hasta que Nico, dejando su copa vacía sobre la mesa, preguntó:

—Hey, ¿y qué onda con Agus? Hace un rato que no lo veo.

—¿Por qué, ya lo extrañás? —se burló Mau, lanzándole un almohadón que Nico esquivó con una risa.

—La última vez que lo vi estaba hablando con Emilia —dije yo, encogiéndome de hombros sin darle demasiada importancia. Era normal que Agus se enredara en conversaciones después de los shows; siempre ha sido más sociable que yo en ese sentido.

—Huuuuu… —silbó Esteban, adoptando un tono exageradamente serio que hizo que todos lo miráramos—. Yo que vos voy a buscarlo, Maxi. No me gustaría enterarme mañana de que Agus le robó la novia al Duko.

La idea era tan absurda que me costó no reírme. Agus y Emilia eran amigos, nada más.

—Agus con Emilia, naaa, nada que ver —respondí, ahogando una risa—. Además, ¿por qué tengo que ser yo quien vaya a buscarlo? ¿Por qué no van ustedes?

—Bueno, si vos lo decís… —dijo Esteban, aunque su expresión seguía siendo de falsa preocupación—. Igual, solo era una advertencia. Y respondiendo a tu pregunta: ¿por qué? Es simple. Porque sí. Ahora andá a buscarlo.

Los demás asintieron entre risas, señalándome con las copas. Estaba claro que me habían elegido como mensajero.

—Okay, okay, ya voy —cedí, levantándome del sofá con un suspiro teatral y caminando hacia la puerta.

La verdad es que tardé como cinco minutos en encontrarlo. El backstage del estadio era inmenso, una maraña de pasillos, salas técnicas y camerinos vacíos. Este era uno de esos momentos en los que me arrepentía amargamente de haber dejado el celular en el auto, pero ya qué. Así que, a la vieja usanza, lo llamé un par de veces, alzando la voz en los pasillos desiertos.

—¡Agus! ¿Estás por ahí?

Finalmente, una voz familiar respondió desde una esquina más iluminada, cerca de una salida de emergencia.

—¡Estamos acá!

Así que me dirigí hacia allá. Pero al llegar, la escena no era exactamente la que esperaba. En lugar de encontrar a Agus conversando tranquilamente con Emilia, lo encontré a él… con tres chicas. Una de pelo negro azabache y lacio, y dos de cabello castaño, una más claro que la otra. Parecían congeladas en el momento, como si acabaran de ser descubiertas haciendo algo que no debían.

Una sonrisa se dibujó en mi rostro. Esto tenía pinta de ser entretenido.

—¡Con que acá estabas, loco! Te andaba buscando por todos lados —dije, acercándome y chocándole el puño en un saludo casual.

—Bueno, ya me encontraste —respondió Agus con una sonrisa amplia y un brillo divertido en los ojos que me dijo que algo había pasado. Luego, hizo un gesto hacia las chicas—. Ah, te las presento. Nenas, creo que ya lo conocen… ¡Les presento a Maxiiii!

Su presentación fue tan dramática que las tres chicas, como si hubieran estado conteniendo la respiración, dejaron escapar un grito eufórico y ahogado al unísono. Fue un sonido entre shock y felicidad pura.

—¡Jajaja, sí! Maxi, ellas son… —Agus hizo una pausa, frunciendo el ceño con comicidad—. Eeeh, creo que solo me sé el nombre de una.

—¡Sí, y esa soy yo! —saltó la chica de pelo negro, recuperando la voz. Tenía una energía vibrante y unos ojos que no paraban de moverse entre Agus y yo—. Es un placer, me llamo Jazmín, y ellas son Sara y Nicole —dijo, señalando a sus amigas.

La que llamó Sara, de cabello castaño y ojos claros, me sonrió tímidamente. Nicole, la otra, con reflejos dorados en el pelo, asintió con una sonrisa más contenida pero igual de genuina.

—Bueno, es un placer conocerlas —dije, asintiendo—. ¿Y es su primera vez acá en Buenos Aires?

—En Argentina, en realidad —aclaró Sara, con un acento que definitivamente no era rioplatense.

—Bueno, aunque por el acento no parece que sean de acá, así que es fácil de deducir —comentó Agus, lanzándome una mirada de complicidad.

—¿Tanto se nota? —preguntó Jazmín, guiñándonos un ojo exageradamente.

—Sí, un poquito no más —dije, riéndome y devolviéndole la sonrisa. Era imposible no contagiarse de su entusiasmo.

—¿Y cuánto tiempo se quedan? —preguntó Agus, apoyándose con desenfado en una banca baja que estaba contra la pared, detrás de nosotros.

—Como por dos semanas —respondió Nicole, la más sobria del grupo.

Fue entonces cuando vi cómo la expresión de Agus cambiaba. Una idea pareció encenderse detrás de sus ojos, una de esas ideas suyas que a veces son brillantes y a veces son puro caos.

—Saben que se me ocurrió una idea —anunció, enderezándose.

—¿Qué clase de idea? —preguntaron casi al unísono las tres chicas, que de repente lo miraban con una atención absoluta, como si fuera a revelar el secreto del universo.

—No sé cómo no lo pensé antes —murmuró Agus, más para sí mismo que para nosotros.

—A ver, Agus —intervine, incapaz de contener mi curiosidad—. Podés cortar con el suspenso y terminar de hablar de una vez.

Él me miró, y su sonrisa se volvió aún más amplia y un tanto pícara.

—Okay, chicas. Nos acaban de decir que se quedarán acá por unas semanas, ¿cierto?

—Eeh, sí —confirmó Nicole, cruzando los brazos con escepticismo—. ¿Y qué con eso?

—Bueno —continuó Agus, extendiendo las manos como si la conclusión fuera obvia—, que ustedes no conocen la ciudad. En cambio, nosotros sí. Entonces, creo que sería una muy buena idea que… fuéramos sus guías turísticos.

Hubo un silencio. Un silencio corto pero cargado. Las chicas se miraron entre ellas, con los ojos como platos. Mi cerebro tardó un segundo más en procesar la propuesta.

—Espera un momento —dije, encontrando finalmente mi voz—. ¿Que nosotros qué?

Como respuesta, recibí un golpe juguetón pero firme en el hombro de parte de Agus.

—Sí, nosotros —afirmó él, como si fuera la cosa más natural del mundo—. ¿Y, chicas? ¿Qué dicen?

Amor Prohibido (MYA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora