CAPITULO 1

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Narra Sara:

—¡Sara, aaaaaa! —el grito de mi madre atravesó la puerta de mi habitación, tan estridente y familiar como el despertador que había ignorado minutos antes.

—Ya voy… —respondí con una voz ronca y adormilada, enterrando el rostro en la almohada.

—¡Apúrate que vas a llegar tarde otra vez! Además, el desayuno se enfría —insistió desde la cocina, su tono cargado de esa urgencia matutina que siempre lograba despertarme a medias.

En un vano intento por aferrarme al último vestigio de sueño, me tapé por completo con las cobijas, creando una cueva de calor y penumbra.

—Solo cinco minutos más —supliqué, sabiendo de antemano que mi súplica caería en oídos sordos.

—¡Cuento hasta tres! Uno… dos… —la amenaza era clara. Suspiré, derrotada, antes de que llegara al tres.

—Okay, okay, ya voy —cedí, forzándome a abrir los ojos.

La luz del amanecer se filtraba por la ventana e iluminó de lleno el enorme póster que tenía frente a mi cama. Allí estaban ellos, con sus sonrisas perfectas y miradas intensas, y por un instante, todo el sueño se desvaneció. Me incorporé demasiado rápido, fascinada, y en un movimiento torpe, rodé directamente al suelo.

—¡Auch! —me quejé, frotándome el costado mientras yacía sobre la alfombra.

Esta soy yo, Sara. Una chica común con una vida total y completamente normal, rayando en lo aburrido. Vivo solo con mi mamá; mi papá nos abandonó cuando yo ni siquiera había nacido, y lo más cercano que tengo a unas hermanas son mis dos mejores amigas, Jazmín y Nicole. No sé qué haría sin ellas; son mi ancla y mi desorden al mismo tiempo.

Jazmín, al igual que Nicole, se caracteriza por ser una de las personas más leales, dulces y sinceras que conozco. Y si quieren saber quiénes fueron los causantes indirectos de que despertara de esa forma tan humillante y vergonzosa, es simple: todo es por culpa de ellos. Mis amores platónicos, los guapos y talentosos MYA. De hecho, Jazmín y yo somos las orgullosas —y únicas— presidentas del club de fans en la escuela. Quizás solo somos tres integrantes, pero algo es algo, ¿no? En realidad, las fans devotas somos ella y yo. A la tercera integrante, Nicole, aunque costó un poco convencerla, no se pudo resistir cuando nos enteramos de que el remix de Suelta, Sola y Tranquila sería con CNCO. Ahí claudicó.

Me levanté del suelo y comencé a revolver el montón de ropa que descansaba en mi sillón, buscando algo que ponerme, cuando escuché unos golpes suaves en la puerta de entrada.

—¡Ya voy, mamá! —grité, asumiendo que era ella.

Nadie respondió. Los golpes se repitieron, un poco más fuertes esta vez.

—¡Dame diez minutos! —insistí, ya con cierta irritación.

—¿Cómo que ‘mamá’? —sonrió una voz conocida desde el otro lado de la puerta.

La abrí y allí estaba Jazmín, con su cabello negro como el azabache y esos ojos azules que siempre parecían contener un secreto divertido. Me sorprendió verla tan temprano.

—¿Jazmín?

—Obvio. Y no vine sola —dijo, haciendo un gesto con la cabeza hacia un lado.

—Holiiis —saludó Nicole, asomándose con una sonrisa amplia y despreocupada. Llevaba su mochila colgando de un solo hombro, como siempre.

—Hola, chicas… Pasen, ¿qué hacen aquí? —pregunté, todavía confundida mientras las dejaba entrar.

—¿Qué, ahora tenemos que pedirte permiso para venir? —bromeó Jazmín, cruzando los brazos con falsa severidad.

—No, no es eso, sólo que… no sabía que vendrían.

—¿Ahora no podemos visitar a nuestra mejor amiga? —Nicole puso cara de ofendida, pero sus ojos brillaban de picardía.

—Chicas, yo…

—¡Cálmate! Sólo era una broma —se rió Jazmín, dándome un empujón cariñoso—. Veníamos a buscarte para ir juntas al colegio. ¿Ya estás lista?

—Algo así… Digamos que todavía no sé qué ponerme y, bueno… —miré hacia mi habitación con gesto de disculpa— mi armario está un poquito desordenado.

Jazmín se asomó y silbó bajito.

—¿Un poquito? Parece que pasó un huracán por aquí, Sara.

—¿Me podrían ayudar, por favor? —rogué, con las palmas juntas.

—Con elegir la ropa, sí —concedió Nicole—. Pero con tu clóset, tendrás que organizarlo tú sola. Además, ya se está haciendo un poquito tarde.

—Está bien… —dije con cara de perrito triste, resignada.

Después de un debate rápido —y unos cuantos “no, eso no” por parte de Nicole—, elegimos un conjunto. Tomé mi mochila y estaba siguiéndolas hacia la puerta cuando un pensamiento repentino me golpeó.

—¡No puede ser! —solté, deteniéndome en seco.

Mis amigas se volvieron, desconcertadas.

—¿Qué pasó? —preguntó Jazmín.

—¡Tengo que desayunar! Mi mamá lo dejó en la…

La frase murió en mis labios al entrar a la cocina. Allí, frente a la mesa, estaba Jazmín con la última cucharada de mi avena a medio camino hacia su boca.

—¿Qué… qué comes? —pregunté, aunque la respuesta era obvia.

—Amiga, si tu mamá lo dejó en la mesa, creí que era para mí —dijo con una sonrisa que no lograba disimular del todo, mientras terminaba de comer.

—¿No desayunaste en tu casa?

—Sí, pero me dio un poco de hambre en el camino. Y tu mamá casi siempre nos da algo… Pero bueno, no importa —encogió los hombros, dejando el plato vacío en el fregadero.

—¡Genial! ¡Ahora me quedé sin comer! —exclamé, dejando caer los brazos a los costados con dramatismo.

—Tranquila, desayunarás algo en la escuela —propuso Nicole con pragmatismo, abriendo ya la puerta de salida.

—Nicole tiene razón —dijo Jazmín, limpiándose discretamente la comisura de los labios—. Si no nos vamos ya, llegaremos tarde de verdad. Vamos.

—Okay, okay… Como digan —suspiré, vencida.

Después de despedirnos con un beso al aire hacia donde creía que estaba mi mamá —que probablemente ya estaba en el jardín—, salimos. El colegio, por suerte, no queda lejos; a unos quince minutos caminando desde nuestra casa. Y sí, antes de que lo pregunten: todas somos vecinas y mejores amigas desde que tenemos uso de razón. La verdad, mientras caminábamos esa mañana, riéndonos y empujándonos suavemente, estaba completamente segura de que ese día sería exactamente igual a cualquier otro: predecible, rutinario y seguro.

Lo que no podía saber, mientras el sol de la mañana nos calentaba la espalda, era que a partir de ese instante, absolutamente todo en nuestras vidas estaba a punto de cambiar para siempre.

Amor Prohibido (MYA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora