Narra Agus
El show estuvo increíble. Las entradas se habían agotado semanas atrás, y esa noche el estadio era un mar vibrante de luces y voces que coreaban cada una de nuestras canciones. Ver cómo el público se emocionaba con cada invitado especial —Ruggero, Emilia, los pibes— fue algo hermoso, de esas cosas que llenan el alma y te recuerdan por qué hacemos esto. Con el grupo habíamos quedado en preparar un asado mañana para celebrar a lo grande; pudimos hacerlo hoy mismo, pero la verdad, yo estaba tan agotado, tan vaciado por la adrenalina del concierto, que lo único que anhelaba en este momento era llegar al departamento y hundirme en la cama.
Maxi me dijo que iría a cambiarse al camerino y que me esperaba afuera. Yo le dije que lo seguiría en un rato, porque en ese instante estaba entretenido hablando con Emilia, despidiéndonos y riéndonos de algún detalle absurdo de la noche. La energía post-concierto es siempre un poco caótica, un limbo entre la euforia y el agotamiento.
Estaba tan distraído, repasando mentalmente el setlist, que no me di cuenta de que había alguien más despistado que yo por ahí. Tanto, que terminamos chocando. Fue un ligero impacto de hombros, pero suficiente para desequilibrarnos a ambos. Por instinto, extendí el brazo y la sostuve del antebrazo con firmeza, evitando que cayera.
—Cuidado —dije casi por reflejo.
Al verla de frente, pude notar dos cosas al instante: primero, que se había asustado mucho, y segundo, que era muy linda. Tenía el cabello castaño y largo, con reflejos naturales donde la luz se posaba, y unos ojos enormes que, en ese momento de confusión, no pude distinguir si eran verdes o azules, porque brillaban con una mezcla de sorpresa y pánico.
—¿Estás bien? —pregunté, con un tono que intenté fuera más preocupado que molesto.
Su reacción fue… peculiar. Al momento en que alzó la vista y me miró realmente, su cara comenzó a transformarse en una sucesión rápida de emociones. Pasó del asombro puro a la confusión absoluta, y de ahí a una emoción tan intensa que sus pupilas parecieron dilatarse. Todo en cuestión de segundos. Por un instante absurdo, pensé: "Esta chica es bipolar". Hasta que, por fin, logró articular algo.
—Eres tú —dijo, con una voz que era apenas un susurro cargado de incredulidad.
No pude evitar soltar una sonrisa medio cómplice, medio nerviosa. Era una situación rara.
—Eehh, sí… yo soy yo —dije, bromeando para romper la tensión.
Ella negó con la cabeza, como si mis palabras no captaran la magnitud de su descubrimiento.
—No, hablo de que… tú eres Agustín Bernasconi.
Ah, claro. Eso. A veces se me olvida que, fuera de mi círculo, no soy solo "Agus". Soy eso: un nombre completo, una figura pública. Fue en ese momento que Emilia, que había estado observando la escena con una sonrisa divertida, decidió intervenir.
—Veo que ustedes dos tienen mucho de qué hablar —dijo, con un guiño—. Así que los dejo. Nos vemos, Agus. Fue un placer conocerte —añadió, extendiendo la mano de manera formal hacia la chica.
—Igualmente —respondió la de cabello castaño, con una timidez repentina que contrastaba con su expresión de asombro de unos segundos antes.
—Bueno, nos vemos, chicos —se despidió Emilia, alejándose con su séquito hacia la salida, dejándome a solas con esta fan que parecía haber olvidado cómo respirar.
—¿Hey? ¿Te pasa algo? —le pregunté, bajando un poco la voz. La notaba increíblemente nerviosa. Se retorcía los dedos, evitaba mi mirada directa, como si le avergonzara algo. Tal vez pensaba que yo era uno de esos artistas que se la dan de cancheros y tratan a la gente como les da la gana. Pero ese no es mi caso, nunca lo ha sido. Trato de ser lo más normal posible, sobre todo en estos momentos íntimos después del show.
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Amor Prohibido (MYA)
FanfictionSara y Jazmín son dos mejores amigas que pondrán su amistad a prueba cuando conozcan a sus amores platónicos: los guapos y talentosos MYA, conformados por Maxi Espíndola y Agustín Bernasconi. ¿Podrán pasar la prueba y seguir siendo las mejores amiga...
