CAPITULO 3

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Narra Sara

Aún no podía creer lo que las chicas me decían. Mi mente era un torbellino de ilusión y ansiedad, y todavía me costaba trabajo procesar la información. Ganar entradas era un sueño, pero la realidad —adulta y práctica— se interponía como un muro. Si realmente queríamos ir a ese concierto, necesitábamos idear un plan, y rápido.

Mis pensamientos, enredados en estrategias imposibles, se desvanecieron cuando la voz de Nicole me trajo de vuelta a la realidad.

—¿Sara? ¿Estás ahí? —preguntó, moviendo una mano frente a mi rostro.

—Ah… ¿qué? —respondí, parpadeando como si saliera de un trance.

—¿Sigues viva? —preguntó Jazmín, con una ceja arqueada y media sonrisa.

—Sí, sí, sí… ¿Qué pasa?

—Que tenemos que buscar la forma de que nuestros papás nos dejen ir al concierto —dijo Nicole, cruzando los brazos con determinación.

—En eso mismo estaba pensando yo —admití, frunciendo el ceño.

—¿Y si le pedimos a tu mamá que nos lleve? —sugirió Jazmín, con una chispa de esperanza en la mirada.

—No lo creo… Tiene mucho trabajo últimamente. No creo que pueda tomarse dos semanas libres.

—¿Y ahora qué haremos? —suspiró Jazmín, dejándose caer contra la pared del pasillo.

—Tranquilas —intervino Nicole, con una calma que nos desconcertaba—. Sé que encontraremos la forma. Siempre la encontramos.

—Nicole tiene razón —dije, intentando contagiar algo de su seguridad—. Pero por ahora, mejor vamos a clases. Si no, nos echan del salón otra vez.

Así, con la cabeza llena de planes a medio formar, nos dirigimos a nuestras aulas. El día transcurrió entre lecciones que no escuchaba y cuadernos donde garabateaba, sin querer, las palabras "Argentina" y "MYA" una y otra vez.

Cuando por fin sonó la campana de salida, no fuimos directo a casa. Nos detuvimos en la esquina de siempre, bajo la sombra de un árbol viejo, con el corazón latiéndonos fuerte. Cada una llevaba a casa una misión: convencer.

—Bueno, suerte, niñas —dije, apretando mi mochila contra el pecho—. Creo que la van a necesitar.

—Lo mismo digo —respondió Jazmín, mordiéndose el labio inferior—. Espero que todo resulte bien.

—Ya somos dos.

—Yo sé que todo saldrá bien, ya verán —aseguró Nicole con una sonrisa tranquila que, por algún motivo, me dio un poco de paz.

—Sabes qué, tienes razón. Todo saldrá bien. Cualquier cosa, les aviso —dije, y nos intercambiamos un abrazo rápido pero firme.

—¡Suerte, amigas! —gritó Jazmín, ya dando media vuelta.

—¡Suerte! —coreamos Nicole y yo al unísono, antes de separarnos, cada una hacia su propia batalla.

El camino a casa se sintió más largo que nunca. "Espero que esto funcione", murmuré para mis adentros, con la mano temblorosa sobre el pomo de la puerta.

Al entrar, el aroma a cebolla sofrita y cilantro me envolvió. Mi mamá estaba en la cocina, concentrada en picar verduras con ese ritmo suyo, rápido y seguro.

—Hola, linda. ¿Cómo te fue? —dijo sin levantar la vista, pero con una sonrisa en la voz.

—Muy bien… —respondí, dejando caer la mochila cerca de la entrada. Me acerqué lentamente, buscando el momento. Mis ojos se fijaron en su blusa, una de color lila suave—. Por cierto… ¿esa blusa es nueva? Se te ve preciosa.

Amor Prohibido (MYA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora