CAPITULO 10

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Narra Sara

Si esto era un sueño, que no me despertaran nunca. Literalmente teníamos en nuestras manos -o más bien, en nuestras servilletas arrugadas- los números de teléfono personales de Maxi y Agus. No lo podía creer. Ni en mis sueños más locos, en mis fantasías más elaboradas, me habría imaginado esto. Estaba flotando en una nube de emoción tan densa que apenas sentía el suelo bajo mis pies, hasta que la voz de Maxi me sacó de mis pensamientos.

-Saben que estuve pensando -dijo, apoyando los codos en la mesa con una expresión inspirada- y se me ocurrió una idea. ¿Por qué no, cuando terminemos de pasar la tarde en el parque, nos vamos para un karaoke que queda por acá cerca? Es re divertido y privado, nadie nos molesta.

-¡A mí me encanta el plan! -exclamó Agus de inmediato, sus ojos brillando con la propuesta-. ¿Y chicos, ustedes qué dicen?

-¡Posta, a mí no me caería mal cantar un rato! -apoyó Ruggero, dando una palmadita en la mesa-. ¿Qué decís, Cande? ¿Podés venir?

-¡Obvio! Estará re divertido -respondió Cande con una sonrisa amplia-. Además, a Gasti no le molestará que salga con unos amigos. Ya le cuento.

-De acuerdo, todo arreglado entonces -concluyó Maxi, haciendo una seña al mesero para pedir la cuenta.

-¿Y Male, Purrete, pueden venir? -preguntó Rugge, volviendo a hacer la ronda como había hecho con Cande.

El Purre y Malena intercambiaron una mirada de pesar.

-Bueno, nos encantaría -dijo Malena-, pero con el Purre y la familia quedamos en hacer un viaje todos juntos este fin de semana. Ya está todo reservado.

-¿Y no puede ser otro día? -preguntó Jazmín, mirándolos mientras hacía un puchero exagerado que hizo reír a todos.

-Quisiéramos -respondió el Purre con genuino pesar-, pero el viaje ya lo planeamos hace un montón y no lo podemos cancelar a estas alturas. Pero para la próxima, ¡de una!

-Okay, para la próxima será -asintió Agus, levantándose y sacando las llaves del auto del bolsillo-. Y, chicas, vamos. No quiero que tengan problemas con su tía por nuestra culpa.

-Técnicamente, es la tía de Sara -aclaró Nicole con una sonrisa-, pero, okay, el punto es válido.

Justo cuando salíamos del restaurante, el calor de la noche envolviéndonos, mi bolso vibró insistentemente. Saqué el teléfono y, al ver la pantalla, mi corazón dio un vuelco. Era nada más y nada menos que mi tía Andrea. Respiré hondo y contesté sin dudarlo ni un segundo, poniendo mi voz más dulce y alegre.

-¡Holiiiiis!

Al otro lado, el tono era todo menos alegre.

-¿Me quieres explicar dónde están? ¿Con quién están? ¿A qué hora llegan? ¿Ya cenaron?

-¡Ey, ey, déjame hablar! -intenté, manteniendo la calma-. Sí, gracias. Estamos con los chicos en un restaurante. Ya vamos para allá. Estamos bien, te lo prometo.

Hubo una pausa cargada.

-¿Segura?

-Sí, muy segura. Y no te preocupes, ellos jamás permitirían que algo malo nos pasara.

Su voz se elevó, llena de una preocupación que ahora se mezclaba con irritación.

-¿Cómo me dices eso? ¡Pues claro que me preocupo! No las he visto en todo el día. He tratado de llamarlas a cada una como veinte veces y ninguna me contesta. Y, por si no se te olvida, soy tu tía y están bajo mi responsabilidad. Así que si algo les llega a pasar, ¿a quién van a culpar? ¡A mí!

Amor Prohibido (MYA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora