CAPITULO 13

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Narra Maxi

Cuando terminamos de comer en el parque, nos subimos al auto para dirigirnos al karaoke. Las chicas ocuparon el asiento trasero, como ya era costumbre, Agus se instaló de copiloto y yo, como de costumbre, me senté al volante.

Antes de arrancar el motor, le hice una seña discreta a Agus. Necesitábamos confirmar si nuestra sorpresa extra seguía en pie. Él asintió, entendiendo al instante.

—Okey, ya les escribo —susurró, sacando su celular y empezando a buscar los contactos.

Pero por desgracia —o por la aguda curiosidad que parecían tener instalada por defecto—, las chicas nos escucharon.

—¿A quién le vas a escribir? —preguntó Jazmín desde atrás, inclinándose hacia adelante entre los asientos con los ojos brillantes de curiosidad.

En serio, estas chicas no se cansan de hacer preguntas, pensé, pero con una sonrisa.

—Ya verán —dije, manteniendo un tono tranquilo y misterioso.

—¿No me digan que esta es otra de sus sorpresas? —intervino Sara, mirándonos con esa expresión interrogativa que ya nos resultaba familiar.

Agus se volvió hacia ellas, jugando con el suspenso.

—Igual ya deberían estar acostumbradas. Además, somos dos chicos a los que nos encanta el misterio.

—¿De verdad? Wow —respondió Nicole desde el otro lado, con un sarcasmo perfectamente ejecutado—. En serio, no lo había notado.

—Pues sí —confirmé, encendiendo el motor—. Queremos que su estadía acá en Buenos Aires sea inolvidable. Es más…

Tomé mi teléfono y lo conecté rápidamente por Bluetooth a la radio del auto. Era una maniobra distracción clásica: música para ganar tiempo y desviar el interrogatorio.

—Hey, Agus, podés… —comencé, pero mi amigo me interrumpió.

—Yo elijo las canciones.

—Justo eso te iba a pedir —dije, fingiendo exasperación—. Porque yo estoy acá manejando y no puedo hacer las dos cosas al mismo tiempo.

—No, quédate tranqui —respondió Agus, con un tono de falsa preocupación—. Yo no quiero que te distraigas y choquemos. Así que dejá, yo me encargo.

—¡Hey! Pero tampoco soy tan mal conductor —protesté, aunque sabía que era una batalla perdida.

—Pues no —concedió él, con una sonrisa burlona—. Pero prefiero prevenir que lamentar.

—Cállate, Agus. A veces me caés mal —contesté, señalándolo con el dedo mientras salíamos del estacionamiento.

—Sos un boludo —me devolvió él, haciendo el mismo gesto.

—¡Agus! —intervino Sara desde atrás, tratando de ponerse de mi lado, aunque se notaba que estaba divirtiéndose.

—¡Hey! No me culpes —protestó Agus, riendo—. A veces lo es.

—Ay, dame acá. ¡Yo lo quiero! —exclamó Jazmín de repente, y en un movimiento rápido y decidido, le arrebató el teléfono de las manos a Agus.

—¡Qué, no! ¡Devolveme el celular, Jazmín! —gritó él, tratando de alcanzarlo, pero ella lo escondió tras la espalda, riendo.

—¡No, no quiero!

—¡Dámelo! —insistió Agus, girando en su asiento y estirando el brazo, mientras Jazmín se reía y esquivaba sus intentos.

La verdad, era muy gracioso verlos forcejear tan infantilmente por quién tendría el poder de la playlist. Nicole y Sara observaban la escena, divertidas.

Amor Prohibido (MYA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora