Narra Jazmín
Cuando por fin logré que mi teléfono reviviera después de una larga carga nocturna, lo encendí con ansiedad. Lo primero que vi, iluminando la pantalla, fue un mensaje de WhatsApp. No era de cualquiera. Era de mi príncipe azul —digo, de Agus—. El corazón me dio un brinco contra las costillas al leer la hora: enviado a las 11:24 p.m.
Hola, Jaz. ¿Cómo estás? Te escribía para pedirles disculpas de parte de los dos, porque hoy no pudimos salir con ustedes. Se nos presentaron una que otra cosita, y para cuando revisamos el celular, ya era tarde. Espero que puedan disculparnos. Nos gustaría reprogramar la salida para mañana, si pueden, claro. Agus.
Un sonido entre grito y chillido se escapó de mi garganta antes de que pudiera contenerlo.
—¡Chicas! ¡Chicaaaaaas! —grité, saltando de la cama y agitando el teléfono en el aire como si fuera un trofeo.
Las luces se encendieron de golpe. Sara se incorporó en su cama, con el pelo revuelto y los ojos entrecerrados.
—¿Qué te pasa a estas horas? ¿Son las… siete de la mañana? —murmuró, con voz ronca de sueño.
Nicole, en la cama de al lado, solo emitió un gemido y se tapó la cabeza con la almohada.
—¡Pasa que Agus me escribió! —anuncié, incapaz de contener la emoción que bailaba en mi pecho.
—¿Y para eso nos despiertas a las siete de un día que podríamos haber dormido? —protestó Nicole, saliendo un poco de su escondite de plumas para frotarse los ojos con fuerza.
—Oye, agradece que mi tía salió a caminar temprano —intervino Sara, sentándose y estirándose—. Porque si no, te apuesto que te hubiera lanzado un zapato. Créeme, lo ha hecho.
—¡Sí, como sea! —dije, ignorando sus quejas y acercándome a sus camas—. ¿Y qué le respondo?
—¿Qué te escribió? —preguntó Nicole, con un poco más de interés ahora que su cerebro empezaba a funcionar.
Le mostré la pantalla. Sara se inclinó para leer.
—Pues… me preguntó si podíamos reprogramar la salida para hoy. Ah, y me dijo que no pudieron venir porque estaban ocupados. Pero no sé qué responderle. ¿Sueno muy desesperada si escribo ahora mismo?
—Qué tal si bajamos a comer y ahí lo pensamos mejor —propuso Sara, bajando de la cama y empezando a buscar algo de ropa—. Con el estómago lleno y un poco más despiertas, todo se ve con más claridad. ¿Te parece?
—¡Okey, está bien! —acepté, aunque cada minuto de espera me parecía una eternidad—. ¡Vamos al comedor!
Abrí la puerta con energía y bajamos las escaleras hacia el restaurante del hotel. El aroma a café recién hecho y croissants cálidos nos envolvió, y poco a poco la niebla del sueño se disipó. Mientras desayunábamos —yo apenas podía concentrarme en mi jugo de naranja—, la conversación giró en torno a cómo responder. Nicole, siempre la más sensata, sugirió algo simple y directo. Sara propuso un toque de humor. Yo solo quería asegurarme de no sonar como una fanática psicótica.
Cuando por fin terminamos de comer, tomé mi teléfono con manos que temblaban ligeramente de emoción y me dispuse a escribir.
7:55 a.m.: Hola, Agus. Yo bien, ¿y tú? Disculpa que no te respondí anoche, pasa que mi teléfono se descargó y no había visto el mensaje. ¡¡Me perdonas!! 😍😍😍❤️
La respuesta llegó en cuestión de minutos, como si él también estuviera esperando.
7:59 a.m.: Hey, ¿qué onda? Todo bien. Y no, tranqui, me imaginé que ya estabas dormida.
ESTÁS LEYENDO
Amor Prohibido (MYA)
FanfictionSara y Jazmín son dos mejores amigas que pondrán su amistad a prueba cuando conozcan a sus amores platónicos: los guapos y talentosos MYA, conformados por Maxi Espíndola y Agustín Bernasconi. ¿Podrán pasar la prueba y seguir siendo las mejores amiga...
