—Una idea mejor —repetí, dejando que mis palabras flotaran un segundo mientras estudiaba su expresión—. Podría ser… ¿por ejemplo, un recorrido que termine con vos pidiendo el número de una tal Jazmín? O, ya que estamos, que incluyera algún momento 'accidental' para quedarte a solas con la de los ojos claros, ¿Sara, era? Eso sonaría a un plan mucho más interesante que solo enseñarles el Obelisco, ¿no te parece?
—Qué, no, por supuesto que no —replicó Agus de inmediato, su voz un tono más alta de lo normal. Se enderezó en el sillón, pasándose una mano por el cabello, ya desordenado de tanto discutir—. Además, ¿de dónde sacás una idea tan ridícula?
—¿Cómo que de dónde? —repliqué, sin soltar mi sonrisa—. Dale, Agus. Te enamorás cada cinco minutos.
—¡Qué! Naaaa, ¿qué decís? ¡Nada que ver! —protestó, pero noté cómo sus mejillas se teñían de un ligero rubor. Un signo clásico.
—Ah, ¿no? Entonces, ¿cómo es? Porque yo vi cómo las mirabas. Con ese ojito de cachorro perdido que solo ponés cuando algo —o alguien— te llama la atención de verdad.
—¿Y cómo las voy a mirar? ¡Normal! —insistió, levantando las manos—. A menos que estés viendo cosas donde no las hay.
Me levanté y me senté en el sillón frente a él, para poder estudiar mejor cada microexpresión de su rostro. Esto era mi deporte favorito.
—Mirá —dije, bajando la voz a un tono confidencial—. Podés engañar a quién vos quieras, pero a mí, no. Te conozco desde los quince años, casi desde que te mudaste a Buenos Aires. He visto todas tus etapas: el flequillo desastroso, la obsesión con el skate, la fase de querer ser poeta… Soy como tu mejor amigo. Casi tu hermano. Y por eso sé cuando estás ocultando algo.
Agus suspiró, pasándose una mano por el cabello, ya despeinado de tanto discutir.
—Solo son unas fanáticas que me cayeron re bien, ¿okay? Además, si todo este interrogatorio es porque me ofrecí para darles un recorrido por la ciudad, fue porque me pareció una idea re linda, nada más. Es todo. Ahora, pareciera que a quién le gustó una de las chicas no fui yo —concluyó, y me guiñó un ojo con picardía, intentando voltear la tortilla.
Me reí. Era un intento pobre.
—Bueno, al menos yo no tengo problema para admitir que son bonitas. Porque sí lo son. Pero hasta ahí. Reconocer un hecho objetivo no es lo mismo que lo que vos tenés en la mirada.
—¿Y qué tengo en la mirada, doctor? —preguntó, con los brazos cruzados, desafiante.
—Tenías… la mirada de quien ya está imaginando cuál sería la canción perfecta para dedicarle a alguien —dije, disfrutando cada palabra—. ¿O me vas a negar que mientras Jazmín te abrazaba como una liana, por un segundo, solo un segundo, no te preguntaste cómo sonaría tu voz susurrándole algo al oído?
Agus se quedó boquiabierto por un instante, su defensa se quebró. Luego, soltó una risa forzada.
—¡Estás totalmente loco! ¡No pensé nada de eso!
—Si te digo que me parecen lindas —insistí, sin soltar el hilo—, ¿me vas a dejar en paz?
—Aamm… tal vez —cedí, encogiéndome de hombros con falsa consideración.
—¡Si seguís con esto, le voy a decir a todos que tenés onda con mi prima! —amenazó, señalándome con el dedo.
—Pero no es cierto —repliqué, manteniendo la calma.
—Lo sé —admitió, y una sonrisa amplia y traviesa le iluminó el rostro—. Pasa que tenés un historial casi tan… limpio, que me cuesta un poquito encontrar con qué chantajearte. Sos aburridísimo, Maxi.
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Amor Prohibido (MYA)
FanficSara y Jazmín son dos mejores amigas que pondrán su amistad a prueba cuando conozcan a sus amores platónicos: los guapos y talentosos MYA, conformados por Maxi Espíndola y Agustín Bernasconi. ¿Podrán pasar la prueba y seguir siendo las mejores amiga...
