CAPITULO 19

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Narra Agus.

Después de estar como una hora jugando, con Maxi pensamos en que lo mejor sería ir a buscarles unas toallas secas a las minas; porque lo último que queríamos era que se resfriaran y nos echaran la culpa por eso. Así que en cuestión de segundos ya estábamos enfrente de las chicas con una toalla para cada una.

Pero de todas formas, tuvimos que volver a retirarnos; porque teníamos que cambiarnos la ropa. Pero mientras lo hacía, me estaba dando cuenta de que realmente me importaban y que no quería que se fueran sin antes decírselos. Por eso me fui prácticamente corriendo para el cuarto de mi amigo, pero en el camino fui detenido por las chicas, quienes notaron que algo me estaba pasando. A veces odiaba ser tan expresivo.

—Agus, ¿qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Te sientes mal? Porque si quieres, podemos pedir un taxi —dijo Jazmín, su voz llena de preocupación.

—¿Qué? No, tranquila, Jazmín. No pasa nada; es solo que tengo que ir a buscar una cosa en el cuarto de Maxi.

—Okey, ¿pero estás seguro de que te encuentras bien? Porque te noto un poco preocupado —intervino Sara, observándome con atención.

—Sí, cálmate, Sara. Yo voy, hablo con Maxi y nos vamos.

—¿No ibas a buscar algo? —preguntó la de ojos verdes.

—Por eso mismo; voy, hablo con él, busco lo que voy a buscar y nos vamos —dije, y me retiré antes de que pudieran hacerme otra pregunta.

Cuando llegué, abrí la puerta sin siquiera tocar, y cuando lo vi, estaba terminando de colocarse la remera y mirándome como si me fuera a matar.

—¿Vos te volviste loco? ¡Boludo, casi me matás de un infarto! Creí que eras alguna de las chicas.

—Pues no; lamento informarte, para tu mala suerte, que soy yo —dije con una gran sonrisa, tratando de aligerar el ambiente.

—¿Pero qué decís? ¿Te volviste loco? ¿O fue que el agua te afectó?

—Ay, ¿sabés qué? No tengo tiempo para esto. Tengo que decirte algo muy importante.

—Agus, ¿podés cortarla con los rodeos? Porque me estás mareando. Además, que no se te olvide que tenemos que llevar a ciertas nenas a su hotel.

—¿Sabés lo atrevido que suena eso?

—Yaaa, dejá lo mal pensado; esto es serio. Podrían enfermarse y no quiero tener que cargar con la culpa.

—Sí, tal vez tengas razón, pero ¡eso sí! Yo no voy; luego me lo agradecés.

—¿Qué? ¡No, nada que ver! Pero esperá, hay algo que aún no entiendo. ¿Por qué no vas a ir? Porque si no me equivoco, cierta chica que te interesa va a estar ahí.

—Por eso mismo. No quiero seguir confundiendo las cosas. Entonces prefiero quedarme aquí. Voy a despedirme de ellas y si preguntan algo, les diré que estoy ocupado o que simplemente no quiero ir.

—¿Estás seguro?

—Sí, muy seguro; ahora vamos —respondí. Y cuando salimos, me despedí de las chicas. Cuando se fueron, me dispuse a pensar en una que otra idea para que no se fueran o, al menos, no por ahora. El problema estaba en que cada idea que se me ocurría era peor que la anterior. Pero algo era seguro: me estaba empezando a enamorar de una de ellas y no la dejaría ir tan fácil, no hasta saber qué sentía ella por mí. Y sí, sé que les había mentido a los tres, pero tenía que estar solo si quería pensar qué era lo que iba a hacer.

Narra Maxi.

Luego de ir a comprarle la torta a Nicole para que se sintiera mejor, nadie dijo nada más durante todo el camino hasta que llegamos.

En resumen, me agradecieron por ser tan lindos y atentos con ellas y me dijeron que siempre podríamos contar con ellas. Yo, por otra parte, como todo un caballero, les dije que no tenían nada que agradecernos, que al contrario, nosotros teníamos que agradecerles a ellas por hacernos pasar unos días tan divertidos.

Cuando por fin nos despedimos, me fui directamente hasta el departamento. Durante todo el camino, no podía dejar de pensar en esos hermosos ojos azules que me volvían loco. Tal vez mi amigo tenía razón, solo que yo no lo admitiría tan fácilmente.

Cuando aparqué el auto, subí rápidamente hasta nuestro piso, pero en cuanto entré, me encontré con una escena un tanto extraña: Agus estaba sentado en el sillón de la sala y con un montón de papelitos regados por todo el piso.

—¿Me querés explicar qué pasó acá? Oh, no. Creo que tengo una idea. ¿Adivino? ¿Empezaste a componer? ¿O te pusiste a hacer origami y como viste que sos pésimo, tiraste todos los papelitos al suelo? ¿O me equivoco?

—Sí, te equivocás; no es ninguna de las dos. Es algo mucho más importante.

—¿Entonces qué pasa? Hermano, me estás asustando.

—Tiene que ver con las chicas, y no me digas que no te importan porque los dos sabemos que sí.

—Bueno, pero contame: ¿qué es todo esto?

—Es muy simple: me tenés que ayudar a pensar en un plan para que ellas no se vayan —respondió mi amigo mientras recogía los papeles que estaban tirados.

—¿Sabés qué? Sí, tengo una idea. ¿Qué tal si las tenemos acá secuestradas hasta que pierdan el vuelo? —respondí de manera sarcástica.

—¡Y yo que pensaba que mis ideas eran terribles! Obvio que no haremos eso. Sos un desastre para esto.

—Agus, estaba siendo sarcástico. Está más que claro que no vamos a hacer absolutamente nada para evitar que se vayan. Lo mejor va a ser que disfrutemos estos últimos días que nos quedan con ellas y que no hagas o digas nada que pueda perjudicarnos.

—Pero ¿qué decís? Si yo soy un angelito —respondió de forma inocente.

—Sí, cómo no. Mirá que te conozco y sé que cuando te gusta una chica, hacés de todo para conquistarla.

—Quedate tranqui. No voy a hacer o decir nada que ella no quiera.

—¡Aguuuss! —dije, reprendiéndolo.

—¿Qué? ¿Me vas a negar que no te pasa nada con Jazmín? Y no trates de negarlo, porque los dos sabemos que en el fondo te morís por robarle un beso. ¿O me equivoco?

—Dale, rey, ¿estás acá para hablar de mi vida sentimental o de otra cosa?

—No trates de evadir el tema —dijo, mirándome muy seriamente.

—No, no te lo voy a negar. Pero tampoco voy a hacer nada para evitar que se vayan, porque al final no somos nadie para tratar de evitarlo. Tenés que entenderlo, y nada de planes complicados. ¿Entendido?

—Okey —dijo, no muy convencido.

—No vamos a hacer o decirles nada. ¿Quedó claro?

—¡Sí, Maxi, ya entendí! No hace falta que me lo recuerdes cada cinco segundos.

—Bueno, está bien. Confío en vos. Ahora arreglemos todo esto para irnos a dormir.

Después de que terminamos de recoger todo, me fui para la cocina a comerme los pochoclos que habían quedado. Pero había algo que me estaba dando vueltas en la mente. Agus me había prometido que no iba a cometer ninguna estupidez, pero una pequeña parte de mí sabía perfectamente que él iba a hacer cualquier cosa para declararle sus sentimientos a Sara. Solo esperaba que todo esto no terminara siendo un completo desastre.

Amor Prohibido (MYA)Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora