Narra Jazmín
Al momento de despedirnos de nuestros padres, fue todo un drama. Ya saben la típica historia de "nuestras niñas están creciendo y se irán de viaje a otro país sin nosotros". La mamá de Sara y la de Nicole no querían soltarlas ni por un segundo. Por mi parte, estaban mis hermanos y mi papá, que eran demasiado sobreprotectores, así que se podrán imaginar la escena: abrazos que asfixiaban, consejos repetidos hasta el cansancio y ojos brillantes con lágrimas que no terminaban de caer. No fue hasta que escuchamos el último y urgente llamado para abordar que logramos desprendernos de ellos. Con promesas de llamar cada noche y una última ola desde la distancia, en cuestión de minutos ya estábamos en nuestros asientos, con el corazón acelerado y a punto de despegar.
Había pasado como una hora de vuelo, y las chicas ya habían buscado la manera de distraerse. Nicole estaba completamente absorta en una película de la pantalla del asiento, con sus audífonos puestos. Sara leía un libro, pero notaba cómo sus ojos se perdían en la misma página una y otra vez, su mente claramente en otro lugar. Yo, por otro lado, estaba tan aburrida que solo me quedé mirando por la ventanilla, observando cómo las nubes formaban paisajes efímeros en la inmensidad azul, hasta que el cansancio y el ritmo constante de los motores me vencieron y me quedé profundamente dormida.
Para cuando lo noté, el avión ya descendía y estábamos en otro país. La voz de la comandante anunciaba la bienvenida a Buenos Aires en un español con un acento musical y distinto. La sonrisa de las chicas era indescriptible, pura luz y maravilla. Y la mía, pues se podrán imaginar: una mezcla de incredulidad y euforia que me hacía temblar las manos. Al bajar del avión, la emoción nos desbordó y, sin poder contenernos, empezamos a cantar y saltar de felicidad allí mismo, en la pasarela de llegada. No fue hasta que la tía Andrea, con una mezcla de diversión y exasperación, nos mandó a callar para poder pedir un taxi que nos llevara al hotel, que nos calmamos un poco.
—No puedo creer que de verdad estamos aquí —dijo Sara con una sonrisa de oreja a oreja mientras miraba por la ventana del taxi, absorta en el paisaje urbano que se movía rápidamente.
—Pues ya somos dos —respondí, apretando su mano con la mía en un gesto de complicidad.
—Chicas, miren esto —intervino Nicole, levantando un folleto a todo color—. Me estaba fijando en la descripción del hotel. ¡Es inmenso! Súper bonito, tiene de todo.
Tomé el folleto y mis ojos se abrieron más.
—Wow, sí… Tiene tantas cosas. ¿Ven? Piscina cubierta, spa, varios restaurantes… Nos tomará días para recorrerlo entero.
—Bueno, todavía tenemos tiempo —dijo Sara, optimista.
—Claro, pero supongo que también iremos a recorrer la ciudad, ¿no? —pregunté, sintiendo cómo la aventura se expandía más allá de las paredes de un hotel.
—Eso no lo dudes —aseguró Sara.
—¡Niñas, ya llegamos! —anunció la tía Andrea mientras el taxi se detenía frente a una imponente estructura moderna y elegante.
Efectivamente, el hotel era hermoso y enorme. La entrada era amplia, con techos altos y decoración contemporánea. Todavía parecía un sueño, como si en cualquier momento fuera a despertar en mi cama. Todo lo que estaba pasando tenía la textura irreal de un deseo cumplido.
—Bueno, mejor hablamos con la recepcionista, guardamos nuestras cosas y bajamos a cenar —propuso Nicole con su lógica impecable—. Porque no sé ustedes, pero yo tengo hambre.
—Ya somos dos —dije al unísono con Sara, y las tres soltamos una risa nerviosa y emocionada.
Después de registrarnos y llevar nuestras maletas a la habitación —que era amplia, luminosa y con una vista impresionante de la ciudad—, bajamos a cenar. Quisimos recorrer un poco el lugar, pero el viaje nos había agotado. Cada músculo pedía descanso, y la idea de explorar se desvaneció ante el llamado irresistible de la cama.
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Amor Prohibido (MYA)
FanfictionSara y Jazmín son dos mejores amigas que pondrán su amistad a prueba cuando conozcan a sus amores platónicos: los guapos y talentosos MYA, conformados por Maxi Espíndola y Agustín Bernasconi. ¿Podrán pasar la prueba y seguir siendo las mejores amiga...
