El aire acondicionado dentro de la habitación marcaba los 24° en la pantalla, aun así, Valentina sentía que estaba dentro de una nevera. Usaba un suéter de mangas largas color rosa pastel que sabía que la hacía quedar bien en las fotos, pero en ese momento se arrepentía de llevarlo puesto; la tela suave era muy fina para protegerla de aquel frío.
—Puede pedirle que pase, por favor —dijo Valentina a la doctora Francis, la única persona que las acompañaría durante toda la entrevista.
La doctora Francis era una mujer alta, de contextura delgada y con un cabello liso, teñido de un rojo fuerte que la hacía ver una persona ruda. Era la doctora a cargo de Madiel, y quien había llamado a Valentina días atrás para agendar aquella cita.
Aún faltaban varias cosas para arreglar y poder comenzar con la entrevista. Solo a Valentina se le permitió entrar al centro médico, así que no pudo acompañarla nadie de su equipo. Ella sola debía encargarse de calibrar el brillo del aro de luz, enfocar la cámara Canon profesional que descansaba sobre el trípode y apuntar a la mesa en medio del cuarto.
Pero estaba tan ansiosa por conocer a Madiel. Así que arreglaría todo lo más rápido posible para comenzar de una vez.
La doctora Francis abrió la puerta y la luz del pasillo iluminó aquel cuarto que se mantenía bajo una gran oscuridad, debido a las ventanas antiguas de metal cerradas que evitaban que el ruido externo se filtrara.
Valentina se encontraba en el tercer piso del nuevo instituto psiquiátrico de Lara. Un edificio de más de cinco pisos en la zona más alejada de las montañas que rodean la ciudad de Barquisimeto. Era un edificio antiguo, 70 años atrás había funcionado como manicomio para pacientes con trastornos agresivos. Pero, recientemente una empresa privada extranjera lo había comprado y lo convirtió en el centro psiquiátrico más moderno de la ciudad.
Cada dólar se había invertido en eliminar esa imagen de hospital embrujado que antes caracterizaba al edificio: cuartos y pasillos completamente limpios e iluminados, cada pared finamente pintada de un blanco tan puro que daba la sensación de que todo estaba nuevo.
Pero nada se comparaba con el hermoso jardín que rodeaba todo el lugar; la grama verde, los enormes helechos y las palmeras altísimas que habían enamorado a Valentina desde que llegó.
—Listo, aquí está —dijo la doctora Francis mientras abría la puerta a Madiel.
—Mucho gusto, señorita Santalla —se apresuró Valentina a saludar, avanzando velozmente y con ambas manos sujetando la de Madiel mientras la miraba con detalle de pies a cabeza.
—Gracias —respondió Madiel con un tono suave. —Veo tus vídeos desde hace mucho tiempo y me gusta mucho el contenido de tu canal.
—Oh... Gracias —dijo Valentina con voz melosa y un poco sonrojada.
Madiel llevaba puesta una pijama blanca, correspondiente al uniforme de los pacientes dentro de la institución. Su cabello negro era tan oscuro como el carbón, estaba recogido por una cola y llevaba la boca pintada de un color rojo intenso, a pesar de que Valentina sabía que estaba prohibido que las pacientes usaran maquillaje.
Madiel era pequeña, incluso más que Valentina, y aunque la ropa de la clínica era suelta, se podía notar que tenía muy bonita figura.
—Siéntate por favor, solo dame un segundo que acomode todo y podremos iniciar.
Madiel obedeció y se sentó mientras tomaba la botella de agua, sirviéndose en uno de los vasos desechables que estaban sobre la mesa. Fuera de eso y el micrófono, no había ningún otro objeto entre ellas dos.
—Me gustan mucho tus primeros vídeos —comenzó a decir Madiel luego de tomar agua —aunque ahora solo subes pódcast y llevas tiempo sin subir un vídeo como los de antes.
—Sí, bueno —respondió Valentina con sequedad, aquello era algo que siempre le decían en los comentarios de su canal. —Últimamente, es más difícil monetizar en YouTube, editar vídeos de calidad es costoso y llevan más tiempo para realizarse.
Valentina acomodaba la base del aro de luz para que estuviera a la altura perfecta de ellas dos.
—En cambio, los pódcast son más fáciles de editar, no es necesaria tanta planificación y me permiten subir el contenido a varias plataformas a la vez.
—Ah, claro —respondió Madiel como si la explicación de Valentina la hubiera decepcionado.
La doctora Francis tomó una silla y la alejó de la mesa, saliéndose del encuadre de grabación de la cámara. Recostó la silla contra la puerta como si fuera un guardián que debía evitar que alguien entrara por ella "o que saliera", pensó Valentina. Luego la doctora sacó un cuaderno pequeño con su bolígrafo del bolsillo enorme en su bata de médico y comenzó a escribir algo en él.
—Listo —dijo Valentina, presionando el botón de la cámara mientras ésta enfocaba automáticamente la mesa. "El cuadro es perfecto", pensaba mientras se movía hasta su lugar en la mesa. La cámara grabaría a ambas mujeres sentadas, una frente a la otra, en una mesa rectangular de acero. La oscuridad y el ángulo del aro de luz permitían que tanto Madiel como ella se vieran perfectamente, y el grosor de aquellas paredes hacía que fuera imposible que el ruido externo entrara al cuarto. Todo debía quedar bien, aquella entrevista sería la más importante que había realizado hasta ahora para su canal.
ESTÁS LEYENDO
LOS PECADOS DE MADIEL
HorrorLa repentina aparición de una aplicación letal transforma la vida tal como la conocemos, convirtiendo el mundo en un lugar donde la sociedad enfrenta una ola de suicidios masivos. Las principales víctimas de este extraño fenómeno son jóvenes. Los c...
