El celular se bloqueó y me quedé observando mi propio reflejo en la pantalla.
―Qué porquería ―me dije a mí misma. Estaba decepcionada, todo el asunto sobre ABNF me pareció una grandísima estafa. Entonces, la pantalla del celular se iluminó nuevamente y pasó a sonar el tono de llamadas. Comencé a experimentar un presentimiento de que las cosas iban mal, un extraño temor sin saber a qué exactamente.
Acerqué el teléfono a mi rostro y leí en la pantalla <Número Privado>. "¿Acaso sería la aplicación?" Obviamente lo era, lo último que me habían mostrado era que iba a recibir una llamada.
¿Pero? Yo jamás les había dado acceso a mi información del celular, tampoco les había permitido el acceso a mi galería, ni todas esas cosas que te dicen las aplicaciones cuando las instalas. Bien, ahora que lo pienso, esa aplicación nunca me había pedido acceso a nada. Cuando la estaba instalando no me pareció extraño, pero ahora sí que estaba comenzando a alarmarme. Ahí caí en cuenta de que había descargado una aplicación ilegal que bien podía ser un programa malicioso. Accediendo a todos mis datos, carpetas y, obviamente, a mi número celular.
Me levanté de la cama con el celular en la mano, que continuaba sonando insistentemente. Caminé hasta la cocina en búsqueda de un vaso de agua para que me ayudara a apaciguar los nervios. El teléfono solo repicaba una y otra vez mientras seguía anunciando una llamada entrante.
No sabía qué hacer. ¿Quién me llamaba? ¿Qué me iban a decir? ¿Qué tan peligroso era aquello? Me tomé casi todo el vaso de agua mientras aquel timbre seguía sonando.
Me serené un poco, pensé que estaba exagerando todo y supe que solo había una forma de salir de dudas.
Así que contesté la llamada...
―Aló.
―Buenas noches, señorita Madiel. La estamos llamando de ABNF, referente a su solicitud para conocer si su alma está condenada al infierno.
La voz era de una mujer. Hablaba con seriedad y un tono muy tranquilo, como esas mujeres que te llaman de un call center para venderte algo.
―¿Cómo hacen para llamarme si no les di mi número telefónico? ¿Con quién trabajan ustedes?
―Somos una organización independiente y no pertenecemos a ninguna empresa, logramos ubicarla gracias a los datos de usted que tenemos en nuestros archivos. Ahora agradeceríamos que, por favor, comenzáramos lo antes posible con la entrevista.
―Bueno, está bien... Comencemos entonces.
Recuerdo reírme mientras me sentaba y me acomodaba en la pequeña mesa del comedor. Ya se había dispersado de mí aquella sensación de pánico y malicia. Ahora toda la situación la veía como algo curioso.
―Las siguientes preguntas serán sobre los hechos en su vida, que bien son posibles causas suficientes para condenar su alma. Usted conoce estas acciones como pecados. Comenzaremos en el orden de la fecha en la que usted los realizó.
―Ok, claro, estoy esperando.
Ya me encontraba ansiosa, una parte dentro de mí quería colgar la llamada y dejar de perder el tiempo en esa ridiculez. Estaba segura de que aquello era una broma de Raúl con alguna muchacha de cómplice. Imaginaba que estaba grabando la llamada y riéndose de mí al otro lado del teléfono, pero seguí llevándoles la corriente porque quería ver qué sucedería más adelante.
―Bien ―respondió la mujer― primera pregunta, ¿por qué asesinó a Royer señorita Madiel?
―¡Ja, ja ja! ―gracias a Dios vivía sola, mi carcajada hubiera despertado a cualquiera en la habitación. ―Estás equivocada amiga ―respondí con los ojos vidriosos por la risa ―yo no conozco a ningún Royer y tampoco recuerdo haber matado a ninguna persona en el pasado.
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LOS PECADOS DE MADIEL
TerrorLa repentina aparición de una aplicación letal transforma la vida tal como la conocemos, convirtiendo el mundo en un lugar donde la sociedad enfrenta una ola de suicidios masivos. Las principales víctimas de este extraño fenómeno son jóvenes. Los c...
