Las luces de todo el apartamento se apagaron. Los objetos en mi habitación comenzaron a moverse: cuadernos, fotos, el maquillaje sobre los estantes, todo fue a caer al suelo, como si alguien lo lanzara con fuerza. Recuerdo cubrir mi rostro con ambas manos, rogando que todo aquello termine. Así, eso significaría acabar con mi propia vida.
La puerta del cuarto se abrió lentamente, dejándome ver a la anciana que se preparaba para entrar, con su espantosa sonrisa dibujada en su rostro. Pero esta vez traía algo en sus brazos... Era un bebé.
El bebé estaba bañado en sangre. Se retorcía de un lado a otro, mientras mamaba de uno de los pechos arrugados de ella. El niño venía envuelto en telas rojas, por la misma sangre empapada. Ya era hora; habían venido a buscarme.
La bruja se acercó poco a poco a mí, sin quitarme su mirada de encima. Hizo un movimiento con su mano y el cuchillo se elevó sobre el suelo, saliendo disparado velozmente hasta enterrarse en su palma. Hice una mueca de dolor cuando vi cómo ella desencarnaba el cuchillo de su mano, mientras toda aquella sangre negra goteaba en el piso. Me lo ofreció, y yo lo acepté temblorosa y sin poner ninguna resistencia.
Ella no decía palabra alguna, solo su gemido tétrico y espantoso de siempre. Pero yo entendía perfectamente lo que pasaba; quería que fuera con ella, ya era hora y no había vuelta atrás, el juicio estaba por terminar y ya yo sabía cuál sería el veredicto.
Veía el cuchillo en mis manos y quedé hipnotizada, observando el reluciente metal manchado de la espesa sangre. Sentí la carne de mis muñecas abriéndose solas, con la sangre saliendo a montones. Las cortadas me ardían y veía cómo se pudrían rápidamente, brotando de ellas un amarillento pus en grandes cantidades.
"Vamos, solo toma el cuchillo y entiérralo en tu garganta, ahí justo en la vena. "El dolor y el sufrimiento se irán después de eso", pensé.
Aquella bruja estaba enfrente de mí, sonriendo y esperando pacientemente. El dolor y mi miedo se mezclaban, mientras yo sentía que no podía aguantar más.
Muchos recuerdos comenzaron a llegar todos juntos a mi mente; entonces cerré los ojos y, desesperada, comencé a gritar.
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LOS PECADOS DE MADIEL
TerrorLa repentina aparición de una aplicación letal transforma la vida tal como la conocemos, convirtiendo el mundo en un lugar donde la sociedad enfrenta una ola de suicidios masivos. Las principales víctimas de este extraño fenómeno son jóvenes. Los c...
