Capitulo 7 -Parte 4-

730 207 14
                                        

  —¡Lo siento!, de verdad, por favor, ¡perdónenme! Nunca quise matar a Royer, de verdad, solo quería jugar con él. No quiero morir sin antes pedirle perdón a Javier. Él merece saber la verdad sobre lo que pasó.

    "Yoselin", pensé "no te olvides de Yoselin".

    —¡Por favor, Yoselin, perdóname! Te juro que no sabía, no sabía todo aquello, no pensé que de verdad te habían lastimado tanto. Debí cuidarte, jamás debí dejarte sola. ¡Dios! Fue mi error, debí averiguar más, debí intentar hablar contigo. Pero solo dejé todo así y pagué mal tu amistad, ¡no sabes cuánto lo siento!, y si pudiera, me cambiaría por ti. No te merecías eso. ¡Por favor, perdóname!

    Lloraba como niña pequeña. Abrí los ojos y me encontré de frente a aquella mujer, a solo unos pocos centímetros de mi rostro; me estaba entregando aquel bebé envuelto. Lo tomé y lo sujeté entre mis brazos. Era un bebé recién nacido, todo cubierto de sangre y con una piel gris y pálida.

    Todo estaba oscuro, las cosas en la habitación chocaban una y otra vez contra las paredes, todo volaba a mi alrededor.

    El bebé abrió los ojos y me miró, haciendo una triste mueca, como esos pucheros que hacen los niños cuando están a punto de llorar. De sus ojitos comenzaron a salir lágrimas de sangre, mientras chillaba y se batía descontrolado.

    Hice un gran esfuerzo para evitar gritar, mientras cerraba mis ojos en un intento por no enloquecer al verlo. Comencé a hablarle a ese bebé, ya sin fuerzas, ni voz.

    —Por favor, perdóname, por favor, perdóname. Jamás te odié, te lo juro. Cuando me enteré de que estaba embarazada, lo último que pasó por mi mente fue abortarte. Yo estaba desesperada, tenía mucho miedo y no sabía qué hacer, así que le conté a mi mamá. Ella fue la que me dijo que no podía tener un bebé, que aquello arruinaría mi vida. Ella fue la que me pidió que abortara; tuve miedo, no quería, pero no sabía qué hacer, de verdad, solo dejé que ella actuara por mí. Me llevó a ese lugar y me asusté al ver todo aquello. En el último momento, antes de que me anestesiaran, me arrepentí, te lo juro que me arrepentí. Pedí que ya no te hicieran nada, que quería irme de allí, que quería tener al bebé.

   Pero mi mamá me agarró fuerte. Me sujetaron con fuerza y me anestesiaron. Mientras perdía el conocimiento, repetía desesperadamente, antes de dormirme, que por favor no te mataran, que por lo que más quisieran no te mataran. Pero cuando desperté sentí aquel gran dolor en mi vientre, y ya era tarde, ya te habían sacado de mí.

    Me odié por eso durante mucho tiempo; sufrí y lloré demasiado por ti. Por eso comencé a sentir tanta rabia hacia mi mamá, por eso apenas tuve la oportunidad abandoné la casa y me alejé de ella. Tu recuerdo siempre me persigue, bebé; a veces, cuando te recuerdo, lloro en el baño.

    Si mi alma ha de quemarse en el infierno por toda la eternidad, lo acepto. Es justo lo que me merezco por el daño que te hice. Pero, por favor, perdóname, por lo que más quieras, por favor, perdóname; tu perdón me dará fuerzas para enfrentar el abismo eterno, y así aceptaré con total calma mi condena. Nunca te odié, eras parte de mí, eras mío, eras mi niño.

    Las lágrimas caían de mi rostro mientras sentía una mano pequeña que tocaba mi pecho, era fría y tenía unos dedos cortos que se cerraron en un puño, dándome un pequeño golpe en el pecho.

    Lo presioné con fuerzas contra mí, y lo abracé sintiendo un dolor enorme en mi corazón, quería remediar las cosas, de alguna manera, quería arreglar todo el daño que había causado.

LOS PECADOS DE MADIELDonde viven las historias. Descúbrelo ahora