Jonathan Scott.
—Señor, ya le he dicho que no puede entrar— la enfermera me repitió lo mismo una vez más.
—¡Es que no lo entiende! ¡Soy su novio! ¡Estoy preocupado!
—La señorita Nathalia va a estar muy bien, es una chica fuerte...puedo notarlo, está luchando por su vida....
—¡Tan mal está!
—Por favor...cálmese— me pidió.
—¡Dios!— pasé la mano por mi cabello. No era posible que ella estuviera tan mal que no podían dejarme entrar.
No sé qué hora era ya, Max, Harry y yo estábamos sentados en las sillas cuando llegaron los padres de Nathalia, ellos nos miraron, pero esta vez, no lo hicieron con el repudio que lo habían hecho la primera vez.
—Chicos— la madre de Nathalia habló con los ojos llenos de lágrimas. —¡Muchísimas gracias!— bajó la mirada. —Los juzgamos mal la primera vez, y por eso quiero disculparme...estoy muy agradecido de que nos hallan llamado, y que hallan cuidado de mi pequeña niña.
—No hay de que, señora...y no pasa nada, comprendemos que no dimos una buena primera impresión.— dijo Max con una sonrisa que no le llegó a los ojos.
Era increíble, ver como un par de monstruos se ablandan y se volvían totalmente diminutos y vulnerables cuando tenían a un ser querido en un estado así, supongo que en el fondo, todos tenemos un poco de bondad.
—Supongo que no habéis comido nada...así que he traído hamburguesas y café para todos— le entregó una bolsa a Harry, quien repartió las cosas y comenzamos a comer, no sin antes agradecerle.
—¿No podemos entrar a verla?— habló por primera vez el señor Wilson.
—No, no se puede— le respondí.
—¿Por qué?
—No lo sé, simplemente no nos dejan.
—Irmos a buscar a algún doctor que nos informe chicos, pueden regresar a la academia si lo desean— dijo el mientras tomaba a su esposa de la mano para marcharse.
—No comprendo cómo pasó esto— le susurró Harry a Max.
—Tampoco yo.
—Es que, no entiendo ¿A dónde iba ella? ¿Para que salió de la escuela? ¿Qué necesitaba?
—Solo espero que se recupere pronto.
—Lo hará— estaba convencido de que lo haría.
Una doctora joven venía acompañado a los padres de Nathalia, los mismos traían una cara de angustia que me estaba asustando.
—Es bueno tenerlos aquí— la doctora sonó honesta. —Ella está mal, a perdido mucha sangre, vamos a necesitar una transfusión...y ¿Quien mejor para realizarla que sus padres?
Ambos se miraron asustados, esto no iba a salir bien, carajo...
—Claro...— accedió el señor Wilson.
ESTÁS LEYENDO
Lo que nunca te dije
Novela JuvenilSe enamoró, de quién no imaginaba, de quién no esperaba, y de quién no estaba buscando. Entonces, aprendió que el amor no se elige, es el quién nos elige a nosotros.
