Capítulo: 17

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Habían pasado demasiadas cosas en tan solo dos meses y un poco más, eso me ponía de los nervios, estaba fuera de control, no quería hablar con nadie, incluso le había dado una golpiza a Max, ¡Mierda! No sabía lo que me estaba pasando, pero fuese lo que fuese, a Nathalia le preocupaba, y eso, me gustaba, todas las tardes, luego de que saliera de sus salón, ella llegaba a mi puerta, podía escuchar sus pasos, luego apoyaba la frente en la puerta, y susurraba cosas como. Siento tanto haberte hecho molestar. No sabía que te pondrías así, perdóname por favor. ¿No vas a salir a cenar? Por favor dame una señal de que estás vivo. No me ignorarás toda la vida ¿Verdad? Jonathan, te extraño, extraño contar contigo, y mucho. Por favor ya deja de evitarme. Sal de esa maldita habitación, carajo. Y en el fondo, me reía, reía de su aptitud de niña que se mutila pensado que lo que hizo estaba mal. Aún recuerdo la primera conversación que tuve con Max sobre ella.

Tiempo atrás.

—¡Es perfecta!

—No lo sé Jonathan— me susurró. —Has dicho lo mismo con todas las demás.

—Si, pero ésta vez es diferente.

—Siento que ya he escuchado esto antes, no puedes jugar con todas las chicas, no todas se lo toman igual. ,

—No voy a jugar con ella, Maxi, creo que ésta vez es la indicada.

—Y yo siento que eres un gilipollas, y que necesitas atenderte con un psicólogo, y que tienes que alejarte de ella, es una chica inocente, Jon, va a terminar muy herida, ¿Y si acaba suicidándose? Si no lo hace, vivirá con un gran dolor en el corazón, busca a otra chica indicada Jon, a ella solo le vas a hacer daño.

Actualidad

No voy a negar que desde la primera vez que la vi en persona me dejó babeando, y más un cuando me demostró lo dulce y tierna que podía ser una persona, fue lo más cercano al amor que tuve, ella, nada más, las otras, solo eran sexo, solo llevábamos una semana cuando me aburría y sentía la necesidad de conseguir algo nuevo, pero con ella era distinto. Pero tal vez mi gran amigo al que había golpeado tenía razón, tal vez yo no era para ella, y ella no sería para mí, tal vez habíamos estado destinados a conocernos pero no a estar juntos. Sin embargo, no podía imaginar cómo otra persona que no fuera yo, la hiciera reír, la mirara, la tocara, la besara. ¡Joder! De solo pensarlo, me dolía en lo más profundo de el alma. Estaba enamorado hasta la médula. Me reí de mi mismo, y de lo tonto que sonaba, y de lo cursi que me ponía cuando pensaba en ella. Estos días no había hecho más que meterme drogas, fumar, y escuchar como ella me hablaba tras la puerta. Justo en el momento en que fui a prender mi cigarrillo, escuché sus pasos en el pasillo, era ella. No tardó en llamar.

—Hey— susurró. —Soy yo de nuevo— pude imaginarla con una sonrisa triste. —No ha sido un gran días, necesito ayuda... necesito...¡Mierda!— la escuché quejarse como si le doliera algo. —Te necesito— dijo antes de ponerse a llorar. Escuchaba su llanto de el otro lado, y eso me hizo tensar hasta los dientes, pensar que alguien la había lastimado me daba tanto miedo, que ni siquiera me di cuenta de que estaba parado detrás de la puerta con la llave en la cerradura. —Ya sé que no te importa, y que no vas a abrir, mucho menos aceptar mi invitación, pero ésta navidad, voy a pasarla sola, y quería que vinieras conmigo y los demás, Max dice que no pasa nada, que está dispuesto a convivir contigo.

Entonces abrí la puerta, y lo que vi, no me puso nada contento, era ella, si, pero su cabello estaba regado, su labio inferior sangraba, y sus ojos mostraban el dolor, el cansacio. ¿Qué carajos le había pasado? ¿Qué le habían hecho? O mejor ¿Quien? Por qué parece que tenemos uno o varios muertos en ésta Universidad.

Ella también me miró asustada, lo sé, mi apariencia no era la mejor, tenía grandes ojeras, y la pérdida de peso había sido notoria, además de que mi cabeza, parecía un nido de aves, ella miró con asco el interior de mi habitación del cual salía un fuerte olor a cigarro y marihuana, volvió su mirada hacia mí y ninguno de los dos dijo nada. Sin embargo, ella se lanzó a mi, hundió su cara en mi pecho y clavó sus dedos en mi espalda.

Estaba asustado, ella no paraba de llorar, comenzé a acariciar su cabello con mi mano temblorosa para intentar consolarla, entonces ella por fin habló.

—Esto...esto no es lo que imaginé para nosotros— susurró entre sollosos. —No fue así que nos imaginé...

Apoyé mis manos en sus hombros y los apreté, escuché que se quejaba, pero la separé de mi cuerpo. Miré seriamente sus ojos llorosos que me miraban como si me suplicaran por un abrazo.

—¿Qué te pasó?

No obtuve respuesta, solo conseguí que se tensara.

—Naty, ¿Qué te pasó?— no pude evitar sonar enojado, es que no sabía lo que le había pasado y ya me estaba molestando.

—Me he caído y...

—¡Te pregunto por la verdad! Eso es un cuento.

—Tu qué vas a saber, no estabas ahí.

—Pero sé que no te has caído.

—¿Como lo sabes?

—No hay que ser mago— tomé su rostro y lo incliné hacia atrás, ella no me detuvo. —¿Qué son esas maracas? ¿Son de la caída?

—¿Maracas?— abrió los ojos de para en par. —¿Qué maracas?— sonó asustada.

—Hace un tiempo, golpeaste a Anastasia, la retrallaste contra una pared, y hoy ¿No has podido defenderte sola? ¿Por qué has dejado que te hicieran eso?— la regañé como si fuera una mamá luchona y ella no pudo evitar volver a llorar.

—Es que no pude...era... demasiado furte— susurró. —Llegué a golpearlo...lo juro— se defendió, pero ESPEREN PAREN TODO.

—¿Golpearlo?— le pregunté con el ceño fruncido. —¿Fue un chico?


Ella apretó los labios como si hubiese dicho la cosa más mala de el mundo, y yo cerré los ojos implorando le a Dios que me diera paciencia. Respiré hondo para calmarme y la miré otra vez.

—¿Quien a sido?— efectivamente ella no respondió, solo intentó calmarme pero no puede. —¿Qué quien a sido ¡Carajo!?— le grité y ella dio un respingo. La había asustado, joder.

Solté todo el aire que tenía en los pulmones y le di la espalda para entrar en mi habitación. Pasé mis manos por mi cabello tratando de aliviar de alguna forma toda la rabia que llevaba dentro.

—¿Por qué no te ayudó Max? ¿Donde esta Max? ¿No estaba contigo?— ella solo negó con la cabeza. —¿Solo te golpeó?— ella asintió. —¿Por qué?— y no volvió a responder. —¿Te sientes bien? ¿Quieres ir a la enfermería?

—No, así estoy bien.

—Sabias que iba a perder la paciencia. ¿Para que has venido si no me vas a contar?

—¡Lo último que necesito es que te agarres a los golpes con otro tío por nada!

—¿Por nada?— la miré indignado. —Te consideras ¿Nada? ¿Tan poco valor te das? ¿Quiere decir que ahora pude venir cualquier capullo a darte una cachetada y todo está bien? ¿No pasa nada? ¿Es normal?

—Yo...no quise.

—¡Nathalia, ningún hombre, ninguno, y cuando digo ninguno, es NINGUNO tiene el derecho, de golpear a una mujer!

—Lo siento yo...

—¡Ya dime quién fue!

—¡No voy a decirte! ¡No vine aquí para darte quejas como una cría que no sabe defenderse! ¡Vine por qué te necesito en este momento...conmigo! ¡Necesitaba verte, necesitaba saber que estabas bien!— guardó silencio por un segundo, y me miró como si me suplicara algo. —Solo necesitaba un abrazo...tuyo...de la persona que apesar de todo, es en la que más confío— dijo un susurro.

Lo que nunca te dijeDonde viven las historias. Descúbrelo ahora