Odiaba ver cómo Jonathan se paseaba por toda la escuela con esa maldita chica, ¿Acaso tenía que lanzarla de la azotea para que se alejara de el? Por otro lado, el no había dejado de llamarme todos estos días. Pero como tengo más orgullo que vida, no había contestado ni a una sola llamada. Por otra parte, el tercer y último paso de mi plan, iba a ejecutarlo hoy, todo estaba perfecto, nada saldría mal.
Eran la dos de la mañana, y aún estaba pensando en lo que podía pasar, tenía tanto miedo. Mi teléfono sonó y rápidamente apareció el nombre de Jonathan en la pantalla, cansada ya te tantas llamadas decidí contestar.
—¡Nathalia! ¡Al fin contestas!
—¿Qué quieres?
—Saber como estás.
Se escucha como si hubiera bebido demasiado, pero estaba en un lugar tranquilo. No había ruido, ni voces, estaba solo.
—Pues a mí me va genial...y por lo que veo a ti también.
—¡Na!— se quejó. —No mucho...tú pareces más feliz que yo.
—La verdad, lo dudo, me resultó raro que encontraras pareja tan rápido.
—Ah, Anastasia— dijo con desagrado. —¿Qué pasa? ¿Estás celosa? ¿Te molesta?
—No, en lo absoluto.
—Te extraño— soltó como la cosa más normal del mundo.
—Debiste pensarlo mejor.
—No fue mi intención— su voz sonó como si quisiera llorar.
—¿Has bebido?
—Mucho— suspiró. —He bebido mucho desde que no estás.
—Te estás autodestruyendo.
—Es la única forma en la que me olvido de ti, en algunas ocasiones, por que— se rió irónico. —Ahora mismo te estoy hablando.
—¿Donde estas?
—En nuestro lugar secreto— comenzó a toser.
—¿Estás bien?
—No deberías preocuparte, después de todo soy un idiota.
—Un idiota que sin importar lo que halla hecho, no merece morir en la azotea de una escuela.
—¿Tú ya no me extrañas?
—Iré por ti— me levanté y comenzé a caminar hacia la azotea.
—¿No me vas a responder?
—¿No prefieres que te responda en persona?— le dije parandome tras el. Estaba bebiendo todavía, llevaba una botella de vino en la mano, el teléfono en la otra y de repente se volteó a ver.
—¡Estás aquí!— dijo asombrado. —Supongo que después de todo, sigues queriendome.
—¿Como llegaste a esa conclusión?— el pareció no entender mi sarcasmo.
—Le pegaste a Anastasia, y estás aquí. Es por ello que deduzco que aún sientes algo por mi.
—Ella se metió conmigo.
—Tu no eres violenta.
—Tu no me conoces.
—Te conozco lo suficiente. Incluso antes de que me conocieras, yo ya te conocía lo suficiente, para decir que no eres así.
—¿Qué quieres decir con eso?
—Que siempre estuve ahí. Nathalia, en donde quiera que estabas, yo siempre estuve ahí.
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Lo que nunca te dije
Teen FictionSe enamoró, de quién no imaginaba, de quién no esperaba, y de quién no estaba buscando. Entonces, aprendió que el amor no se elige, es el quién nos elige a nosotros.
