—¿Por qué no me dijiste que vendría?
—Ni yo misma lo sabía, hacía años que no le veía— me respondió ella, pero en sus ojos se veía la ilusión, lo alegre que estaba de volver a verle.
—¿Un amigo de la infancia? ¿Aquí? Eso va a a traer problemas— opinó Victoria con la boca llena.
—No traerá nada— le respondió Harry cortante. —Ademas ese no es tu problema, métete en tus asuntos.
—Tines razón, esto no me importa, de todos modos es su casa, solo digo que ¡Dios más gente!— se quejó.
—Es mi casa, si quieres menos gente entonces te puedes ir, bastante estoy haciendo con soportarte,y que sepas que lo hago por Harry.
—Ah...no no no no querida— Harry intervino. —Por mi puede tomar sus cosas, y largarse, no me interesa nada de ella, de hecho, si saliera a la calle y la atropellaran, buscaría las placas de el auto, encontraría a la chófer, y le daría un millón de dólares.
—Un millón de dólares que no tienes— contra atacó Vic.
—Un millón de dólares por el que me esforzaría trabajando aunque sea de lava platos en un café— respondió Harry con sencillez.
—Como sea, le has oído Vic, no tengo por qué soportarte, así que te puedes ir a la mierda cuando quieras— Nathalia apoyó sus brazos en la mesa.
—¡Venga ya! Calma todo el mundo, no hay que formar tanto por un amigo de la infancia de Naty— le miré. —¿Y como dices que se llama éste amigo?
—Christopher— me interrumpió el entrando a la cocina. —No me presenté anoche, parecían ocupados— se sentó como si fuese el dueño de la casa y Naty le sirvió el desayuno con una amplia sonrisa.
—¿Y que te trae por aquí?— le ataqué.
—Eh sabido los problemas de mi mejor amiga, y dentro de dos días es Navidad. ¿Por qué no pasarla con ella?
—Ya veo— sonreí. —Que buen amigo.
—Tu también tienes uno así— me miró Max con los ojos entreabiertos.
—Y no he dicho lo contrario— me defendí.
—Correcto— miró un poco confundido el nuevo chico que teníamos en nuestra mesa. —¿Quien es tu novio?— le preguntó a Naty, pero claramente la respuesta se la di yo.
—Yo— le sonreí. —¿Por qué? ¿Que necesitas?
—Nada, solo curiosidad.
—¿Y tú novia?
—No soy un tío que tenga muchas novias— sonrió ladino.
—See— Nathalia torció los ojos aburrida. —Taaaan lindo el— bufó. —A saber cuántos hijos perdidos tiene ya.
—¿Perdona?— el la miró ofendido. —¿Cuántos hijos que? Para que lo sepas Nathalia Patrick yo soy un hombre muy cuidadoso.
—Si claro, como no— ella decidió poner fin a su incómoda conversación que solo estaba dándome a demostrar lo perfectamente bien que se conocían.
—Ya ¿Y que estudia el señor?
—Psicología.
—Pues mira, que Jonathan le vendría bien un psicólogo.
—Cierra el hocico Harry— si las miradas mataran, definitivamente la que le lanze a mi querido amigo hubiese sido una bomba nuclear.
—Pues si algún día tu amigo me necesita, te dejaré mi número de teléfono para que puedas llamarme, la verdad creo que sí lo necesita.
—Yo no necesito nada princeso....oh si...por el momento lo que necesito es que dejes a un lado la confianza que no te di.
—Lo siento amigo— el levantó las manos a modo disculpa. —No me importa lo que pienses y yo no quiero tú jodida confianza, estoy hablando con tu amigo no contigo ¿O es que tu mamá no te enseñó modales? ¿O es que no tienes mamá?
—¿Perdona?— me levanté con la sangre hirviendo, los temas familiares eran delicados especialmente por qué mi madre biológica estaba muerta, y la madre de Max se encontraba en una situación complicada. —Repite esto último si es que te crees tan hombre.
Max se paró a mi lado para sujetar mi hombro mientras Harry hizo un intento fallido por levantarse, Victoria sonrió de lado como si se estuviera divirtiendo y Lili solo tomó a la pequeña para llevársela al patio.
—Chicos vasta— Nathalia intervino pero su amigo no se quedó callado, se levantó y me miró con el ceño fruncido.
—Pregunté si tenías mamá ¿Tienes?
Aquello me bastó lo suficiente como para lanzarle un puñetazo, puñetazo que nunca le llegó. Al contrario, mis ojos vieron una escena que hizo que todo mi cuerpo temblara de miedo, nunca en mi vida había sentido tanto miedo, espanto, temor.
Nathalia estaba en el piso cubriéndose el rostro, no dejaba de llorar, su amigo la miraba con ojos muy abiertos y preocupados, Victoria se había puesto de pie mientras Harry no se atrevía a mirar, Max estaba de rodillas junto a ella y junto a los restos de los platos rotos que habían en piso.
Ella había intentado intervenir, pero lejos de detener la pelea ella había recibido el golpe, un golpe tan fuerte que la desequilibró por completo, probablemente a su amigo no lo hubiese movido de el lugar, pero ella era una chica delicada, al contrario de lo que hubiese hecho su amigo, ella si perdió el equilibrio y chocó con la mesa haciendo que tanto platos como vasos y cubiertos calleran al suelo.
Tenía miedo de hablar, no quería pronunciar una sola palabra, solo quería desaparecer de el planeta, quería que me diera un infarto que y me llevara Dios con el, pero el silencio era aún más aterrador que lo que vendría después.
—Oye...— no supe cómo expresarme. —Tu estás....
—¿Bien?— su amigo me miró como si fuese un bicho raro. —¿En serio crees que ella está bien? ¿Le vas a preguntar eso?
—Yo no...— tragué saliva con el llanto casi en los ojos. —No quería que esto pasara.
—Pero pasó— ese chico se paró frente a mi con los puños cerrados. —La golpeaste.
—Y lo siento— me disculpé.
—No, no lo sientas— fue lo último que escuché antes de recibir aquel puñetazo que al igual que a Naty la había dejado sin orientación.
No hice nada, solo dejé que me me golpeara hasta cansarse, me lo merecía, sí que me lo merecía. ¿Como no había podido frenar mi ataque? ¿Por qué me dejé llevar por la ira como siempre?
Solo obtenía las mismas respuestas, pues por qué soy un idiota, por qué no pienso en las consecuencias de mis actos y luego me lamento, tal vez Max tenga razón y yo no merezco a Nathalia, pero soy demasiado egoísta como para dejarla ir, soy demasiado egoísta como para imaginarla en los brazos de alguien más.
Solo podía sentir a Nathalia gritarle a su amigo que se detuviera, a Harry rogar por calma y a Victoria solo gritaba que me defendiera, entonces la escuché y me pregunté ¿Por qué no me defiendo? El a comenzado, no me conoce ni un poco y no sabe las sitaciones por las que he tenido que pasar.
—Basta— susurré deteniendo su puño. —Tú no me conoces— me levanté y lo miré a la cara, el estaba bien, furioso, pero bien, en cambio yo estaba lleno de golpes, era momento de voltear la situación. —Dime...¿Como te atreves a hablarme así? ¿Como te atreves a hablar de mi madre sin saber lo que a pasado?— el me miró con ojos muy abiertos, estaba asustado. —¡Responde!— le grité ahora con el llanto en los ojos. —¿Como cojones te atreves a juzgarme? ¿Quien carajo te crees que eres? ¿Dios?— esperé la mínima acción de su parte, pero no hubo nada. —Pues déjame decirte, que no hay nada que odie más en el mundo, que las estúpidas personas que se creer que son alguna especie de Dios, personas que al igual que tú deben entender que no todo el mundo a sido nacido y criado en cuna de oro. ¡NO TODOS EMOS TENIDO PADRES JODIDAMENTE RICOS COMO TU GILIPOLLAS DE MIERDA!— y le pegué, ésta vez sin fallar, lo golpeé una y otra vez sin importar cuanto llorara Nathalia, sin importar cuántas veces Harry me pidiera que parara, sin importar el miedo de Max, o lo mucho que podría lastimar a Charlie, Christian, o como quiera que fuese su nombre.
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Lo que nunca te dije
Ficção AdolescenteSe enamoró, de quién no imaginaba, de quién no esperaba, y de quién no estaba buscando. Entonces, aprendió que el amor no se elige, es el quién nos elige a nosotros.
