Me desperté, y sin abrir los ojos me estiré en la cama, entonces la sentí, sentí a Nathalia a mi lado y sonreí, me giré en su dirección y la abracé, tiré de ella hacia mí y hundí mi cara en su cuello, entonces me di cuenta de que. ¿Quién es ella? Abrí los ojos de golpe encontrándome con una chica que solo Dios sabía quien era ¿Como llegué yo aquí? Me senté de golpe en la cama mirando la habitación, estaba en un hotel. Ya la había cagado ¿Verdad? Claro, soy Jonathan Scott, es mi especialidad, cagar las cosas. Mi subconsciente me veía con una sonrisa como si quisiera matarme. ¿Por qué soy así? Me pregunté a mi mismo. Justo ayer me quejaba de Harry y hoy, hoy estoy con una chica al lado que no sé quién carajos es. Me llegó un fuerte dolor de cabeza que hizo que me recostara otra vez, la chica era hermosa, pero no era Nathalia, parecía tan tranquila, tan serena. Pobre chica, y pobre yo. Entonces como por arte de magia. PUM me llegaron los recuerdos de la noche anterior.
1:30 Am.
—¡Hey!— la chica de mi lado le reclamó al cantinero. —¡Ésta no es la bebida que pedí!
—Lo siento señorita— se disculpó el buen hombre mientras cambiaba el trago.
—¿Disculpe?— repitió. —Debería fijarse bien en lo que hace señor, con más clientes insatisfechos, podrían sacarlo de su trabajo.
—Le aseguro que eso no va a volver a suceder señorita.
—¡Eso espero o...
—¿Te quieres callar?— intervine perdiendo la paciencia con aquella chica de piel pálida, ojos azules y cabello rubio.
—¿Quien eres tu?
—Ese no es tu problema linda, pero has silencio, el hombre se a equivocado, te a pedido disculpas y te a cambiando el trago, y tú sigues con tus tonterías de niña mimada, has el favor de cerrar la puta boca por qué tú voz ya comienza a irritarme.
Ella me miró perpleja y se ofendió, bebió de su trago y se miró las manos, yo miré en su dirección y noté sus pequeñas manos que parecían muy delicadas y suaves, además de tener un arreglo sencillo pero hermoso en sus uñas. Pero que manos tan pequeñas. Sonreí viendo como ella acariciaban el vaso con ambas manos.
—Lo siento— me disculpé y ella rápido me miró. Pero que ojos tan bonitos. —No es una gran noche, he descargado mi rabia contigo.
—No...no te preocupes— ella se esforzó por no parecer nerviosa, pero falló. —Yo tampoco tuve un gran día.
—¿En serio?
—Te lo juro— sonó cansada y se bebió todo lo que quedaba en su vaso, yo hice lo mismo y ambos pedimos otra ronda de vodka. —Soy Samantha, por sierto.
—Jonathan— le sonreí. —Y bueno, cuéntame ¿Qué te ha pasado?
—¿Ves a ese chico de allí? Me señaló un chico muy parecido a Harry. El estaba sentado junto a una chica que no estaba nada mal por sierto.
—Si, ¿Qué pasa?
—Pues era mi novio hasta ayer. Justo me enteré que me engañaba con esa zorra de el pelo rojo que está con el, y bueno, hoy me han despedido de el maldito trabajo, y me he quedado sin dinero para pagar mis estudios. ¿Hay alguien que tenga un peor día que yo?
—Pues no lo creo— ella me miró con ojos llorosos entonces me di cuenta de la gran hermosa estupidez que había dicho. —Pero si te sirve de consuelo, no se donde tiene metido los ojos ese imbécil. No sé en qué momento se le ocurrió cambiar una princesa por una vagabunda— ella se rió y yo me sentí demasiado bien al ser yo quien causara esa sonrisa. —Tines los ojos más hermosos que halla visto— ¡JONATHAN NO SEAS MENTIROSO!
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Lo que nunca te dije
JugendliteraturSe enamoró, de quién no imaginaba, de quién no esperaba, y de quién no estaba buscando. Entonces, aprendió que el amor no se elige, es el quién nos elige a nosotros.
