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Estaba ahí en aquel lugar, sentado esperando a un cliente con el cual cerraría un importante trato, con esto el conglomerado se posicionaría en el más importante del país, con el trago en la mano veía a todos ahí, pensaba como era posible que el no pudiera ser así, como diablos dejo ir quien era, gente manteniendo platicas amenas, socializando, riendo, parejas celebrando aniversarios, festejando simplemente <<algo>>

Llego el cliente con el que cerraría un negocio bastante jugoso para él, sacaba provecho de aquellas sociedades y esta no sería la excepción, sabía que con esto su familia estaría orgullosa, su padre desde que falleció tuvo que tomar el mando del conglomerado y se dedicó a él, hasta que llego esa maldita mujer a su vida y ahí todo lo que había trabajado se tambaleo desde ese suceso se juró no volverse loco por una falda, se volvió muy frio para su gusto pero así debía ser, ya no podía darse el lujo de enamorarse ciegamente; gracias a ese arrebato su madre y su hermana quedan sin nada y lo menos que podía ofrecerles era dedicarse en cuerpo y alma al conglomerado.

El negocio marchaba bien, si así seguía con el manejo de la información como hasta ahora el trato estaba prácticamente cerrado, los tenía en la palma de su mano, de pronto sin verlo venir detrás de su cliente caminaba una mujer, con paso decidido, tan sensual con ese vestido negro con abertura en una de sus piernas, era imposible no inspeccionarla, se veía simplemente hermosa, cuando vio su rostro pudo reconocerla, era una mujer de negocios, se dedicaba a invertir su dinero y se iba posicionando con una de las mejores en esa rama, la misma en la que el negociaba, su nombre... era un misterio para él, sabía que mantenía un perfil bajo, por algunos socios fue que supo de ella.

Era muy hermosa a decir verdad, se sentó justo frente a la mesa donde estaba y podía admirarla, hablaba con un hombre seguramente cerrando un negocio la naturaleza con la que hablaba podía embelesar a cualquiera, aquel hombre la miraba como cuando un animal acecha a su presa; y el solo deseaba observarla un poco más de cerca, de pronto la voz de aquel señor con el que se encontraba cerrando negocios lo hizo volver en si

- Me parece impresionante como maneja todo esto señor Covarrubias, no tengo dudas en cerrar este negocio con usted, el día de mañana mi asistente le hará llegar todo el papeleo correspondiente

- Me alegra poder tener este trato con usted, de este modo ambas empresas salen beneficiadas

- No lo dudo señor Covarrubias, no lo dudo

- Permítame un momento ahora vuelvo – se levantó de su asiento para caminar hacia aquella mujer que lo tenía vagando por su mente, llego hasta ella agachándose lentamente para tomar la servilleta que había resbalado de las piernas torneadas de la señorita que hacía rato observaba como hace mucho no se lo había permitido, se la tendió y ella lo observo con aquellos ojos color marrón que si bien podían ser tan comunes su mirada tenía algo, sus ojos eran grandes, brillantes, observo detenidamente su rostro y a pesar del maquillaje que tenía podía ver unas pequeñas pecas sobre su nariz afilada, sus labios rosas, su rostro en general afilado; ella sonrió a aquel hombre y le agradeció el gesto. Camino hasta los sanitarios empujo la puerta y lo único que pudo hacer fue refrescar su rostro

- Pero qué demonios – se dijo a sí mismo, ni siquiera conocía a la mujer para estar en esa posición tan jodida, regreso y al pasar a su lado sintió su olor y este se instaló sin permiso en sus pulmones, claro que tenía que saber de ella y sin pensarlo el hombre que acompañaba a la mujer lo saludo

- Covarrubias que haces aquí – dijo efusivo el acompañante de la dama

- Ramírez que tal – respondió al saludo, el hombre se puso de pie tendiéndole la mano y este a su vez le presento a la mujer

- Te presento a la señorita Álvarez – esta se levantó de su asiento para tender la mano hacia aquel hombre que le pareció de lo más imponente

- Anala te presento a Gael Covarrubias

- Un placer señor Covarrubias – dijo ella con un tono que pareciera que pudiera seducir a quien sea, al sentir su mano sintió recorrer un calor extraño, fijando la mirada en ella quería permitir perderse, pero recordó haberlo hecho una vez y le salió muy caro.

- El placer es mío señorita Anala – dijo con esa voz pastosa y por primera vez su nombre sonó... diferente saliendo de los labios de ese hombre alto con un rostro demasiado varonil, con unos ojos grises con pequeñas motas verdes, una barba muy bien cuidada y por dios ese olor. Me disculpo estoy con un cliente y debo volver con el

- No te preocupes Gael espero verte pronto – dijo el acompañante de la mujer que ahora sabía quién era, bingo.

Regreso a su mesa y al fin cerro aquel negocio muy conveniente, el señor Gonzales se retiró y el decidió quedarse a terminar su trago y así continuo jugando con su bebida mientras de vez en vez miraba a << Anala >> jamás en su vida había escuchado tal nombre pero le parecía tan endemoniadamente angelical, tan único como si desease visitar el cielo por una vez en su vida y poder arder en él. La veía tan radiante, sonreía de vez en vez, era amable con los meseros que al parecer la conocían, el concurría el lugar con frecuencia le gustaba hacer negocio ahí pero en todo ese tiempo era la primera vez que la veía a ella ahí y al parecer un osado le había enviado un trago a lo que ella sonrió un tanto extraña al mesero y agradeció. Si él fuera más como lo que fue hace unos años habría hecho lo mismo pero eso le molesto y como algo primitivo dentro de el busco entre la multitud quien habría sido quien envió la bebida, dio con él era un tipo cualquiera, un tipo que no podía aspirar a que alguien como ella se fijara en él, al percatarse de sus pensamientos pidió la cuenta, pago y se marchó sin más.

Condujohasta a su apartamento en una torre que el mismo diseño, la rabia se adueñabade él, necesitaba sacar todo eso, tomo su teléfono llamo a Romina ella loayudaría a sacar lo que dentro del bullía; 20 minutos después esa mujer tocabasu puerta y sin más la tomo pero no conto que en su mente seguía Anala la mujerdel restaurant y sin evitarlo su imaginación vago, imaginaba que era ella, quea ella la tomaba con ese arrebato, casi podía olerla, casi podía tocarla, laveía a ella con ese vestido negro con abertura en su pierna con esos rizoscayendo hasta su cintura, esos ojos grandes y brillantes, su sonrisa, abrió losojos y lo único que vio fue a esa mujer Romina como se aferraba a las sabanasde la cama y lo único que pudo sentir fue asco, se levantó le dio la espalda a aquellamujer y le pidió que se marchara. Esta sin entender que sucedía intento tocarlela espalda y Gael lo único que pudo hacer fue darle su ropa para que se fuerade una vez.

Vacío (Actualización los Viernes)Donde viven las historias. Descúbrelo ahora