Langa llegó con la cabeza baja, abrió la puerta temiendo lo que se encontraría y miró hacia las escaleras.
Allí estaba, con una mirada intimidante, bajó lentamente las escaleras hasta estar en frente de Langa.
- Así que... esa persona "nada importante"... - empezó a hablar.
Langa apartó la mirada.
- Es una buena persona... - dijo casi en un susurro.
- ¿¡Crees que me importa!? - su voz resonó por todo el lugar - no te quiero cerca de él, no es una buena influencia para tí -.
- Lo único que quieres es tenerme solo para ti - lo miró.
- ¿Que quieres decir? - se acercó todavía más - ese inútil no merece a alguien como tú, ¿vas a hacerme caso? o... ¿tal vez prefieres que los lleve a la ruina? o peor, ¿que acabe con sus vidas? - pasó su mano suavemente por su brazo.
- ¿Por qué eres así? - ahora su mirada expresaba odio - no puedes hacer eso solo por tus celos -.
Una bofetada se escuchó.
- Recapacita - se dió la vuelta para volver a subir - lo necesitas, Langa -.
Se quedó allí, apretando los puños de rabia, queriendo ir tras Ainosuke y decir todo lo que pensaba, pero no lo hizo, por miedo.
Se escucharon pasos, al principio lejanos, pero más tarde cercanos.
Una silueta apareció por una puerta, se acercó a él y puso una mano en su hombro.
- Es tarde, vete a dormir -.
- Me da rabia, Tadashi -.
- Lo sé, pero no te metas en más problemas, ya es suficiente - suspiró - aléjate del chico, Langa, haz eso sí de verdad quieres protegerlo. Voy a dormir, buenas noches - se fue.
Langa subió a su habitación, se miró en el espejo y pudo ver que su mejilla había quedado roja gracias a la luz de la luna.
Se miró con rabia, se sentía inútil.
- Juro que lo voy a proteger, y no será lejos de él -.
Se volvió para mirar su cama y echarse allí.
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Me desperté, estaba sonando una alarma proveniente de mi teléfono, ¿por qué tenía una alarma puesta? Probablemente fue Koyomi.
Apagué la alarma y miré la hora, las siete de la mañana, como le gustaba molestarme... Gruñí y solté el aparato, más tarde le reprocharía aquello.
Intenté dormir de nuevo pero me fue imposible, no podía parar de pensar en la noche de ayer, Langa pasando un brazo por encima de mis hombros, Langa abrazándome... Todo fue perfecto.
Me levanté, y me dirigí hacia la habitación de Koyomi, agarré su teléfono y le puse una alarma a las siete y media. Se enfadaría, y mucho, pero sería divertido.
Me puse ropa cómoda y salí de mi casa, a veces por las mañanas salía a despejarme un poco, en un rato me llegaría algún mensaje o llamada de Koyomi, de eso estaba seguro.
Me senté en un banco cerca de la cafetería de ayer y suspiré. Mi teléfono sonó, todavía no eran y media así que me pareció raro. Lo saqué de mi bolsillo y no pude evitar sonreír al ver la pantalla. Era Langa, dándome los buenos días.
Estuvimos hablando un rato, sobre lo de ayer y sobre todo lo que salía.
Más tarde, decidí ir hacia mí casa, Koyomi no me escribió ni me llamó, pero sabía que al llegar a casa ella estaría hecha una furia.