A medida que la hora se acercaba, me encontraba más inquieto. Aunque no quisiera admitirlo, Ainosuke aún me asustaba. Me gané un par de quejas de clientes, estaba bastante desconcentrado. Lys se acercó a mí.
— ¿Qué demonios te pasa, Reki? Estás inquieto. — frunció el ceño mirándome de brazos cruzados.
— Estoy bien. — murmuré tratando de concentrarme en hacer un simple café.
Ella suspiró y negó con la cabeza.
— Vete ya a casa, apenas faltan veinte minutos para que acabe tu turno, está bien. Entre Amy y yo nos las apañamos.
— ¡No! ¡Estoy bien! — reí un poco nervioso, ganándome una mala mirada de ella. Se dió la vuelta y volvió a su puesto. Sacudí mi cabeza y le entregué el café al cliente.
Y finalmente llegó la hora, colgando mi mochila en los hombros me dirigí hacia Lys y Amy.
— Yo me voy yendo... — sonreí tratando de sonar tranquilo, aunque definitivamente no soné convencido a juzgar por la desaprobación en la mirada de Lys y la confusión en el rostro de Amy.
Salí rápido del lugar mirando hacia todos lados tratando de localizar a Ainosuke, aunque solo esperaba que se hubiera ido...
— Por fin. — escuché a mis espaldas mientras sentía una mano sobre mi hombro.
Me giré rápidamente asustado.
— ¡Mierda, joder! ¡Me asustaste!
Oí un suspiro de él y negó con la cabeza. Me miro con una expresión arrogante y cruzándose de brazos.
— ¿Dónde está él? — dije lo primero que me dijo.
Fruncí el ceño cruzándome de brazos también, ¿de verdad pensaba que se lo iba a decir tan fácil?
— ¿No deberías superarlo ya?
— Escúchame bien. Ese chico me pertenece desde el momento en que su madre falleció, ¿entiendes eso? No me importa que estéis jugando a los tontos enamorados, no me importa en lo absoluto. Ese chico es mío.
Negué con la cabeza y me di la vuelta dispuesto a irme. No iba a perder el tiempo con esto. Este hombre seguía igual de loco que siempre. Su mano agarró mi brazo de nuevo, girándome a mirarlo.
— Vas a decirme dónde está, porque si no lo haces — no le dio tiempo a terminar.
— Señor Ainosuke, deje esto por favor.
Oh dios mío... ¿De verdad Tadashi seguía con este lunático?
— No interfierad, Tadashi. Te dije que te quedaras en el auto.
— Y yo te dije que no te quería volver a ver jamás. — una voz sonó atrás de mí.
Corrí hacia él y me pegué a su costado. Tenía miedo de que Ainosuke hiciera algo. En la cara de aquel hombre se formó una sonrisa, abrió los brazos y comenzó a acercarse a nosotros.
— Langa, querido... Mucho tiempo.
— No te acerques. Solo te pedí que me dejaras en paz, que no me buscaras. — la voz de Langa sonaba tensa.
— Oh... ¿Pero como podría olvidarme de esa carita? Vuelve a mí, Langa. — su expresión cambió a una seria a la vez que extendió su mano hacia él.
Fruncí el ceño y me coloqué un poco más delante de Langa. No dejaría que Langa volviera a ese infierno.
— Ainosuke, vámonos. — volvió a hablar Tadashi, pero solo se ganó una mala mirada por parte del lunático.
— Langa, dije que vuelvas.
— Ya no tienes control sobre mí. — Langa me pegó más a él — Sólo olvidate de mí, Ainosuke. Estoy bien donde estoy y no quiero nada más.
Los ojos del hombre se llenaron de furia, se acercó más a nosotros y agarró el hombro de Langa, pero este se mantenía con una expresión impasible.
— ¡Te di consuelo cuando tu madre murió! ¡Te di hogar! ¡Te di algo que hacer! ¡Te di todo! ¿¡Y así me vas a pagar!? ¿¡Quedándote con un camarero de una cafetería!? ¡Puedo darte mucho más, Langa! ¡Puedo darte todo! — sonaba desquiciado.
— No necesito que me des nada. No soy un inútil. Ya no soy un niño de diez años, Ainosuke. He cumplido mis veintidós. Solo acéptalo.
Ainosuke se quedó el silencio mirándolo con una expresión molesta, pero a la vez parecía sorprendida y decepcionada. Tadashi se acercó a él y le susurró algo al oído. Ainosuke se dió la vuelta y comenzó a caminar hacia un coche al otro lado de la calle. El de pelo oscuro se giró nuevamente hacia nosotros mirándonos fijamente. Langa se soltó de mi agarre y corrió hacia Tadashi abrazándolo fuertemente. El mayor cerró los ojos y respondió el abrazo. Sonreí al ver la escena. Ellos siempre fueron cercanos.
— Has crecido muchísimo. — susurró Tadashi en el hombro de Langa.
Él sólo apretó más el abrazo y finalmente, después de algunos minutos se separó. Tadashi le revolvió suavemente el cabello y se dio le vuelta hacia el mismo auto.
— Reki, vamos.
Langa agarró mi mano y comenzó a caminar, tirando de mí. Rápidamente reaccioné y comencé a caminar a su lado.
— ¿Por qué viniste? — lo miré mientras entrelacé mis dedos con los suyos.
— ¿Intuición? — me miró y soltó una pequeña risa.
Negué con la cabeza y reí también. Este hombre siempre lleno de sorpresas.
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Había pensado que podía ser el último extra pero no estoy segura. Si no tengo más imaginación entonces lo será JAJAJAJA
RENGA CANON 🗣️🗣️
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