-1-

617 45 47
                                        

Era un día de mierda

¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.

Era un día de mierda.

Desde la silla donde estaba sentada, con las piernas cruzadas, miró la cara del hombre que le daba la peor noticia del mundo y no pudo evitar pensar en la muerte.

No en la suya. Su vida no corría peligro como para pensar en el final. Estaba pensando en otra persona y en la razón que la llevó hasta ese lugar. Se preguntó si su reacción fue normal; si durante los minutos que pasaron entre que se cayó del columpio y la gente acercándose a toda velocidad, miró hacia el suelo sin poder moverse o pestañear mientras gritaban, "¡hay que llevarlo a un hospital!".

Creo que no.

Petrificarse no le pasaba a menudo, y debió moverse rápido, teniendo en cuenta que él estaba inconsciente —hace seis horas que estaba así— una de las personas más importantes del mundo, de su mundo, estaba en un coma inducido y ella había presenciado como su vida casi se apaga. La palabra más adecuada para definir el día, tal vez sería desastroso; supuso que depende de si se lo preguntaban a ella o de si se lo preguntaban a su madre.

Su madre, que probablemente no volvería a dirigirle la palabra hasta dentro de un año.

Abrió la boca para dejar entrar el aire frío del consultorio, sus manos temblaban y las palabras del doctor retumbaban en sus oídos, "hay que intervenirlo, la aneurisma puede causarle un sangrado, estas cosas suelen pasar con golpes en la cabeza".

A veces los niños necesitan tanta atención...

Se levantó de la silla y salió del consultorio, su pecho estaba contraído por las terribles ganas que tenía de llorar.

―¡Oiga, espere! ―exclamó el pediatra, tratando de detener a la mujer que se marchaba asustada, debían encontrar una solución.

―No van a operarlo, y yo me voy, Alan está bien, actúa normal y no tiene nada en la cabeza ―replicó preocupada, los ojos se le humedecieron y miró directamente al doctor―, sé que eso debe costar mucho dinero, y yo no puedo conseguirlo así de la noche a la mañana. ―Se abrazó a sí misma, pero eso no le quitaba el frío, no quería estar en ese lugar, en un hospital, quería irse a casa.

―La radiografía muestra que el tamaño de la aneurisma es aún de pocos milímetros, eso le da tiempo, ha dicho que no tiene el dinero, pues yo le doy un mes para encontrarlo.

Ese ultimátum fue la despedida del doctor antes de regresar a su consultorio. Mara se mantuvo firme, viendo el rostro apenado de la secretaria, miró alrededor del lugar donde se encontraba, había personas observándola, todas esperando a ser atendidas en alguna especialidad, la suya era pediatría, porque el día anterior su niño había presentado confusión y mareo tras una caída en el parque, de inmediato lo llevó a emergencias y hasta entonces le daban los resultados de las placas; nunca pensó que le dirían algo así, él era su mundo y lo que estaba ocurriendo era una pesadilla.

Red de mentiras ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora