En el corazón de Denver, un hombre lleva una doble vida. De día, Devan es un arrogante y despiadado millonario, dueño de un imperio empresarial que se extiende por todo el mundo. De noche, se transforma en el líder enigmático y temido de una de las...
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―¿Quieres dejar de ser tan insoportable y encontrar una solución adulta? ―inquirió muy enfadado, y frunció los labios, guardando sus manos en el pantalón.
El semblante de Mara se tensó y desvió los ojos para no volver a tartamudear.
―Piénsalo, es lo mejor ―dijo simplemente
Devan resopló.
―Divorciarnos es la solución más fácil, pero eso no ocurrirá, al menos no en los próximos años ―le aclaró sin rodeos, mirándola con enojo―, ¿por qué no lo entiendes de una puta vez? ―añadió sin dudar, no permitiría que ella hiciera berrinches.
―Devan, he tenido suficiente por hoy, tengo sueño y tú seguramente estarás ocupado. Ya que no puedo salir de esta relación, ¿por qué no me dejas en paz?
—¿Me estás echando de mi casa?
Ella alzó la barbilla, si él quería seguir discutiendo no tenía por qué escucharlo.
—No —dijo, agarrando sus cosas, para luego caminar hacia la habitación que le pertenecía a él―, me estoy yendo yo, necesito estar apartada de ti ―soltó antes de cerrar la puerta de un portazo y pasó el seguro.
—¡Emilie! No te comportes como si fueras una niña, ¿quieres?
—¡Vete a la mierda, esposito!
—¡Como gustes, reina! —Y desapareció.
Mara tomó asiento en la cama con un cansancio físico y mental abrumador. Se había envalentonado y esperaba que él le diera un tiempo para calmarse. Devan había estado dándole ordenes las dos primeras semanas y mucho se temía que insistiría pronto.
Y así fue, no pasó ni una hora cuando él llamó a la puerta.
—Abre —ordenó.
Mara imaginó que ya estaba más tranquilo, así que le hizo caso, y no se equivocó, puesto que él se paró en el umbral y la encaró sin ninguna expresión. Iba vestido con unos vaqueros y una camisa blanca, su pelo negro estaba despeinado y sus ojos la miraban sin el habitual ceño fruncido.
—¿Qué quieres? —preguntó, sabiendo que ese período de paz no duraría mucho.
Devan le agarró la mano y encima de la palma le puso un papel. Mara lo leyó y apretó los labios, confundida.
¿Para qué me está dando esto?
Curiosa, levantó el rostro para mirarlo a los ojos y le mostró el papel.
—¿Corporación Delawere? —preguntó.
—Es una buena compañía. Tienes una entrevista de trabajo mañana a las 7am. Al llegar, vas a buscar a Nicholas García, dile que eres mi esposa, él sabe qué hacer.
Mara levantó las cejas casi hasta el crecimiento de su pelo, luego, observó detenidamente el papel, sopesando lo que él le estaba ofreciendo. Al parecer, a su maridito le afectó realmente lo del bar. Intentó no burlarse del gesto, pero no lo logró.