En el corazón de Denver, un hombre lleva una doble vida. De día, Devan es un arrogante y despiadado millonario, dueño de un imperio empresarial que se extiende por todo el mundo. De noche, se transforma en el líder enigmático y temido de una de las...
¡Ay! Esta imagen no sigue nuestras pautas de contenido. Para continuar la publicación, intente quitarla o subir otra.
Mara se sentía acalorada, porque esperó a que él se durmiera y salió a escondidas por la puerta trasera de la casa para ir a su primera noche de trabajo en el bar.
Encontró un autobús rápido y se cambió al llegar, sin mucha piel que tapar con ese top tan ajustado. Muchos ojos comenzaron a observarla por su rostro agraciado, su larga melena y su cuerpo deseable, pero no prestaba atención a las miradas lujuriosas y de excitación de los tipos que estaban alrededor, ella trataba de enfocarse en su labor y no se percataba de ello.
—Amiga, tranquila, ya has tirado dos bebidas. ¡Deja de ir de un lado a otro tan rápido!
—No lo puedo evitar, por suerte, él no se despertó cuando salía, pero, ¿y si lo hace?
—¿Ya estás echando de menos tu soltería? —comentó Don Pedro de forma irónica cuando apareció en la barra, arreglándose el nudo de la corbata.
—Sí, porque ella siente que, si su esposo se entera de que está aquí, tendría que desaparecer de repente de la faz de la Tierra —contestó Silvia a su jefe.
—¿Tu marido no sabe que trabajas en un bar? —se dirigió Don Pedro a Mara.
—No, no se lo he dicho —respondió azorada—. Y no quiero hacerlo, no por ahora.
—Y así es como cada una de las mujeres que trabajan para mí, terminan metiéndose en problemas —soltó el mayor mientras se marchaba, dándole sorbos a su cerveza.
Mara se tensó más, pues el comentario de Don Pedro era muy acertado.
—Hoy no se enterará. —Fue el consuelo que le brindó Silvia mientras limpiaban unos vasos y servían algunos tragos detrás de la barra.
***
Cuando por fin terminó el horario laboral y pudieron salir de allí, aún no amanecía y las calles estaban oscuras.
Demonios, pensó.
—Si llamo a un taxi me saldrá por un ojo de la cara —se quejó.
—¿Y cuál es tu plan? —preguntó Silvia junto a ella—. ¿Te vienes a mi casa?
—¡No! Tengo que volver antes de que Devan se levante, he notado que tiene el sueño pesado, pero evidentemente, tengo que estar ahí antes de que salga el sol.
—¿Te irás a pie?
—Haré esto, pediré un taxi que me acerque a casa lo máximo que me permita el bolsillo y luego caminaré un poco. Pero, tú vete ya, te ves muy cansada.
Silvia asintió y se despidió.
Mara se sentó en el borde de la acera mientras pedía un taxi por el móvil, tenía la sensación de que debía irse rápido de allí para evitar algo malo, y el hecho fue, que lo confirmó cuando alguien se sentó a su lado y le rozó la pierna con sus dedos.