En el corazón de Denver, un hombre lleva una doble vida. De día, Devan es un arrogante y despiadado millonario, dueño de un imperio empresarial que se extiende por todo el mundo. De noche, se transforma en el líder enigmático y temido de una de las...
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Emilie nunca olvidó el consejo que le dio su abuelo paterno: «Conoce a tu enemigo y saldrás vencedor en la batalla». La orden era que se mantuviera alejada del juego, pero contrario a los deseos de su madre, planeaba conocer a Mara y desobedecer a Marcela. Y es que Emilie pensaba que esa mujercita podría resultar peligrosa. Aquel banquete al que había asistido le sirvió para concluir que Emerson se había fijado en ella.
Tomó un profundo respiro, sabía que con solo una llamada se enteraría de la información que necesitaba, pero debía ser cautelosa. Teniéndolo claro, marcó el número para terminar con la incertidumbre de una vez por todas. Al segundo timbre una voz le regaló un cordial saludo, fue imposible no sonreír, la hipocresía siempre fue su plato favorito. Estaba convencida de que ese hombre le diría todo lo que quería saber, la había tratado de conquistar durante años, por eso mismo siempre le era de utilidad.
—Emilie, ¿cómo estás? —preguntó con una sonrisa, luego se quedó callado un instante, las inusuales llamadas de ella lo desconcertaban.
—Abraham, querido, acudo a ti por una respuesta. ¿Tienes lo que te pedí? —habló directa, los rodeos le robaban tiempo.
El hombre se saltó el protocolo de preguntarle por sus padres y clavó los ojos en la pantalla que tenía sobre el escritorio.
—¿Para qué necesitas esa información? —curioseó.
Una mueca pintó los labios de Emilie ante el recelo del hombre, su actitud le fastidiaba.
—Es de interés personal, pero si me ayudas, podré encargarme del tema lo antes posible —mencionó con simpleza—, ¿qué pasa? ¿Olvidaste con quién estás hablado? ¿No me ayudarás? —tiró impaciente en una advertencia disfrazada de broma.
Él carraspeó incómodo, recordando que los miembros de la familia Leister eran problemáticos, sobretodo la preciosa Emilie.
Sus ojos permanecieron en la información que ella le había solicitado, el archivo estaba frente a él, pero le preocupaba lo que fuera hacer con aquello. Escribió el email, adjuntando un documento, todo lo que quería saber estaba especificado allí. «Quiero el expediente de una mujer que trabaja en tu departamento». El mensaje había sido claro.
—No, no, por supuesto que te ayudaré. La chica es la asistente personal de Nicholas García, el que lleva las riendas de la empresa —prosiguió, enviando el correo—. Ella es algo inexperta, aunque no ha dado problemas.
—Negocia con Corporación Delawere, quiero algunas acciones, pero has que ella esté a cargo de esa negociación.
—¿Hablas en serio? —inquirió, tratando de frenar las cosas—. Comprarle acciones a Corporación Delawere se trata de una cifra considerable, no de una simple transacción, no pasará desapercibido para tus padres.