En el corazón de Denver, un hombre lleva una doble vida. De día, Devan es un arrogante y despiadado millonario, dueño de un imperio empresarial que se extiende por todo el mundo. De noche, se transforma en el líder enigmático y temido de una de las...
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Llegó a casa de su mejor amiga, Silvia, que hacía estallar una pompa de chicle de forma sonora una y otra vez.
—Mara, tranquila, tienes tiempo todavía, ¡deja de ir de un lado a otro que me mareas!
—¡No lo puedo evitar! Por la mañana me levanté con mucha ansiedad.
—Por eso, creo que deberías aceptar el trabajo que siempre te ofrece Don Pedro en el bar y ya está.
Silvia trabajaba en un bar que quedaba relativamente cerca del apartamento donde se encontraban, de esa manera, solo le era necesario caminar unas cuadras y ahorrarse el dinero del combustible, también porque, seguía trasnochando y muchas mañanas no estaba en condiciones de conducir.
—No sé qué hacer, Sil, sé que tú trabajas ahí y que no te acuestas con nadie, no eres una fulana, o, mejor dicho, escogiste no serlo, pero yo no me veo trabajando en un lugar así, de solo pensarlo me entran escalofríos.
—Es la única salida que veo, ¿cómo si no van a operar al niño de forma inmediata?
—Pero es que ese viejo siempre me ofrece una mierda de sueldo, si me lo permites decir —acotó mientras la ayudaba a secar unos platos.
—No empieces a buscar excusas, Mara, no tienes nada ahorrado y lo único que te piden hacer en el bar es servir tragos y sonreír mucho, tampoco es que serás Julia Roberts la de Pretty Woman.
—Pero, ahora tengo un marido, que no es un marido, y debo acoplarlo en mi vida, ¡en mi vida de mierda! Es crucial que Devan y yo llevemos la fiesta en paz, además, sería imposible conseguir el dinero de los gastos médicos en un mes.
—¿Desde cuándo eres tan miedosa? —Seguían hablando mientras salían de casa de Silvia y cogían el ascensor—. Por lo que me contaste, tu marido es un pobre diablo que no tiene donde caerse muerto, pero no es un matón, mientras seas cautelosa no lo averiguará.
—Es un hombre intimidante que me crispa de los pelos. —En ese momento ya salían a la calle para dirigirse hacia el bar.
—Eso suena a que te gusta, ¿te acostaste con él?
—¡No!
—Ya, ya, pero al menos, ¿está para sacarle un polvo?, porque al paso que vas, se te va a oxidar.
—No tengo tiempo de pensar en eso, por Dios.
—Por supuesto, tu tiempo es para tu hijo, para que lo tenga todo y a ti que te den.
—Por favor, déjalo. —Ya se aproximaban a la puerta del bar donde Silvia trabajaba y donde Mara esperaba encontrar una nueva fuente de ingresos—. Ya lo entenderás algún día cuando seas madre. Vamos.
Entraron. El sitio estaba muy concurrido, incluso para no haber llegado la noche todavía. Era un lugar de dos plantas, el primer piso funcionaba como local nocturno y siempre había música alta, tenía una barra situada en un rincón, rodeada de hombres fumando cigarrillos y tomando licor, toda una atmosfera viciada que hacía que le costara respirar. El segundo piso estaba destinado a mujeres bailando encaramadas en otra barra y a hombres viendo el espectáculo, esa área era más oscura y reservada para clientes que pudieran pagar ciertos "servicios extras".
Luego de hablar con Don Pedro, el empleo que le ofreció era de camarera y debía repartir tragos de un lado a otro, con un uniforme extremadamente apretado. A la vista de lo que tenía delante, pensó que debía cuidarse mucho.
Cuando regresó a casa, la conciencia no dejaba de susurrarle, pero ella se negaba a escuchar, sabía que ahora no iba a poder vivir tranquila con tantos secretos, todo sería más difícil, aunque era necesario, en el fondo, reconocía que lo mejor era huir de Devan si ese matrimonio no representaba ninguna esperanza para su hijo.
Metió la llave en la cerradura y abrió, él estaba sentado en el mueble y ella le sonrió nerviosa, ya que Devan parecía más feroz que nunca. Se situó frente a él.
—¿Dónde te habías metido?
—He estado paseando.
—Hay gente poco recomendable rondando este vecindario, hasta que sepas cómo va todo, quédate donde pueda verte.
Ya que ella acababa de prometerse a sí misma que iba a guardar bajo llave el poco de mentiras, se tragó su resentimiento ante el tono dictatorial de su marido y se obligó a responderle amablemente con un: —De acuerdo.
Devan la miró con sospecha y con los ojos oscurecidos.
Joder, si ella esperaba sorprenderme, lo consiguió.
Con la de veces que le había llevado la contraria, y ahora actuaba como una mujer sumisa.
—¡Estoy hablando enserio, Emilie! No puedes caminar por este vecindario sin tener cuidado o me traerás problemas —dijo alterado, pero intentando no gritar—. Encima, con esa ropa tan ajustada... ¿Sabes que harás con ese pantalón? ¡Bótalo!
—Estoy cansada, Devan. Buenas noches.
—¿Cómo?
Mara se desabrochó el botón del pantalón, lo jaló hacia abajo y se lo sacó frente a él para lanzárselo a la cara.
—Si tanto te molesta, ¡bótalo tú!
Devan la miró boquiabierto y ella aprovechó para sonreír con suficiencia.
—Sal-de-aquí —masculló él con aquellos labios apretados.
—Es mi casa también.
—¡Vete a dormir!
—¡Estás en mi sitio!
Devan se levantó y la miró desde arriba. Mara pareció intimidarse en ese momento, esperó a que él le gritara o hiciera cualquier gesto de desesperación, pero no hizo nada, solo apretó la mandíbula y se marchó a su cuarto, dando un sonoro portazo.
Ella soltó el aire de forma cansada y comprendió que él no la soportaba.
¡Perfecto! Yo tampoco lo soporto.
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@JerantH Gracias por recordarme que escribir puede ser tan divertido como uno se lo proponga.