En el corazón de Denver, un hombre lleva una doble vida. De día, Devan es un arrogante y despiadado millonario, dueño de un imperio empresarial que se extiende por todo el mundo. De noche, se transforma en el líder enigmático y temido de una de las...
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El corazón de Mara estaba acelerado y continuaba sin decir nada mientras Devan apretaba su cintura con cierta presión, dejándole en claro que no se moviera ni una sola vez. Deseaba abrir la boca para decir algo, pero no podía, sus músculos estaban negados a reaccionar, aunque su cerebro procesaba cada palabra de él.
No podía ser el dueño. Pero la verdad era que tenía que aceptar el hecho de que Tomson no cerraba la boca y parecía estar más pálido que un papel.
¿Cómo es posible que no me lo dijera? Debería habérmelo dicho, debería...
Se repetía lo mismo una y otra vez mientras observaba a su esposo, porque esa noticia les afectaba. Sí, lo cambiaba todo.
—¿No te hice una puta pregunta? —espetó Devan, dirigiéndose a Tomson.
Mara se estremeció porque tras ese tono de voz siempre se escondía mucha rabia y violencia.
—Señor Harper... —habló el hombre con pausa—. No quise ser maleducado.
Mara continuaba en silencio, aunque, notando que Tomson casi se orinaba frente a Devan.
—Voy a darte unos minutos para que le pidas disculpas tan rápido como puedas. —Se acercó con amenaza—. Luego de eso no quiero ver más nunca tu patético e insignificante rostro, ¿me estás entendiendo?
¿Le había entendido?
Le entendió tan bien que para Devan fue inevitable sentir aquella maldita oleada de placer que causaba tanto poder.
—Pero, señor... —se atrevió a decir.
Devan soltó una risa baja y peligrosa.
—¿Acaso me vas a contradecir? —preguntó mordaz.
—Probablemente, ella le vino con algún chisme, —le dijo a Devan, que lo miraba completamente furioso con la situación—, parece un ángel, sí, pero no es tan santa, no me sorprende que haya inventado cosas sobre mí —se quejó.
Mara apretó los dientes con indignación por lo que acababa de escuchar.
—¿Disculpa? Lo que estás diciendo no es correcto, ¿qué te hace pensar que me interesa hablar de ti? Aunque, todo el mundo debería enterarse de que tratas a tus empleados de forma despreciable —se defendió.
—¡Cierra la boca! —advirtió Tomson al verse acorralado, pero antes de que Mara pudiera contestar, la mano de Devan llegó a la garganta del hombre con precisión y usó la fuerza bruta para empujarlo contra una pared mientras le robaba el oxígeno.
—¿Cómo es que te llamas tú? —gruñó, obligándolo a mirarlo, y cerró la mano más que dispuesto a un enfrentamiento físico—, ah, ya... Abraham, ¿no? —espetó sosteniéndole la mirada—, no eres muy inteligente, ¿acabas de decirle a mi esposa que cierre la boca? —Tomson no podía contestar nada en medio del sofoco, pero abrió mucho los ojos—. ¿Ahora te sorprendes? Ella no es cualquier empleada, ¡y no me importa si no lo sabías! ¿Joderla era tu propósito?