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—¿Me hablarás? —le preguntó, y él se aclaró la garganta y pisó un poco el acelerador, prácticamente evadiendo la pregunta

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—¿Me hablarás? —le preguntó, y él se aclaró la garganta y pisó un poco el acelerador, prácticamente evadiendo la pregunta.

Mara exhaló al sentir que la ignoraba por completo. Después cogió el mando del reproductor entre sus manos y le echó un vistazo, sin encender el equipo. El perfume de él acariciaba su nariz y también sus sentidos. Fue irremediable que cerrara los ojos.

—Te queda bien ese vestido... —murmuró indeciso.

Ella abrió los ojos y asintió en silencio. Él apretó la mandíbula y también el volante. Iba a volverla a ignorar cuando ella cogió su muñeca y la mantuvo sujeta, cerca de su pierna.

—No puedo seguir así —suspiró temblorosa—. En los últimos días nos hemos refugiado cada uno en su parte de la casa, nos pasamos las horas en las que no hay nadie cerca, sentados en la cocina, mirándonos de reojo. Tú me das órdenes y yo dejo que me escondas tus cosas, pero poco a poco me he dado cuenta que ese silencio es demasiado para afrontar el día a día.

—No tengo nada que decir... —Mantuvo su voz en un susurro controlado.

—Debes llenar ese silencio con palabras, Devan, sé que no soy nadie para ti, pero tendrás que permitirme saber un poco.

—No. —Consiguió apartar la mano y se la pasó por el cabello.

—Devan, por favor, no puedes ignorarme siempre —aseguró desconcertada—. Ni siquiera sé a dónde vamos.

—No entenderías a qué voy allí.

—¡Pues explícamelo! —exclamó molesta—, no sé si andar contigo sea seguro—. Pudo sentir su estupor colándose implícitamente entre ellos.

Él rechinó los dientes.

—Basta, por favor, puedes ahorrarte la preocupación. Claro que estás segura conmigo.

—No sé quién cuida tu espalda, Devan.

—No has preguntado su nombre, Reina.

Asintió y volvió a mirarlo sin saber que esa sería la primera vez que desearía saber algo más de su esposo. Notó una extraña presión en el pecho cuando él la contempló unos segundos.

—Si confías aunque sea un poco, todo será más fácil —musitó Mara sin apartar la vista de su rostro.

No supo bien si ella se dio cuenta de lo que sus palabras provocaron en él, pero Devan sí sintió la electricidad que fluyó entre los dos. Deseaba confiar, deseaba poder contarle cosas hasta el punto que la estaba llevando a un banquete privado al que nunca había llevado a una pareja, y olvidar que le había mentido, pero su aprensión no lo dejaba.

Y Mara se daba cuenta de su recelo. Por eso no dijo más.

Él se mantuvo distante, apenas parpadeaba, parecía no estar. Quizás se cuestionaba todo lo que debía hacer. La miró de soslayo, ella iba cabizbaja y observaba por la ventana. Toda la relación parecía inaccesible mientras cada uno rogaba por estar un instante dentro de la cabeza del otro. Sin pensarlo más, dijo:

Red de mentiras ©Historias para obsesionarse. Descúbrelo ahora